La maravillosa vida y obra de Stephen Jay Gould

El próximo miércoles 10 de septiembre, el gran biólogo evolutivo y divulgador Stephen Jay Gould habría cumplido 84 años. Por eso, he pensado en dedicar las dos primeras columnas de este mes a su obra, que ha sido un enorme referente para mí.

Descubrí a Stephen Jay Gould a través de sus maravillosos ensayos, que nos dejaron leer en las clases de filosofía e historia de la biología durante el primer semestre de la carrera. Tuve la fortuna de que uno de mis profesores fuera un ávido lector suyo y, con frecuencia, nos asignaba alguno de sus textos para introducirnos a los temas del curso. Los escritos de Gould me han acompañado a lo largo de toda mi trayectoria científica. Hasta cierto punto, puedo decir que sus libros son los culpables de que yo eligiera la paleontología y la biología evolutiva como mis campos de estudio. Basta con fijarse en el título de esta columna semanal —“Vida maravillosa”— para darse cuenta de lo mucho que admiro su trabajo.

Stephen Jay Gould fue un paleontólogo con múltiples intereses, que abarcaban desde la historia de la ciencia, la geología y la evolución, hasta las implicaciones sociales del pensamiento evolutivo, la protesta social, el arte e, incluso, las estadísticas de su deporte favorito: el béisbol. E increíblemente, solía mezclar todas estas pasiones tanto en artículos científicos serios como en ensayos diseñados para que todo público pudiera acercarse a la ciencia. Es por ello por lo que su obra está plagada de textos con títulos fantásticos como La sonrisa del flamenco, Un dinosaurio en un pajar o El brontosaurio y la nalga del ministro. Llegó a ser un personaje tan reconocido y famoso en vida, que incluso hizo apariciones en series tan icónicas de los años 90 como Los Simpson.

Para mí, su obra es sumamente valiosa y considero que se mantiene vigente a pesar de los años, aunque debo reconocer que, en algunos círculos, incluso académicos, tiene detractores. Recuerdo que una vez recomendé la lectura de Vida maravillosa y un profesor de una universidad anglosajona me respondió que era un libro lleno de errores y que estaba totalmente superado. Comprendo que muchas de las afirmaciones de Gould han cambiado a la luz de grandes descubrimientos recientes; sin embargo, la esencia de ese libro —la contingencia histórica, expresada en su famosa cita de que: si volviéramos a correr la cinta de la vida, sonaría otra melodía— permanece intacta. Es cierto que, a la luz del conocimiento actual, el libro puede tener imprecisiones, pero como el propio Gould citaba en él: “Uno no puede esperar hacer algo significativo u original en ciencia a menos que acepte en el camino la inevitabilidad del error sustancial”.

Algo similar me ocurrió cuando una vez tuiteé: “Todo estudiante de paleontología debe leer Vida maravillosa”. Una paleontóloga me respondió: “Corrección. Todo estudiante de biología debe leer Vida maravillosa”. Acto seguido, un connotado biomatemático nos respondió a ambos: “Todo estudiante de ciencias debe leer Vida maravillosa”. Aquellos mensajes me hicieron notar la trascendencia de su obra, que va mucho más allá de la biología evolutiva y la paleontología.

La próxima semana, dedicaré el espacio a hacer recomendaciones de sus ensayos y libros de divulgación que más me han marcado. Aprovechemos para celebrar la vida y la obra de Stephen Jay Gould de la mejor manera posible: leyéndolo.

Publicado por Paradigma

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