Por Alejandro Zapata Espinosa
Estar en todas, a las dos abriendo los mosquitos, quémame cielo, aire acondicionado y aspas de helicóptero que no levanta, ¿y el trasnocho para quién? Abro camino, otro más en la zanja vital, y piense en mercados adelante, ¿dónde me distancio o me descompone la loma?, veme, ese era yo con las espaldas sangradas, y ahora, desayuno sin aliño, el cuarto de cincuenta limpio a seis manos, una la de Oriental me aceptó maní que le da sed, la otra, morena que vio el tijeretazo, no aceptó, y pude ofrecerle mecatico, no soy capaz de pensar en dos y en nueve, salgo para el rato y me devuelvo porque debía mercar agua o soda.
Responde a los adelantos de lo hecho, espera que va sumando y tú perderás en baba, lo que ganes para ti es alimento de niño mimoso, dentro de la sesión me leo y callen, las diecinueve tierras estofadas, yo dándole a la yuca en uno de los ministerios. El equipo habilitado para registrarse hasta el aligero de tradiciones antropofájicas, unas matronas de chancleta rebosando el umbral del restaurante adventicio, El Rincón del Sabor, a las cuatro y media sale el corazón propio, la que sí atiende y guarda la plata en la jíquera. Esto no era lo pensado cuando mencionabas la insurgencia, el padre te pregunta si eres viajero o local, Uveros y San del Río, trabajo «Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno», usted lo acabó de recitar entre las imprecaciones a las cincuenta veredas que le falta presentarse con hábito, el inconveniente, y sigamos con el apóstol: amonesto como hermano, es falencia de la Iglesia[1] y no de los habitantes por desconocer las respuestas litúrgicas. Muévase o deme, pero esto de vernos y avisar al otro «Se le cayó el muñón» cansa, y que lo diga Fernando de Betulia, mandadero o contraentregas de oficinista con madre en parque, barba ayer cortada, uñas de manicurista y folios pendientes en secretariado, puedes estar en siempre dado el caso de molestar al bobito de las gafas, tragarse la limpieza de los grabadores con equipo audiovisual y carros prestados; en qué me metí, los amargos en defensa o propicios a festejar son también yo en esta nalga mancada, sentarme en motos oriundas de la microalga Dunaliella salina, visítenos o adelantemos un proyecto transversalizado interdisciplinar Ciencias Naturales (taxonomía, muestras de laboratorio), Artística (fotografías, instalación), Lengua Castellana (crónica) y Educación Física para la rectoral venia.
Una de quinientos en el suelo, debiera llevarle a la madre menudo para devoluciones, con los deportistas o el Sexteto esperamos aumentar las palomas en el tanque o videopoemas de Hugo para una reseña con permiso.
La señora de enfrente sube a los veintiocho y me tapa el altar, claro que si tiro a la izquierda está la que me dará la mano, insólitos dos tabaqueros, un viejo que echó el humo en bajada y un señor que le pidió al venezolano, ¿esposo de la morena juguera que ayer me dejó sin tinto[2]? Creí al de la boina dueño de la flaca pero no es así, al menos cuando desaparezca seguiré viéndola un motorcito incansable, conjunto parado e industrioso, boca sabedora de los menús, las tareas de las hijas, la falta de legumbre y los gustos de los clientes, lunes-domingo repita, no como esos sindicalizados de palabra lenta en capacitación de primeros anillos por su bien, aunque uno entiende poco y gana para tirarla, ¿en qué meter eso apenas cancele el Minuto y la Santiago? Viaje, un certifico, y yo en las mismas, buscando huesos en la acera, o mordiéndome los míos a lo «Miserable Se Ha Adoptado Casi Todo Mexicano Y Para Aludir Al Título, Vulnerable Y Desdichado Expresando Misógino Su Despreciar Al Político Que En Estado De Sufrimiento Lo Mantiene, Aunque Síndrome De Estocolmo, Amando La Autoría Intelectual Que En Tal Estado Lo Mantiene», si fueras posdoctorado te creerían recién vagidos en academia de montaña a bus relleno de perfumes, champús naturistas, uñas torcidas o quebradas y humedad de interior seco de noche, pero todos hacia un futuro que descarta.
San Juan de Urabá, noviembre 17 de 2025
[1] Entrémosle a Dilexi te las dos semanas que me sobran, yo me comprometo las tardes o las noches, cancelo la siesta de aporreado, y reunimos la catequesis o a los confirmados. Don padre da la introducción, ilumina con su ministerio y de resto le damos el eco a una sola persona. Nos recogemos en la casa cural, pedimos bebidas calientes, nos arrunchamos y a la luz de una vela prendemos fuego al sudor León XIV, preparando su llegada.
[2] «En los pollos», dijo, y sirvió el níspero como si el fantasma se desvaneciera en el pitillo. Permanecí viendo su licuadora, funcionando mientras repartía, y seguir la moto pasada frente América del Mar y los brazos secadores a la luna.
