El Epistemicidio de la Emoción: la desensibilización de las masas desde la ignorancia

Por Marco Antonio Castelan Olvera

La epistemología es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento. Tradicionalmente la epistemología ha sido considerada por algunos filósofos como algo únicamente racional, pero es importante no dejar de lado a la parte emocional. Para llegar a «saber algo» debemos desprendernos de muchos sesgos subjetivos para llegar a una respuesta objetiva. Un ejemplo muy común son las emociones, las cuales se cree que nublan el juicio, y sí, por lo regular las emociones dificultan al razonamiento.

Pero las emociones no deben ser entendidas como un obstáculo individual, sino como una reacción del ser humano a su entorno. Las emociones no son elementos externos a la razón, sino componentes que influyen en la forma en que los individuos interpretan la realidad.

Hay algunas corrientes epistemológicas más modernas que plantean que el razonamiento no está separado de las emociones. Filósofos como Merleau-Ponty, Habermas o autoras feministas como Donna Haraway y Sandra Harding plantean que todo conocimiento está situado, es decir, depende de la experiencia, el contexto y también de la dimensión afectiva y corporal del ser humano. Las emociones, la empatía y la experiencia subjetiva influyen en cómo comprendemos y construimos el saber.

Es posible considerar que las conclusiones alcanzadas por los filósofos de la Antigua Grecia, por ejemplo, estuvieron profundamente condicionadas por el contexto histórico, cultural y material en el que se desarrollaron. En este sentido, si pensadores como Platón hubieran nacido en una sociedad distinta, con otras condiciones económicas, políticas y culturales, probablemente sus razonamientos habrían tomado un rumbo diferente. Esto nos lleva a reflexionar sobre la manera en que el conocimiento filosófico no surge en un vacío, sino que está inevitablemente influido por las circunstancias sociales que lo rodean.

Regresando a las emociones, y comprendiendo que el contexto inevitablemente influye en el pensar del ser humano. Hay que entender que el contexto también tiene relación con las emociones colectivas (como el miedo, el orgullo, la empatía, la ambición, la tristeza, entre otras). Si el contexto cambia, cambian con él las emociones colectivas, reaccionando la sociedad ante estos cambios e influyendo en la forma de pensar. Es decir, las emociones también moldean el razonamiento.

Por ejemplo aquella Alemania que había perdido la primera guerra mundial estaba sumida en emociones de tristeza, enojo, rencor, decepción, resentimiento, etc. Las cuales llevaron a esa sociedad a pensar de forma diferente y tomar un rumbo de violencia y revancha, no fué únicamente una decisión política racional o individual de aquel personaje que ya todos conocemos.

Teniendo esto en claro, ahora es importante plantear ¿Qué es un Epistemicidio? El término epistemicidio significa, literalmente, “muerte del conocimiento” (del griego episteme = conocimiento, y cidio = matar). Se usa para describir el proceso mediante el cual se destruyen, silencian o desvalorizan los saberes de ciertos pueblos, culturas o grupos sociales, especialmente a causa del colonialismo, el racismo o la imposición cultural occidental.

Antonio Gramsci, pensador marxista italiano desarrolló el concepto de «hegemonía» para explicar cómo una clase dominante mantiene su poder no solo por la fuerza, sino también mediante la manipulación de la cultura y por lo tanto su forma de pensar.

El epistemicidio no solo destruye conocimientos racionales o culturales, sino también formas de sentir y comprender el mundo desde la emoción, la empatía y la sensibilidad humana.

Cuando una sociedad se desensibiliza ante la tragedia, se produce una muerte del conocimiento emocional: se pierde la capacidad de entender la realidad desde la compasión y la experiencia compartida.

La desensibilización ante la violencia, las tragedias humanitarias o la injusticia mediática, muestra cómo la sociedad ha aprendido a “no sentir”. Esa pérdida de sensibilidad es también una forma de ignorancia, porque limita nuestra comprensión del otro.

Ejemplos de la desensibilización colectiva hay muchos, yo me voy a enfocar en algunos ejemplos de México. Estamos tan acostumbrados a recibir información devastadora día con día; feminicidios, niños asesinados, narco ejecuciones, balaceras, casos de corrupción, desapariciones forzadas, etc. etc. Todo esto a tal grado que parece que como sociedad ya nos acostumbramos a saber que esas cosas pasan en nuestro país, viéndolas como algo «normal». La población de alguna forma acepta estas desigualdades como inevitables, facilitando la perpetuación del poder dominante.

Un ejemplo claro de desensibilización emocional en México puede observarse, particularmente en torno al fenómeno del narcotráfico. En las redes sociales, es común encontrar un proceso de banalización del horror, donde circulan videos de torturas o ejecuciones difundidos por los propios grupos criminales con el propósito de generar miedo y proyectar poder. Lo preocupante es que, lejos de provocar una reacción de indignación o rechazo, estos contenidos son frecuentemente consumidos y compartidos con morbo o incluso humor. Este fenómeno refleja una pérdida de sensibilidad colectiva, en la que el dolor ajeno se convierte en espectáculo, y donde la violencia deja de ser percibida como tragedia para transformarse en una forma de entretenimiento. Tal situación constituye un claro ejemplo de epistemicidio emocional.

Otro ejemplo es que en redes sociales podemos ver muchas opiniones de gente ignorante y sin sensibilidad o empatía hacia víctimas, diciendo cosas como que la víctima «se lo buscó», que «lo merecía», o «fué su culpa por estar metidos en eso». Otro ejemplo que me hizo mucho ruido por estas fechas, fué volver a ver a aquellas personas que consideran a Díaz Ordaz y Luis Echeverría como héroes por «haber matado a los comunistas» y «evitar que fuéramos como cuba» sin importarles que se asesinaron muchas vidas inocentes.

Pero más allá de señalar la ignorancia de aquellas personas que opinan estas cosas, debemos preguntarnos ¿Por qué piensan así? Una forma de comprender esto es la existencia de una hegemonía cultural que impone una forma específica de comprender el mundo y de relacionarse con los demás. Dicha hegemonía, sostenida por los intereses de la clase dominante, promueve un modelo de conocimiento que excluye la dimensión emocional y solidaria de la experiencia humana. Esta exclusión puede entenderse como un epistemicidio emocional, pues suprime la empatía y la sensibilidad colectiva que podrían conducir a una comprensión más profunda de las causas estructurales de las tragedias sociales. La clase dominante mantiene el control porque la gente está ocupada sobreviviendo y no se organiza para cuestionar las estructuras de poder. La difusión constante de noticias falsas, escándalos o sensacionalismo desvía la atención de problemas reales, genera apatía o conflicto entre sectores sociales y refuerza la hegemonía cultural de quienes controlan la narrativa. Mantener a las masas desensibilizadas resulta funcional al poder, ya que impide que los pueblos reconozcan la raíz común de su sufrimiento y, en consecuencia, se unan frente a quienes se benefician de su división y apatía.

En conclusión: Estos fenómenos sociales que limitan la capacidad de empatía y comprensión crítica, manteniendo, de manera sutil, estructuras de poder que se benefician de la indiferencia social. Sin embargo, desde mi experiencia, he podido observar signos de transformación y unión: diversos colectivos y movimientos sociales en México han comenzado a generar espacios de solidaridad, construyendo conciencia frente a las injusticias históricas y actuales, por ejemplo; el frente por las 40 horas, la lucha feminista en México, la lucha contra la gentrificación, la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ+, la resistencia de los pueblos indígenas y zapatistas, la lucha contra el genocidio en Palestina, la lucha estudiantil que no perdona y no olvida a los 43 normalistas, a las víctimas del 69, del halconazo, las luchas obreras, etc. Etc. Esta movilización demuestra que la lucha de clases sigue vigente, que lo que tienen en común todas estas trincheras es al enemigo, la clase dominante del capitalismo. Aunque el conocimiento emocional haya sido sistemáticamente marginado, sigue en resistencia al epistemicidio emocional y es posible recuperarlo y fortalecerlo como herramienta de rebeldía y cambio, reivindicando la empatía como un componente esencial para comprender y transformar la realidad.

Publicado por Paradigma

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