Por Máximo Cortés y Michelle Aguiñón
La información es la unidad indispensable del poder. Cualquier Estado, en algún momento, se ha esforzado en mantener estrechos sus muros a través del soporte de los medios de comunicación. En el caso mexicano, en 1988 surge una propuesta independiente para contrarrestar la desinformación democrática. Nace así, Canal 6 de Julio.
En la colonia Portales, de la Ciudad de México, nos abre las puertas Carlos Mendoza, director del medio.
¿De qué manera los medios de comunicación a lo largo de toda la historia de México han ejercido el control político?
Tradicionalmente, los gobiernos favorecen la creación de un aparato de medios que les sea afín, para construir consensos. Es un asunto que tiene que ver con la necesidad de la gobernabilidad. Es lógico. Desde que esta es una nación más o menos moderna, todo el siglo XX y parte del siglo XIX.
Va tomando diferentes dimensiones en la medida en que hay cambios en los medios de comunicación. Por ejemplo, la irrupción de la televisión es muy importante, así como la creación de un virtual monopolio como Televisa, que luego se divide en un duopolio que prácticamente repite las mismas cosas, y que hoy no ha cambiado tanto, salvo porque el gobierno tiene sus propios medios en la televisión.
Es un principio lógico y comprensible: tú necesitas tener gobernabilidad. Ahora, de ahí a los vicios, pues hay un pasito. Depende ya de la naturaleza de cada gobierno. Aquí vivimos durante muchos años, en todo el periodo poscardenista de la segunda mitad del siglo pasado, un control muy férreo de los medios por parte del PRI, incluso a veces a través de los insumos mismos de la comunicación, como el papel. La fábrica de papel PIPSA era del Estado, entonces, sí no querían que alguien saliera, no le daban material. Y además, estaba la presión. En este país ha habido muchos casos de medios allanados por los distintos gobiernos. Siempre ha existido una relación de este tipo.
Los matices son muy importantes. Un gobierno muy autoritario tiende a tener una prensa mucho más alineada, mucho menos libre que la de uno más permisivo. Y luego está la otra parte: la oposición, que tenía que ir creando sus propios medios. De alguna manera iban surgiendo periódicos partidistas, independientes, algunas revistas.
Un caso muy claro es el de La Jornada, que es un medio identificado con la oposición de izquierda, desde 1984. Antes era Uno más Uno, pero un poquito más moderado. Ahí aparecemos nosotros también (Canal 6 de Julio), en algún momento, como un medio audiovisual, independiente de las propias fuerzas de izquierda, pero sí identificado con ellas
¿Cómo observaron el papel de los medios dominantes, principalmente, para hacer el fraude electoral de 1988?
El fraude electoral de 1988 fue, más bien, un gran descuido del gobierno. Creyeron que, como siempre, iban a ganar “con la camiseta”, que bastaba salir a jugar el partido y ya iban a ganar. Pero esta vez fallaron muchos de sus controles habituales. Llegaron a la elección, quizá un poco divididos y seguramente sin las medidas que solían tomar cuando una oposición los amenazaba.
Ahí jugó un papel muy importante que el candidato opositor fuera el hijo de un héroe nacional con el que el PRI estaba muy identificado, el general Lázaro Cárdenas, para que también hubiera dentro del propio gobierno un revuelo y una gran simpatía por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
Parte del problema fue que no previnieron bien lo que iba a pasar. No reaccionaron ante lo que, ya por el mes de abril o mayo, se veía venir: que lo de Cárdenas venía muy fuerte y que tenía muchos apoyos.
Por ejemplo, Televisa prácticamente no se ocupó de las campañas; le hicieron el vacío a la campaña de Cárdenas, que, por cierto, tuvo una repercusión muy importante en el medio rural. Te sorprendías al ver que en un pueblo de Michoacán había una concentración de 20 mil campesinos.
Ellos (el gobierno) siguieron con lo de siempre, controlando a los medios, nada más que esta vez la votación fue abrumadora en su contra. Aunque impusieron el fraude, a fin de cuentas les costó muchísimo trabajo. Fue muy complicado para ellos. Toda la gente se dio cuenta de que era un fraude, y Salinas se había quedado muy lejos de ganar la elección.
Y claro, siguieron haciendo su tarea. Incluso, La Jornada de aquellos años era más moderada y prácticamente sus titulares eran un poco diferentes a los de El Universal o de otros periódicos de la época. Siguieron teniendo a los medios, pero a los que no tenían era a la gente; ya estaba completamente liberada.
Con la aparición de Canal 6 de Julio, ¿cómo han buscado la manera de ser una fuerza antagónica contra esos medios dominantes?
Nosotros hablábamos de contrainformación, es decir, de mostrar toda la información que ellos ocultaban, que además era mucha. A veces querían tapar el sol con un dedo. Era muy fácil. El mérito, a lo mejor, es un poco nuestro, pero es mucho de la gente. Este fenómeno se debe a la gente, que fue la que empezó a seguirlo, a mover los documentales muy ampliamente y a tomarlo como referencia.
¿Cuáles fueron los principales obstáculos que se enfrentaron al inicio o que pueden, actualmente, enfrentar como Canal 6 de Julio?
Han sido constantes. Un obstáculo es la dificultad de financiar y de recuperar. La gente sí quiere cooperar contigo, y hemos encontrado formas de que esto suceda y ha funcionado, pero generalmente ha sido difícil. Aunque parecería que es más fácil porque ya la gente coopera a través de las redes sociales y todo eso, en nuestro caso es complicado por una serie de circunstancias.
Otra, era la censura. Siempre nos ha acompañado la censura: a veces sutil, a veces burda, y en otras ocasiones ha sido de persecución. Ocasionalmente temimos por nuestra integridad física, porque sí empezaron a mandar señales mucho más agresivas.
Y derivado de la primera, está la falta de recursos. El canal sobrevive, pero a nosotros no nos gustan las condiciones en las que está la gente. Estamos organizados de una manera muy horizontal, para que todos sepan cómo funciona esto y cuánto dinero hay, pero se pagan salarios muy malos. Ellos saben que no hay más. O bueno, que sí hay más, pero es para resistir. Este año, fue hasta mayo o junio, cuando empezamos a tener la certeza de que íbamos a poder terminar el año.
Hemos tenido más o menos tres quiebras, así, de quedarnos sin nada. Ahí estamos sobreviviendo de milagro. Ahora, la situación es un poco distinta.
Retomando el entorno actual de las redes sociales, ¿cree que el formato documental que maneja Canal 6 de Julio conecte con los jóvenes de esta generación?
Tiende a no conectar. Lo que pasa es que nosotros no queremos abandonar la trinchera del documental. Si culturalmente empieza a ser abandonado, nos estaríamos condenando a la superficialidad y a la inmediatez. A la falta de fondo de hacer periodismo o historia. ¿Cuánta gente se chuta un discurso de cuarenta minutos? Sí los hay, pero ahora ya sabes que vas contra corriente.
Si te sometes a esta imposición cultural de que, “mira, los chavos ya a los siete segundos están nerviosos, ya no saben si seguir viendo o cambiar de video”, entonces tienes que irte a un modo de mensaje muy breve, superficial, engañoso, muy TikTok, y eso es un problema muy serio. Hay un proceso de destrucción del conocimiento, y afecta mucho al documental.
Sigue existiendo bastante gente que sigue el documental, pero sí hay una tendencia, sobre todo en ciertos chavos que están estudiando para ganar un poco más de dinero. Eso se distingue de aquellos que siguen interesados por el conocimiento todo el tiempo.
No veo una desaparición inminente del documental, aunque sí veo que hay que hacer cosas para que se tome más en serio la necesidad de contrarrestar esto, porque si puede ser muy peligroso. Por este retroceso cognitivo que estamos viviendo.
De todas las producciones que ha realizado Canal 6 de Julio a lo largo de su historia, ¿hubo alguna que tuvo mayor impacto, ya sea por el contenido, el tema, o por las consecuencias posteriores a su distribución?
Hay varias que tuvieron mucho impacto, que las vio mucha gente y que cambiaron mucho. He ido descubriendo, por casualidad, que profesores de preparatoria, licenciatura o incluso de secundaria, les mostraban a sus alumnos ciertos videos del canal.
Gracias al trabajo nuestro y al de otros, la gente empezó a darle la espalda al aparato mediático del Estado. Durante la irrupción del movimiento zapatista en 1994, y en el 1988. Suena modesto, medio pretencioso, pero derrotamos en toda la línea al aparato mediático, con todo y su Televisa. Porque se quedaron hablando solos; ya era demasiado.
Y para mí una de las experiencias más interesantes es Tepito.
Un día, una exalumna muy querida me presentó a su novio que trabajaba para un tío suyo en Tepito, y una de las cosas que hacía era multicopiar los videos del Canal 6 de Julio. Él se volvió súper fan del canal, terminó estudiando comunicación y me contó cosas interesantísimas, porque para nosotros eso es como una curaduría popular.
Esa gente sabe que ese es un material que se puede vender, y es de interés popular. Hubo tres o cuatro títulos que llegaron a vocear en los vagones del metro, y eso todavía es más significativo. Ahí reconoces que sí, es un material que a la gente le sirve y le cambia la idea de las cosas.
Si pudiera enviar un mensaje a las nuevas generaciones de periodistas, ¿qué consejo les daría para fomentar un compromiso ético al momento de informar?
Yo no ando para dar mensajes, pero los jóvenes son quienes tienen que tratar de crear conciencia entre sus compañeros, movilizarlos y sacarlos de esta especie de mezcla de confort y enajenación que provocan las redes.
Y que entiendan que su futuro está muy amenazado: hay una gobernanza autoritaria, opresiva y, además, la amenaza de la existencia misma del planeta, provocada por el capitalismo salvaje.
