Nepal, la defensa de las redes occidentales

Nepal ha tenido un septiembre convulso, provocado por la prohibición de al menos veinte plataformas de redes sociales. A pesar de ser una sociedad asiática, hasta no hace mucho tiempo tradicionalista, a los nepalíes los alcanzó la globalización, con lo que, como en muchos otros países donde han sucedido fenómenos similares, se han puesto en duda las estructuras de poder convencionales, siendo la resistencia esta nueva generación que considera las redes sociales no solo como herramientas de ocio, sino como una extensión vital de su identidad, su voz política y su capacidad de organización.

Esta resistencia a la censura de las redes sociales puede ser analizada a través del lente del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. En su concepto de “modernidad líquida”, Bauman describe una sociedad donde las estructuras y los vínculos son frágiles, temporales y en constante cambio. En este mundo, las redes sociales se presentan como un espacio paradójico. Por un lado, como él mismo advirtió, pueden ser una “trampa” que nos encierra en ”zonas de confort”, donde solo escuchamos el eco de nuestra propia voz y nos relacionamos con quienes piensan igual. Esto puede llevar a la polarización y al debilitamiento del diálogo real… ¿esto le conviene a alguien más allá de la sociedad?

Sin embargo, para los jóvenes de Nepal y de otras partes del mundo, las redes también se han transformado en una herramienta para superar esa liquidez. Ofrecen un espacio para construir vínculos efímeros pero poderosos que permiten la movilización masiva y espontánea. No se trata de un compromiso de por vida, sino de una conexión instantánea que posibilita una acción colectiva inmediata, como también lo vimos en las protestas de 2019 en Hong Kong, donde incluso se utilizaron plataformas como Uber o Pokémon Go para la organización civil.

La facilidad con la que se pueden convocar protestas, compartir información sobre la represión y generar conciencia global es una manifestación de esta fluidez social. Los jóvenes de la Generación Z han aprendido a navegar en este entorno, usando la velocidad y la viralidad de las redes para compensar la falta de estructuras organizativas sólidas.

Por otro lado, la crisis en Nepal también invita a reflexionar sobre las advertencias del semiólogo Umberto Eco. Famoso por su crítica a la era digital, Eco llegó a afirmar que las redes sociales le daban “el derecho de hablar a legiones de idiotas”, aludiendo a la falta de filtro y jerarquía en la información que circula en ellas. Desde su perspectiva, Internet y las redes sociales son un peligro para el ignorante, ya que promueven un exceso de información sin la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso.

En el contexto nepalí, esta preocupación se hace palpable. La rápida difusión de información (y desinformación) durante las protestas, como los reportes contradictorios sobre la muerte de la esposa de un ex primer ministro, demuestra el riesgo de un ecosistema mediático sin los filtros tradicionales. La facilidad para difundir rumores y la incapacidad de la ciudadanía de validar las fuentes de forma inmediata pueden tener consecuencias graves, como la escalada de la violencia y la confusión.

No obstante, esta situación plantea una pregunta crucial: ¿quién determina lo que es “verdadera” información? Para los manifestantes, los medios oficiales controlados por un gobierno autoritario son la fuente de desinformación, no las redes sociales.

En conclusión, y con todo este contexto, no olvidemos lo importante: ¿a quién le pertenecen las redes sociales? Sin duda, estas plataformas son el nuevo colonialismo occidental. Si bien es cierto que los gobiernos tradicionalistas, como el del depuesto premier nepalí, Khadga Prasad Oli, tienen en la prohibición de las redes un peligroso doble filo, la occidentalización de todo el mundo tampoco es sinónimo de progreso.

La unidimensionalidad está ganando terreno y es justo en protestas como las que vemos en Nepal donde se demuestra que el imperialismo sigue ganando terreno y las nuevas sociedades ni cuenta se dan de ello. Los jóvenes nepalíes defendieron su derecho a la interconexión, pero, al mismo tiempo, cedieron ante el colonialismo mental de las potencias occidentales y neoliberales, por lo que no queda claro si su triunfo es en verdad una victoria valiosa.

Publicado por Paradigma

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