Desconocimiento de desayuno, hechos para la merienda, olvido por la noche: participación y quehacer mexicano

Por Alison Elizabeth Cruz Figueroa, quien intenta entender los porqués

Los intereses primordiales de la sociedad mexicana la alejan de la acción política, hecho que se refleja en su ausencia durante situaciones de importancia, y es provocado por dos factores principales: sus predilecciones de acción son otras, y los ritmos de producción y consumo multimedia la mantienen saturada o por el contrario ajena de la información y noticias que conforman su realidad.

Aquí acertar a englobar los intereses de una sociedad tan plural como la mexicana no tiene cabida, pero puedes estar de acuerdo en que, para muchos, al menos los -intereses- políticos se limitan a las jornadas y días en los que eligen a sus representantes. Aunque no se quiera criticar en parte debiera, pues las acciones que transforman la realidad son pobres cuando se limitan a intentar transpolar sus necesidades con votos por año, cada cuatro o cada seis.

Y aunque realmente no hay qué justifique este escenario, sí existen los actores para mantenerlo. Para notarlo no hace falta que te alejes de la burbuja en la que vives, solo recuerda cuando se dice que en la mesa no se habla de política, religión y deportes. Las ultimas podrían no importar, pero la primera no se vive y no les afecta tanto como lo quieren ignorar.

Para afirmar con certeza porque no se trae el tema, puedes pensar en la polarización, en lo agobiante del tema, lo extenso o de plano en las discusiones mal logradas que puede atraer. Pero, por otro lado, más importante y casi ignorado, están la desconfianza y por ende desinterés engendrados a través de generaciones -hacia las instituciones y quehaceres políticos- gestados y criados por nefastas razones.

Instituciones que retrasan, ignoran y se han hecho de la vista gorda o no actúan según lo esperado, por tantos años, que pareciera que intentar hacer algo ya no tiene cabida, y no solo no tiene cabida, también, que no corresponde o si quieraestá al alcance de lo que podemos hacer desde nuestras trincheras.

No solo se trata de intentar ignorar. También sobre como evitamos consumir contenido político incluso cuando lo tenemos a la mano, no solo por lo tedioso y tal vez aburrido, también por lo decepcionante que puede ser, porque, aunque seas tu sola desde tu celular, igual te hace hacer corajes.

Pero hay otro lugar, el scroll que sigue del trend, detrás de clics y pizca de interés después, lugar poco concurrido en el quehacer ciudadano no por minúsculos motivos. Llamarlo el de “las narrativas” sirve para evidenciar lo que forma parte del problema: la pobreza de capital cultural y lo conveniente que es cooptar las verdades históricas.

Es claro que no todas, menos en la misma medida; pero sería erróneo sugerir que se prefiere leer o ver una noticia antes que generar con IA la foto con nuestro artista favorito, o consumir cualquier otro contenido que contribuya a intentar entender porque estamos como estamos, o qué podemos hacer para cambiarlo.

Y aunque este terreno -que incrementa a terabytes por día- pudiera ser solución a varios problemas, resulta inútil cuando no existen las motivaciones para consumirlo. Culpar únicamente al campo de las noticias e información es una acusación simplista; el hastío y apatía que nos aflige no se reduce al atole servido con dedo. Hay que señalar también a la falta de aptitudes para apropiarse del laberinto mediático y de las TIC (tecnologías de la información y comunicación)

Es cierto el alcance logrado por las TIC, pero también la existencia de bots, noticias falsas y deepfakes que tergiversan los intentos de los medios de comunicación por informar lo mejor que pueden acerca de la realidad. Agentes que disipan los intentos de traducir, interpretar, destapar y descifrar los comunicados, declaraciones y solicitudes de información que atraviesan escritorios en las mesas editoriales.

No es solo que consumas contenido pretendiendo cambiar al mundo, es también discernir y tamizar la diversidad de narrativas que intentan captar tu atención y formar parte de lo que crees como cierto, y que, por ende, modelan tus ideologías e intenciones.

Lo peor es que no es todo. Aun falta la variable que sepulta el intento de involucrarse activamente en lo que llamamos democracia, y que se relaciona con las dos anteriores. Me refiero al olvido. Si no basta con el abandono del interés político, el olvido fulmina los intentos de abrazar positivamente el ejercicio de la ciudadanía.

Indiferencia y ritmos de producción se combinan. Sola la primera no tiene ni que echarse flores; mientras que la segunda, nos inunda de noticas actualizadas por minuto que: nos acercan a la realidad o por el contrario nublan lo que tomamos por verdadero o la diversidad de perspectivas. Sumar panoramas internacionales ya seria avaricia editorial y suicidio informativo.

En este contexto, pretender adherirse a un estilo de vida que nos aproxime a la objetividad se transforma en un proceso lioso, para reconocer la fidelidad de lo real y para mantenerse actualizada. Pasar por alto ciertos eventos, se vuelve común, y olvidarlos aún más; la verdad y la acción se complican a niveles galácticos para quienes no tuvieron la oportunidad, capacidades y herramientas de incorporar un estilo de vida que permitiera interpretar la actualidad que nos inunda.

Al respecto hay basto trabajo por realizar, pues aún con la apertura democrática que conforma la pluralidad de opiniones y conversación que se discute en Internet, la falta de regulación a pseudomedios y comunicadores con dudable rigor y ética, conducen a regresar a los medios masivos, acaparados por los intereses de quienes los controlan y financian.

En el mejor de los casos, pues omitir el funcionamiento algorítmico de las redes sociales y como puede condicionar la discusión de perspectivas, no es por menos indiferente a la evaluación de los hechos; aunque esto igual se puede trasladar al consumo de determinados medios alineados a agendas e ideologías.

Alfabetización mediática, la apropiación informativa y de las TIC se convierten en el vértice a tratar como posibles soluciones.

La siguiente línea: En tierra de ciegos el tuerto es rey.

Publicado por Paradigma

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