
Piquetes en el metro, pipas de gas con fugas, amenazas en la UNAM: fenómenos que aterrorizan a la Ciudad de México por temporadas y de forma coordinada. Es difícil no elucubrar.
A partir del 22 de septiembre pasado, cuando un joven de 19 años, identificado como Ashton Lex, asesinó a un estudiante en el CCH Sur con un arma punzocortante, se encendieron las alarmas en todas las instituciones de la Máxima Casa de Estudios, no en la UAM, el IPN u otra universidad, sólo en la UNAM.
Vinieron amenazas de bomba, pánico colectivo y, claro, la confusión entre la opinión pública generada por la propia comunidad universitaria, porque en estos tiempos quienes piden paro de actividades o clases en línea por temor a un ataque ya no se sabe si es por demanda legítima o por el simple hecho de la pereza que les provoca ir a la escuela.
Ante la incertidumbre, en los grupos de redes sociales de los colegios y facultades de la UNAM se mezclan opiniones sinceras con cientos de bromas y memes que le quitan seriedad al asunto.
Sin embargo, cuando alguien pega una hoja de papel con una amenaza en un baño de alguna facultad, como sucedió este lunes 6 de octubre en Ciencias Políticas, se desaloja a la comunidad y todos para su casa.
Algo es claro: si alguien quiere hacer daño, no avisa; la historia de la humanidad nos ha dado innumerables ejemplos de ello (nunca leí algo así como: «Te enviaré a mi ejército en un caballo de madera, pero no sabrás cuándo» o «Dos aviones se estrellarán en tu país, pero no sabrás el sitio exacto»).
Por eso los refranes son tan poderosos: perro que ladra, no muerde. Sin embargo, entre que es o no es, se han tomado medidas para proteger a la comunidad universitaria, lo cual es totalmente pertinente y correcto; no obstante, estamos pasando del raciocinio a la histeria colectiva y se juzga a la UNAM, como si fuese posible garantizar la revisión diaria de una microsociedad que, según la Gaceta de la universidad, asciende a casi medio millón de personas.
En la narrativa, está quedando sólo como una anécdota que Ashton Lex tenía una intensa actividad en foros de la web donde se fomenta el odio a las mujeres y a personas que tienen vidas amorosas estables, pues él, como muchos otros, tienen problemas en ese campo.
Los llamados grupos incel han estado presentes en otros atentados del mundo; según Amnistía Internacional, el 23 de mayo de 2014, Elliot Rodger, un joven de 22 años, asesinó a seis personas y dejó 14 heridas en un ataque premeditado en Isla Vista, California. Asimismo, el 23 de abril de 2018, Alek Minassian, un joven canadiense de 25 años, perpetró un ataque masivo en Toronto al conducir una furgoneta por una acera muy transitada, atropellando deliberadamente a varios peatones. En ambos casos, eran pertenecientes a foros Incel.
Dicha corriente de pensamiento se popularizó aún más cundo la serie británica Adolescencia triunfó en Netflix en marzo de 2025.
Pero claro, es más sencillo culpar a la UNAM que hacer una autocrítica sobre la crianza de nuestras infancias y Juventudes. Los educa una pantalla sin supervisión adulta, observan contenidos no apropiados para ellos: por ejemplo, ¿por qué hay niños fanáticos de El Juego del Calamar, siendo un contenido violento para adultos?
Pero claro, cuando el niño crece contaminado por la violencia, la culpa la tiene el lugar, no la crianza ni los padres negligentes ni el sistema caótico en el que vivimos.
Insistimos, es totalmente positivo que la UNAM tenga protocolos de seguridad, que se mejoren las condiciones para académicos, alumnos, administrativos y personal sindicalizado, sí, pero la violencia es estructural y, mientras no se atiendan las causas, las agresiones seguirán pasando, porque incluso sin un arma en la mano, alguien con la mente mal encausada, puede matar a otra persona con sus propias manos.
