Margo Glantz en la India: un contraste maravilloso

Por Hugo Augusto Cortés Rodríguez

La palabra no fue hecha para adornar o brillar como un oro falso; la palabra fue hecha para decir.

Coronada de moscas, Margo Glantz

Margo Glantz es una escritora clásica, en el sentido que escribe para vivir y vive para escribir. A semejanza de los grandes escritores, sabe que el primer libro es el libro de la vida. Mujer culta y de mundo. Longeva (este año cumplió 95 años), quien ha dedicado su vida a la enseñanza de la literatura, así como a su aprendizaje.

Además de la literatura, Margo Glantz es amante de los viajes (la literatura es un viaje, valga la redundancia), los cuales son un tema central en su obra, como es el caso de su libro Coronada de moscas, publicado por Editorial Sexto Piso en el año 2012, el cual viene acompañado con fotografías de su hija, Alina López Cámara.

Otros de sus temas recurrentes son las joyas, la ropa y los zapatos, los cuales ha vuelto motivos narrativos. Estos, por otra parte, son herencia de su padre (lo cual cuenta en Las genealogías, libro sobre la historia de su familia), de quien, además, heredó el gusto por fotografiarse, pues la autora aparece en incontables fotografías, siempre vestida de forma elegante y poseedora de una belleza que me resulta mitológica.

Dicha elegancia, pues, estoy seguro, Margo Glantz siempre tiene una joya o unos zapatos que presumir, se transmite a su obra. Características, todas, que cobran especial relevancia en Coronada de moscas, en el cual despliega la erudición característica de los grandes ensayistas mexicanos, pero, también, la sensibilidad del poeta y el entramado del novelista.

De forma parecida a la obra ensayística de Alfonso Reyes, la escritura de Margo Glantz es una mixtura. Término que ella misma ha utilizado, en su libro Esguince de cintura, para definir obras como Marginalia, Árbol de pólvora, Memorias de cocina y bodega y Visión de Anáhuac. Sobre este aspecto, escribe:

Lo misceláneo es algo mixto, variado, compuesto de muchas cosas distintas o de géneros diferentes. Una obra miscelánea es un texto escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas. Y mixtura es la mezcla, la juntura o la incorporación de varias cosas y hasta un pan hecho con varias semillas o poción compuesta de varios ingredientes (1994; p. 61).

Como señalé, la escritura de Margo Glantz es una mixtura. Ensayo, novela, crónica, diario, memorias, sus obras son una mezcla de diversos elementos temáticos y narrativos. Y este entreverado (o divagaciones), al cual he debido recurrir, me sirve de apoyo para dar una imagen de Coronada de moscas, texto que se enreda y se multiplica.

Coronada de moscas es un libro de viaje, en el cual Margo Glantz narra sus tres estancias en la India. Por ello, además de una mixtura, es sumamente sensitivo, en el que sobresalen la mirada y el olfato. En cada página, abundan los colores, los olores, los sabores, los sonidos y las texturas.

En ese sentido, su visión es acorde a la de Octavio Paz, quien, en Vislumbres de la India, ya percibía el subcontinente asiático de la siguiente manera:

Saber que se me destinaba a ese país, me consoló un poco: ritos, templos, ciudades cuyos nombres evocaban historias insólitas, multitudes abigarradas y multicolores, mujeres de movimientos de felinos y ojos obscuros y centelleantes, santos, mendigos… (1995; p. 6).

Aunque del viaje de Octavio Paz al de Margo Glantz media alrededor de medio siglo, como si el tiempo no trascurriera en la India o su esencia no cambiara, la autora de Coronada de moscas señala lo siguiente:

Sí, la India es un país horrendo y maravilloso, epítetos que repetimos invariablemente los que viajamos, país que deja huellas inolvidables, lugar común que podría leerse en un Reader’s Digest cualquiera. Lugar común evidente y ¿por qué no?, verdad sagrada. En Varanasi, como en Delhi, en Bangalore, en Agra, en Hyderabad, en Mumbay, el mismo polvo, el mismo caos, la misma contaminación, la misma mierda, el mismo olor a orines, a curry y a gasolina requemada, las infaltables vacas, todo se repite: los perros sarnosos (Tú eres el perro, tú eres el desollado can de cada noche, sueña contigo mismo y basta[1]…), los puercos color carbón hozan en la basura color carbón, los leprosos desdentados y brazos o piernas vendados, los mosquitos, las ratas, los ricshos de todo tipo, el polvo, los cables de electricidad entreverados, los intrincados árboles de ramas inverosímiles (el nin, el banián, el argún) ¿los mutilarán o los talarán pronto para darle lugar a la gente que duerme en las aceras?; también, como siempre, las familias enteras sobre una bici o una moto, las mujeres sostenidas al asiento, sin atreverse a tocar a sus maridos; los monos, los pericos, algún camello, las intocables vestidas de andrajos y con su escoba de paja en la mano (2014; p. 43).

La India, ante la mirada de turista de Margo Glantz, pero, además, la de académica emérita de la Universidad Autónoma de México (UNAM), cobra diversos revestimientos. Analiza y critica el arte, la arquitectura, el sistema de castas, la religión, los festivales, Bollywood, el machismo, la convivencia cotidiana de las personas con los monos y las vacas (sagradas, aunque desnutridas).

La narración de Coronada de moscas, como la misma India, “se entrevera de maneras extravagantes”, se enreda, polvorienta, y ofrece una imagen fiel del subcontinente asiático. Por momentos se vuelve un sueño. Un paraíso artificial. Una obsesión, como Margo Glantz señala al inicio del libro:

Quizá peco de obsesiva. Ese pecado se agiganta cuando hablo de la India. ¿Por qué no hablas del terremoto en Chile, de la tragedia atómica del Japón, de la crisis monetaria, de la invasión aliada a Libia, de la necesidad de crear un estado palestino o de la guerra contra el narcotráfico, me preguntan discretamente mis amigos más cercanos? Sin pensarlo dos veces, de manera automática, vuelvo a las vacas, las de siempre, las que, como es sabido, abundan en el subcontinente asiático (2014; p. 11).

Lo cierto, lo cual es un contraste maravilloso, es que Margo Glantz es sincera y transparente o, en otras palabras, no intenta maquillar sus imperfecciones ante el lector. De inicio a fin, en Coronada de moscas, leemos sus prejuicios, sus quejas, sus burlas y su asco (sobre todo su asco por el olor a mierda y orín); pero también, ¿es obsesivo decirlo?, su asombro y su encanto por la India, país que cambia a quien lo visita y el cual es un espejo de su escritura.

Bibliografía citada:

Glantz, Margo (2014). Coronada de moscas. Editorial Sexto Piso S.A. de C.V.

Glantz, Margo (1994). Esguince de cintura. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

Paz, Octavio (1995). Vislumbres de la India. Seix Barral.


[1] Referencia a los últimos versos del poema “Secreto de familia”, de Blanca Valera.

Publicado por Paradigma

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