Por: Éder Élber Fabián Pérez
Pequeña alegría
Para Esteban Ulloa Treviño
Más allá del tiempo
algo se quiebra…
¿Cómo podré hablarle
de tu ausencia a las cosas
que hoy se angustian
buscando tu latido?
En la mudez de la habitación
los pájaros encierran la luz
en una edad sin rostro.
En ese instante quisiera
recobrar tu risa,
detenerla dentro de mí,
pero al final, buscando tu mirada,
sin entender del todo comprendo
que la vida dura menos de un instante
y que la noche para mí, hoy, se vuelve infinita.
Imprecisión amorosa
No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.
Luis Cernuda
No estábamos preparados para amar,
para despertar a media noche
y cruzar el espejo del deseo.
Para desgarrarnos la carne hasta el amanecer,
olvidándonos de nuestras tristezas cotidianas.
Para temblar entre una lluvia de caricias
y que nuestra piel naufragara entre las sábanas.
Para que al final de la vida,
consiguiéramos morir uno dentro de la mirada del otro.
No… No estábamos preparados para nada de eso.
Vuelo de palabras
Para Manuel Sauceverde
Escapan las palabras
A través de la tarde
Van y vienen
Como mariposas de fuego
Niñas que danzan
Bajo la luz final
Abren sus pétalos
Congelando los minutos
En la arena de la página
Dejan sus marcas
En la piel de una sombra
Elevan su sonrisa
Con su voz de agua
Cantan nuestros sueños.
Madrugada en Pompeya
A Eduardo Quiroz
Creciendo, cara al sol,
tu cuerpo despierta
en el centro del mundo.
Desde tu soledad
contemplas mi deseo
por tu boca
y tu vientre.
Exhalando el silencio,
abres tus labios
donde dos aves anidan,
signos de agua y fuego.
Abro los ojos,
cubierto de sudor y lava,
descubro la tierra blanca de tu piel
unida a la mía.
Yo no quiero…
Yo no quiero sino los laberintos
que la historia de tu cuerpo me ha dado,
el temporal de pétalos perdidos
entre la carne.
Tú voz de agua corriendo por mí oído
entre las olas firmes de la noche,
naufragando sobre flores danzantes
fuera del cielo.
Quiero el soplo nocturno de tus besos,
emigrando, como pájaros rubios,
de norte a sur entre fieras cascadas
llenas de espuma.
La tierna y cálida cruz de tu piel
Pidiendo ser puesta sobre mi faz,
Alejando a los diablos que me acosan…
sólo eso quiero.
El lenguaje de los árboles
Voces durmiendo juntas cada día en la quietud de nuestros pasos. Aparecen, vuelan, cantan sobre el desierto de cristal. Palabras de juego, palabras de hielo, galerías de sonidos. Poco a poco salen de sus refugios, se desnudan, cubre nuestros cuerpos de tatuajes, luciérnagas evaporándose, dátiles nocturnos. Despiertan listos para vagar en el jardín de nuestra mirada. Murmuran a través de nuestros reflejos. Fluyen, se pierden, avanzan, hunden sus labios, (flores de higo), hunden sus lenguas, (duraznos de seda), en nuestros tímpanos. Conversan en voz baja lo que somos, las cosas que extraviamos, nuestros sueños con los muertos. Desde lo alto, claman al cielo por nosotros, descubren imágenes divagantes, edifican mundos. Por la noche envuelven nuestros párpados de espuma. Doblan las horas, olvidan las fechas, avanzan sin caminar, bailan a su ritmo, enlazan nuestros pensamientos.
Aparición
Como mariposas
florecen sobre la página
los poemas
exclamando
sus silencios
revelando las formas
de la vida.
Emprendiendo el vuelo
cara a la oscuridad
elevan sus rostros
cara a la noche
tejen nidos de sonidos
dentro de mis recuerdos.
Éxodo involuntario
Y las voces se abrieron durante toda la noche,
mientras, el silencio brotaba como la lluvia
cayendo por toda mi espalda, con la tristeza
apoderándose de cada uno de mis huesos.
Esperando por el abrazo del sol,
sin que este apareciera abandoné mi hogar,
entre el sonido de las balas y el olor a violencia
voy caminado sobre este polvo antiguo.
He viajado sobre la cruel espalda de la Bestia,
con el filo del viento cortando mi rostro,
buscando el pueblo de mis antepasados,
pero he sido indigno y no he merecido entrar.
Mi cuerpo ha caído y los hombres me han abandonado,
ahora, desde un rincón oscuro, contemplo aquella tierra
maravillosa, rica y fecunda…
como todos los muertos reunidos aquí bajo la arena.
