Un fantasma recorre el mundo: a 177 años de la publicación del Manifiesto comunista

Por Hugo Augusto Cortés Rodríguez

El yo es, ante todo, lo débil frente a la amenaza.

Freud: una interpretación de la cultura, Paul Ricoeur

Pocos pensadores son conocidos y leídos entre los grandes públicos. Entre esos “pocos”, fincados en el siglo XIX y XX, se encuentra “la escuela de la sospecha”, término que Paul Ricoeur usó en su libro Freud: una interpretación de la cultura, para referirse a Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Tres autores que, a grandes rasgos, a través de sus obras se encargaron de poner en duda los sistemas de creencias de sus contemporáneos.

De dicha escuela, acaso el más conocido, por su ineludible presencia política en el siglo XXI, es el filósofo Karl Marx. Es innegable que aún recorre el mundo un fantasma: “el fantasma del comunismo” (Marx y Engels, 2004; p. 25). Esta imagen que, pese a ser irreal e intangible, ha llegado hasta nosotros y, más allá de eso, se ha vuelto parte de la cultura global. Pero, ¿a qué se debe que este pensador del siglo XIX tenga vigencia en la actualidad?

La respuesta, aunque parezca obvia, se encuentra en la obra de Karl Marx y en las diversas manifestaciones que sus lecturas han tenido en la realidad. Una de ellas es el libro citado de Paul Ricoeur. En él, en seguimiento del Discurso del método de Descartes (Cogito, ergo sum), Ricoeur conceptualizó a Marx desde sus aportes a la interpretación de la realidad (la producción material e intelectual), y mencionó lo siguiente:

El filósofo formado en la escuela de Descartes sabe que las cosas son dudosas, que no son tales como aparecen; pero no duda de que la conciencia sea tal como se aparece a sí misma; en ella, sentido y conciencia del sentido coinciden; desde Marx, Nietzsche y Freud, lo dudamos. Después de la duda sobre la cosa, entramos en la duda sobre la conciencia (1990; p. 33).

De acuerdo a lo señalado, Karl Marx, mediante el análisis de las relaciones sociales y económicas del sistema liberal-capitalista de su tiempo, sostuvo que lo que sus contemporáneos pensaban, decían y hacían, en realidad, no provenía de sus conciencias, sino de motivaciones ajenas a ellos. Marx resumió dicho planteamiento al señalar que “Las ideas dominantes en cualquier época siempre han sido las ideas de la clase dominante” (2004; p. 47), para lo cual recurrió a la teoría de la enajenación.

Estas motivaciones ajenas, de acuerdo a lo que Karl Marx y Friedrich Engels expusieron en el Manifiesto comunista[1], provenían de la clase social dominante: la burguesía. Dicha afirmación significó un frente radical al movimiento político-ideológico hegemónico del momento y, con ello, a su statu quo. El comunismo de Marx y Engels proponía una revolución proletaria, la cual traería como consecuencia la elevación del proletariado a la clase dominante.

En ese sentido, el Manifiesto comunista, a 177 años de su publicación, sigue resultando radical por sus planteamientos, los cuales, en resumen, proponían la expropiación de la propiedad territorial para los gastos del Estado (proletario), un fuerte impuesto progresivo, la abolición de los derechos hereditarios, la obligación de trabajar para todos, la centralización del poder en el Estado, entre otros (como la educación pública y gratuita y la abolición del trabajo infantil) (Marx y Engels, 2004; p. 49).

Dichos planteamientos, lejos de carecer de sustento lógico y racional, se fundamentaron en el materialismo histórico, por lo cual el Manifiesto comunista inicia con la tesis que dice: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases” (Marx y Engels, 2004; p. 27). De esa manera, el enfrentamiento del proletariado con la burguesía respondía al desarrollo histórico, pues, de la misma manera, los burgueses se habían enfrentado al feudalismo.

De acuerdo a dicha lucha social, política, ideológica y económica, Karl Marx y Friedrich Engels señalaron lo siguiente en el Manifiesto comunista:

La burguesía vive en lucha permanente: al principio, contra la aristocracia; después, contra aquellos sectores de la misma burguesía cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin, contra la burguesía de todos los demás países (2004; p. 37).

Dentro de ese contexto, los planteamientos hechos por Karl Marx y Friedrich Engels en el Manifiesto comunista se entienden como parte de un proceso histórico, más que como simples ideas radicales aisladas. No obstante, ¿por qué aún, en lo que va del siglo XXI, resulta violento y políticamente incorrecto el pensamiento marxista, en específico lo referente al comunismo? ¿Por qué mantiene el designio de la miseria, la barbarie y el autoritarismo?

En seguimiento del pensamiento de Karl Marx, porque dentro de las ideas dominantes (instauradas por la clase dominante), aún existe temor a que sea “abolida” la propiedad privada y, con ella, el capital, “es decir, la propiedad que explota al trabajo asalariado” (Marx y Engels; 2004, p. 42). Porque el proletariado mismo, más que a la revolución proletaria, aspira al tipo de vida “burgués”, a “la explotación de los unos por los otros” (2004, p. 42). Porque, como alguna vez leí en alguna parte, “un fantasma recorre al mundo: el fantasma de la ignominia”.

Bibliografía consultada:

Marx, Karl y Engels, Friedrich (2009). Manifiesto comunista. Fundación Federico Engels.

Ricoeur, Paul (1990). Freud: una interpretación de la cultura. Siglo XXI Editores.


[1] Edición en español publicada por Fundación Federico Engels y traducida por Grupo de Traductores de la Fundación Federico Engels

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario