Elimina cuanta letra no aporte

El padre de El Señor de los Escritores es  símbolo de concentración, de disciplina, de conciencia y de destrucción, entenderlo es entender de dónde viene la escritura.

En la tradición hindú, Ganesh no existe en el vacío, tiene contexto y genealogía, incluso podemos considerarlo el hijo de la consciencia eterna y la energía creadora, representados por su padre, Siva, y su madre Parvati; las dos fuerzas primordiales, productoras de la Creación y del acto creativo: la disciplina destructora de Siva y la energía generativa de Parvati. Para comprender mejor a El Señor de los escritores y su relevancia en el proceso creativo literario, es necesario conocer a sus padres, cuyas historias (preservadas en el Shiva Purana y el Skanda Purana) ofrecen lecciones fundamentales para quienes escribimos. En esta ocasión abordaremos al padre de Ganapati, Siva.

            Según las escrituras védicas, Siva nunca nació, siempre estuvo ahí. Como dice el Shiva Purana, él es el eterno, aquello sin principio ni fin. Esta característica lo distingue de otras deidades y lo singulariza: mientras Brahma nace del loto que emerge del ombligo de Vishnu, Siva sólo es. Se manifiesta como el Linga, la infinita columna de luz que ni Brahma ascendiendo como cisne ni Vishnu descendiendo como jabalí pudieron sus extremos encontrar. Esta auto-existencia lo convierte en el aspecto más fundamental de la divinidad. Dentro de la Trimurti, la Trinidad hinduísta, ocupa el rol de destructor, no destruye por maldad ni capricho: elimina aquello cuyo su ciclo ya se cumplió y es momento de renovación; su función es transformadora, como El Arcano sin nombre (XIII) en el Tarot de Marsella. Habita en el monte Kailash, casi siempre sumergido en meditación ascética profunda, apartado de los asuntos mundanos. Esta imagen del yogui omnisciente quien tiene una vida mística representa la disciplina máxima: la capacidad de renunciar a lo superfluo y reducir la existencia a su esencia más pura.

            Quienes escribimos podemos interpretar que Siva personifica la necesidad de eliminar lo innecesario. Su aislamiento en el Kailash es la imagen milenaria de la concentración absoluta. En esta concentración profunda está la paternidad del escribir, de El señor de los escritores. Así como Siva medita durante eones, quienes escribimos cultivamos períodos de aislamiento creativo donde las distracciones del mundo se alejan de nuestro interés; aunque la dopamina producida por el contenido de las redes sociales lo haga difícil. Una vez absortos en la concentración, la disciplina ascética encuentra su paralelo en la eliminación de párrafos innecesarios, de personajes que no sirven a la trama, y de metáforas que empañan la claridad narrativa.

            En su iconografía, el padre de Ganesh contiene múltiples símbolos relevantes, veamos sólo tres. El tercer ojo de Siva, ubicado verticalmente en su frente (también aludido en muchas imágenes de Ganesh), representa el Jñana Netra, el ojo de la sabiduría con el cual se puede ver más allá de las apariencias superficiales. Cuando se abre este ojo, emite un fuego que consume ilusiones, falsedades e impurezas. No es un instrumento de destrucción caprichosa sino de percepción profunda. Como el aleph de Borges, este ojo posibilita una mirada simultánea del “panorama completo”: pasado, presente y futuro, una que trasciende el velo de Maya, “la ilusión de los sentidos”, y percibir la Verdad. Para quien escribe, el tercer ojo simboliza la visión interna necesaria para crear personajes auténticos y tramas verdaderas. Es la capacidad de ver más allá de lo obvio, de penetrar las motivaciones ocultas, de reconocer las verdades incómodas que yacen bajo la superficie educada de la sociedad. Desarrollar este “tercer ojo” para la escritura, requiere meditación continua sobre la naturaleza humana, observación despiadada de uno mismo y de otros, y la voluntad de quemar las mentiras consoladoras que nos contamos.

            Otro, es el tridente o trishula de Siva, sus tres puntas representan múltiples trinidades: creación-preservación-destrucción; pasado-presente-futuro; cuerpo-mente-espíritu; desarrollo-clímax-desenlace. El tridente simboliza el dominio completo sobre los tres mundos (cielo, tierra, inframundo) y sobre los tres gunas o cualidades fundamentales de la naturaleza: sattva (pureza), rajas (actividad) y tamas (inercia). Siva lo sostiene como índice de su maestría sobre todas estas fuerzas. En términos del arte de escribir, el trishula representa la necesidad de quienes escribimos de dominar tres dimensiones temporales juntas: comprender cómo el pasado de los personajes moldea su presente y determina sus futuros posibles; algo que es “palpable” en, por ejemplo, novelas largas como Guerra y Paz, It (Eso) o en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. También simboliza el control sobre diferentes niveles narrativos: la trama externa (acción física), la trama interna (desarrollo psicológico) y la trama espiritual o temática (significados más profundos).

            Y un símbolo que comparte con Ganesh, son las serpientes enrolladas alrededor del cuello de Siva (en especial Vasuki) representan el control sobre el veneno del ego y las pasiones destructivas. Durante el batido del océano cósmico, emergió el veneno Halahala, cuya potencia amenazó con destruir la creación. Siva lo bebió para salvar el universo, pero lo retuvo en su garganta, y ésta se volvió azul (de ahí uno de sus nombres: Neelakantha, “garganta azul”). Las serpientes alrededor de su cuello simbolizan la energía kundalini dominada, la conquista de la muerte y la transformación continua (pues las serpientes mudan su piel). Para quien escribe, las serpientes representan el control sobre los impulsos destructivos saboteadores de la creatividad: el ego que impide aceptar críticas constructivas, la envidia hacia autores más exitosos, la amargura por rechazos editoriales. Dominar estas “serpientes” permite a quien escribe transformar experiencias venenosas en material literario potente.

            La primera y más difícil lección que Siva ofrece a quienes escribimos es la imperiosa necesidad de destruir textos imperfectos. Esta destrucción no debe confundirse con desánimo o auto-sabotaje. Es el ejercicio de un discernimiento desarrollado. Siva nos enseña que eliminar lo mediocre crea espacio para lo excelente. Cada palabra innecesaria eliminada, cada escena redundante cortada, cada personaje superfluo removido fortalece la obra. Esta filosofía suele enfrentar una resistencia emocional significativa, tanto consciente como inconsciente. Quienes escribimos con frecuencia desarrollamos apegos irracionales hacia ciertos pasajes de nuestros textos. Es un lugar común: “Escribí esto en un momento de gran inspiración”, “es importante para mí” o el lacónico “no puedo eliminarlo.” Siva respondería: “¿Sirve a la obra o a tu ego?” Su tridente no distingue entre lo que costó esfuerzo crear y lo que apareció con facilidad; solo se pregunta si fortalece o debilita el todo que es la obra.

            La disciplina ascética de Siva ofrece una segunda lección: el oficio de escribir requiere renuncias sistemáticas. Así como él renuncia a los placeres del mundo para meditar en las laderas del Kailash, el escritor debe sacrificar tiempo social, entretenimientos y comodidades. Esto no implica miseria sino priorización. Las horas invertidas en perfeccionar un párrafo no están disponibles para otros propósitos. Esta disciplina tiene una dimensión extra: la regularidad. Siva no medita de vez en cuando, cuando se siente inspirado; medita por eones de manera continua. Es un patrón serio, escribir con regularidad e independencia de la inspiración momentánea. La disciplina crea las condiciones para que la creatividad florezca.

El colmillo de Ganesh / Jaime Coello Manuell

Publicado por Paradigma

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