Entre que son peras o manzanas

Por: Alison Cruz chica, transfemenina intentando entender los porqués

Ser o no ser, esa es la cuestión. El llamado “resurgimiento” del Partido Acción Nacional (PAN) bien puede clasificar dentro del renacimiento de movimientos de derecha que ha venido resignificando política e ideología, en la última década, aun así, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

El hecho que me provoca escribir es un “Dr. Raúl Tortolero” exigiendo a un partidario dentro de la marcha del PAN que bajara una bandera “del supremacismo LGBT” pues “si era homosexual ese era su problema” “pero que no tenía que venir a promover otras causas que no son panistas” resaltando que “muy mal porque haya gente que quiera impulsar y promover sus caprichos individualistas por encima del bien común y de nuestros valores panistas que son los valores de la democracia cristiana”

Aquí hay muchos actos criticables y otros más para descifrar una pizca de la realidad privada de la que gozan algunos personajes y personas. Siendo el más cuestionable de ellos calificar de problema el hecho de ser homosexual, y dentro de los demás, el casamiento con posturas que discriminan otras realidades o buscan sobreponerse a ellas y a quienes las viven y comparten.

Hay que predecir las cosas que aún no suceden, que cada vez se sienten más cerca; y a partir de ello girar, frenar o de plano chocar el rumbo en el que se ha tornado la construcción de la política contemporánea. Hay aspectos que deberían ser clave dentro de la cosmovisión común, pero que ciertos discursos restringen, minimizan o de plano ignoran.

Particularmente, cabe preguntarnos donde cruza la línea divisoria que se traza alrededor de un partido político y a quienes deja fuera. Formar parte ya no se trata de la cara que se pondrá frente a las circunstancias económicas, agrarias o internacionales que aquejan, hoy la construcción de una postura también contempla identificar quienes son los buenos, los malos, los agachados, los que trabajan y los que no, por los intereses con los que te has alineado, en fin, en quienes son los diferentes.

Hoy y antes ha sido normal, apoyar a un partido por la forma en que buscaría solucionar cuestiones futuras, pero esto no es lo propio del problema, la cosa es que la politización de hechos identitarios y privados -como ser homosexual- se haya polarizado a la segregación ya no solo social, sino jurídica y contemplativa de la agenda pública.

Para dar cuenta de ello hay casos extremos como los países de oriente o medio, donde la homosexualidad se castiga. O en el más reciente de los casos, La Suprema Corte de Reino Unido considerando que la definición de mujer está sujeta al sexo biológico con el que una persona ha nacido. Con estos ejemplos, no hay duda de la capacidad que tiene el poder ya sea político o no, para retroceder en lo que hace poco se concebía como avance social, en igualdad, en derechos o cualquier otro “avance”.

Ahora mismo lo que escribo suena a utopía, pero si alguien más que yo, busca continuar el progreso alcanzado a pesar de la opresión continua que se ha ejercido contra las minorías, no suena para nada mal tener más cuidado en cuales son los “problemas” que se toman en cuenta al conformar una postura política e ideológica.

Vestida de seda la mona continua con los mismos actores y valores. Hacer parte, ya queda en quienes le conforman, pero hay que dejar claro que sus creencias no deben traspasar los límites de la tolerancia, además de dejar de confundirla como una postura política y no ideológica, pues hacerlo difumina los alcances del partido junto la agenda jurídica, cultural y social que podrían abordar estando en el poder.

La siguiente línea: Quien con lobos anda, a aullar se enseña.

Publicado por Paradigma

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