
Jaime Coello Manuell
Una historia donde Ganesh confronta y transforma a un demonio, nos propone una alegoría del proceso creativo y cualidades deseables en quienes escribimos.
Hace mucho tiempo, existió un poderoso demonio llamado Gajamukhasura. Su nombre se traduce como “demonio con cara de elefante”, quien obtuvo un don de Brahma, el cual lo hacía invencible contra cualquier mortal o deidad con un elefante como su vahana (vehículo). Con esta bendición, Gajamukhasura se volvió arrogante y aterrorizó a los tres mundos. Los dioses, incapaces de derrotarlo, buscaron la ayuda de Ganesh. Éste, consciente de las limitaciones impuestas por la bendición, ideó un plan ingenioso y adoptó un vahana opuesto a un elefante: un ratón. Ganapati se acercó a un roedor llamado Mooshika también conocido como Krauncha, célebre por su velocidad y agilidad, y le pidió convertirse en su vahana. De entrada, Mooshika se mostró escéptico y temeroso, dudaba en aceptar la propuesta debido a su propia insignificancia en comparación con El Señor de los Escritores. Sin embargo, Ganesh convenció a Krauncha explicándole el propósito de su alianza: derrotar a Gajamukhasura y restaurar la paz y la armonía. Conmovido, el ratón aceptó servir como su vehículo.
Cuando tuvo lugar la batalla decisiva entre Ganesh y Gajamukhasura, Ganapati montó a su valiente vahana. Mientras luchaban, Ganesh maniobró con habilidad sobre la espalda de Mooshika, usando la agilidad y velocidad del roedor para superar al enorme demonio. Con la inteligencia de Ganapati y la agilidad del ratón, lograron dominar a Gajamukhasura y derrotarlo. La batalla concluyó con el triunfo de El Señor de los Escritores. Sin embargo, en lugar de matarlo, Ganapati, en su infinita sabiduría, transformó a Gajamukhasura en un animalito igual a su propio vahana. De esta manera, el demonio que una vez aterrorizó los mundos se convirtió en el humilde sirviente y un vehículo de Ganesh, simbolizando la transformación del ego y la arrogancia en humildad y servicio. Desde ese momento, Krauncha se convirtió en el fiel compañero de Ganesha, acompañándolo en sus divinas empresas. Esta historia destaca la capacidad de Ganesha para transformar lo ordinario en extraordinario y para someter al ego a través de la sabiduría y la humildad.
Gajamukhasura, con su inmenso poder, simboliza el ego del escritor. Este puede manifestarse de varias formas. Como arrogancia intelectual en la creencia de que uno ya lo sabe todo, cerrándose a nuevas ideas o a la crítica constructiva. Como un perfeccionismo paralizante cuando el miedo a no ser lo suficientemente bueno impide comenzar o terminar una obra. Y como orgullo de logros pasados, cuando se descansa en los antiguas laureles, negándose a evolucionar o a asumir nuevos desafíos. Estas manifestaciones del ego, como Gajamukhasura, pueden ser obstáculos formidables, creando un “bloqueo del escritor” que impide el flujo creativo. La historia nos enseña que este “demonio” debe ser confrontado y transformado para dar paso al florear de la escritura.
El don de Brahma, que hace a Gajamukhasura invencible excepto para aquellos quienes no tienen un elefante como vahana, es un elemento crucial. Simboliza que todo poder, toda habilidad, por grande que sea, tiene limitaciones y condiciones. También sugiere que la solución a un problema a menudo se encuentra en un enfoque inesperado y no convencional. La bendición, en lugar de ser una garantía de poder eterno, se convierte en la clave de la vulnerabilidad de Gajamukhasura, demostrando que el universo tiene un sistema de equilibrio inherente.
La elección de Ganesha de un ratón como vahana para derrotar a Gajamukhasura es una lección magistral de estrategia y adaptabilidad para el escritor. Es un despliegue de pensamiento no convencional. Quien escribe, a menudo, se enfrenta a problemas que no pueden resolverse con métodos tradicionales. El Señor de los Escritores, con sus acciones, da un ejemplo de cómo buscar soluciones creativas e inesperadas, a pensar “fuera de la caja” cuando el camino parece bloqueado. También ejemplifica cómo utilizar recursos inesperados: El roedor, en apariencia insignificante, se convierte en la clave de la victoria. Esto enseña a quien escribe a valorar cada idea, cada fragmento de inspiración, por pequeño que sea, y a ver el potencial en lo que otros podrían descartar. A veces, la solución a un problema narrativo reside en un detalle menor o en una perspectiva inusual. También pone el acento en la relevancia de la agilidad y la precisión. La velocidad y la capacidad del ratón para moverse en espacios reducidos simbolizan la agilidad mental y la precisión que un escritor necesita. Esto se traduce en capacidad de navegar ideas complejas y encontrar la palabra exacta, la frase perfecta (como la buscó Flaubert, por ejemplo), y la habilidad para moverse con fluidez entre diferentes estilos y géneros.
La transformación de Gajamukhasura en el vahana de Ganesh, en esta historia, es la metáfora más poderosa para quien escribe. Ganapati no destruye el ego, lo subyuga y lo pone a su servicio. Esto significa que el ego de quien arrastra la pluma no debe ser aniquilado, sino domesticado y canalizado como herramienta y no entronizarlo como amo. La ambición, el deseo de reconocimiento, la pasión por la propia obra, son energías poderosas. El Señor de los Escritores nos enseña a montar estas energías, a dirigirlas hacia la creación de un texto significativo, en lugar de permitirles controlarnos y llevarnos a la arrogancia o la autodestrucción. El ratón, una vez un demonio orgulloso, se convierte en un humilde sirviente. Esto recuerda a quien escribe que su obra, por muy brillante que sea, debe servir a un propósito mayor, ya sea el de iluminar, enseñar, conscientizar, entretener o inspirar. La verdadera grandeza reside en la humildad y en la capacidad de poner el talento al servicio de algo más grande que uno mismo. El proceso de escritura es un viaje de transformación constante. Como Gajamukhasura fue metamorfoseado, el escritor debe estar dispuesto a trasmutar sus ideas, sus borradores y, lo más importante, a sí mismo a través del proceso creativo. Cada obra es una oportunidad para crecer y evolucionar.
De esta historia, quienes escribimos, podemos extraer algunas lecciones prácticas. Debemos reconocer las manifestaciones de nuestro propio ego en nuestra propia escritura (miedo al fracaso, perfeccionismo, arrogancia). Una vez identificado nuestro propio Gajamukhasura, debemos confrontarlos con la sabiduría y humildad de Ganesh. Cuando se enfrente un bloqueo, no debemos limitarnos a métodos convencionales, debemos ser creativos, buscar inspiración en lugares inesperados y confiar en nuestra intuición. Utilizar la energía de nuestra propia ambición y pasión para impulsar nuestra escritura, pero debemos mantener la humildad y la disposición para aprender y servir a nuestro propio arte; en otras palabras: debemos domesticar nuestro ego. Y prestar atención a los detalles, a las ideas en apariencia insignificantes, las cuales, a menudo, son la clave para desbloquear una gran historia.
En resumen, la historia de Ganesh y Gajamukhasura puede ser una guía para quienes escribimos, nos recuerda que la maestría no solo reside en cuánta habilidad técnica poseamos, sino en la capacidad de dominar el propio ego y de utilizar la sabiduría y la adaptabilidad para transformar los obstáculos en oportunidades creativas.
