
Este mito explica porqué deben trascenderse orgullo y ego para conseguir reflejar la Verdad en nuestra escritura.
Dhumravarna es el octavo y el último de los Ashta Ganesha o Los 8 Ganeshas, los ocho avatares de Ganesh en el Mudgala Purana. Se le adora mediante la erradicación del ego y el cultivo de la humildad. Aunque no hay festividades sólo para él, se le incluye en las celebraciones de la divinidad, como el Ganesh Chaturthi. Al meditar en Dhumravarna se recitan mantras de Ganapati, como “Om Gam Ganapataye Namaha”. Su culto busca la sabiduría para reconocer y superar al propio ego, y para vivir una vida de devoción y servicio. El nombre Dhumravarna significa “el de color ahumado o leonado”. Esta tonalidad oscura o grisácea simboliza la capacidad de El Señor de los Escritores para absorber y disolver la oscuridad del ego y la ignorancia. Su mito es una representación de la transitoriedad y la naturaleza ilusoria del orgullo. A este avatar se le conoce como Mushkavahan, en alusión a su vahana Mooshika. El ratón, que roe y destruye, es la capacidad de Ganapati para roer y destruir el ego y las ilusiones, y a la mente inquieta la cual requiere control. En cuanto a sus atributos iconográficos, Dhumravarna se representa con cuatro brazos. Fundamental para esta historia, entre otras cosas, porta su lazo (pasha, si quieres saber más pícale acá: Ganesh como mapa, inspiración para escritores).
Dhumravarna encarnó para destruir a Abhimanasura, el demonio del ego y el orgullo, según cuenta el Ganesha Purana. Este demonio nace de un estornudo de Surya (la divinidad del Sol), quien en un momento de arrogancia por su gloriosa posición, creyó que nadie era tan venerable como él. De este acto de ego, nació Abhimanasura, gigantesco, poderoso e instruido por Shukracharya para realizar penitencia a Ganesh. Tras mil años de devota adoración, Ganapati le concedió el deseo de obtener varios dones: devoción, que todos sus deseos se cumplieran, salud, victoria y el reino de todo el universo, así como la inmortalidad. Con estos poderes, Abhimanasura se convirtió en un rey demoníaco majestuoso. Se casó con la hija de Pramdasur y tuvo dos hijos, Garva (orgullo) y Shrestha (superioridad). Conquistó la Tierra, el inframundo y el cielo, estableció un gobierno tirano y prohibió las actividades devocionales y espirituales, destruyó los ídolos de las demás divinidades, incluso los de Ganapati, para instalar los suyos propios. Ante esta tiranía, los dioses, angustiados, se reunieron en secreto y elevaron plegarias y mantras a Ganesh. Complacido, apareció frente a ellos en la forma de Dhumravarna y les aseguró eliminar los problemas, luego se manifestó en el campo de batalla y desafió a Abhimanasura. El avatar desató su lazo (pasha) y con él destruyó a los ejércitos y a los hijos de del tirano. Cuando el demonio se enfrentó a Dhumravarna, el lazo quemó al ejército y, al verlo destruido y el pasha acercándose, huyó para salvar su vida. Al final se rindió a los pies del avatar y fue perdonado. Ganesh le ordenó retirarse de todo lugar sagrado y de los devotos, le mandó residir donde no se le adorara; además, le encargó la tarea de proteger a los devotos y a los seres divinos.
Esta victoria sobre el demonio del ego y el orgullo es, desde un punto de vista filosófico, un triunfo sobre cualidades humanas negativas, arraigadas y destructivas: el ego y la arrogancia, su disolución y la afirmación de la verdadera identidad espiritual. El mito enseña cómo el orgullo, incluso si nace de una posición gloriosa (como la de Surya), puede llevar a la tiranía, la injusticia y la destrucción de la espiritualidad. La lección moral y espiritual de este avatar es sobre humildad, devoción y rectitud. Enseña que el verdadero poder no reside en la arrogancia o la dominación, sino en la capacidad de reconocer nuestra pequeñez ante lo divino y de actuar con humildad. Este avatar nos recuerda que el ego es un obstáculo para el crecimiento personal y espiritual, y que la humildad es la clave para la sabiduría y la paz. El lazo divino, destructor de demonios simboliza el poder para atar y someter las fuerzas negativas del ego y el orgullo.
Dhumravarna como El Señor de los Escritores acentúa la gestión del ego y la autenticidad en el proceso creativo: El ego es un obstáculo común para quienes escribimos. Puede manifestarse como arrogancia, miedo al juicio, incapacidad para aceptar críticas, o la creencia de que nuestra obra es perfecta. Dhumravarna destruyendo a Abhimanasura es un mito sobre la necesidad de trascender el ego; permite una mayor apertura a la retroalimentación, a la humildad para aprender y mejorar, y a la capacidad de ver al texto como algo más grande que nuestra propia identidad como autores. Su historia subraya la importancia de la humildad: liberados del ego, podemos crear con mayor autenticidad y permitirle a la historia hablar por sí misma, en lugar de ser un vehículo de auto-glorificación. La humildad fomenta la conexión con verdades universales y la capacidad de resonar con la audiencia, ya sin el barniz de la vanidad personal. El ego puede manifiestarse como arrogancia intelectual: quien escribe cree saberlo todo o desprecia las ideas de otros. También significa, el mito de Dhumravarna, que debemos mantener una mente abierta y curiosa, reconocer que siempre hay algo nuevo por aprender y que la sabiduría reside en la humildad. Esto es crucial para la investigación, la empatía con los personajes y la capacidad de explorar diversas perspectivas en la escritura. Mooshika como vehículo de Dhumravarna simboliza, para quienes escribimos, la necesidad de vigilar el orgullo propio y practicar con constancia una autocrítica constructiva. También representa un control sobre la mente inquieta, necesario para concentrarnos en la tarea sin que el ego o las distracciones tomen el mando.
El simbolismo de Dhumravarna ofrece una guía para quienes buscamos profundidad, autenticidad y resiliencia en el oficio: Su victoria sobre Abhimanasura es una metáfora de nuestra necesidad de disolver el ego en el proceso creativo; éste puede ser un obstáculo, y se manifiesta como miedo al fracaso, resistencia a la crítica o la incapacidad de “matar a sus amores” por el bien del texto. Dhumravarna puede inspirarnos a ser humildes, a ver el texto como un servicio a la historia o al lector, y no como extensión de nuestra vanidad. Esto permite mayor libertad para experimentar, cometer errores y crecer, sin que el orgullo personal se le interponga a la mejora. El color ahumado de Dhumravarna nos indica la naturaleza ilusoria y transitoria del ego y las creaciones materiales. Aunque la obra es importante, no debe ser fuente de apego o de identificación total. Nos invita a ver nuestro trabajo como un flujo en evolución donde cada pieza es un paso en un viaje más largo, y no un monumento a nuestro genio. Esta perspectiva fomenta la resiliencia ante el rechazo o la crítica, y la capacidad de crear sin ser definidos por el éxito o el fracaso de una obra. El ratón es un símbolo de la capacidad del avatar para desmantelar el ego pieza por pieza. Sugiere la práctica de la auto-reflexión y la autocrítica constructiva. Significa estar dispuesto a examinar nuestras motivaciones, a cuestionar nuestras suposiciones y a despojarnos de pretensiones obstaculizadoras de la verdad o la autenticidad en la escritura. El ratón también representa la humildad de los detalles acumulados que socavan al ego. El lazo divino que Dhumravarna utiliza para someter a Abhimanasura es la capacidad de atar y controlar el orgullo y la arrogancia. Quien escribe puede mentalizar esta imagen para encontrar la fuerza necesaria para mantener al ego bajo control, en especial cuando tenemos éxito o somos tentados por nuestra vanidad. Su mensaje es claro: el verdadero dominio no es sobre el otro, sino sobre mi propia persona, y la disciplina es una herramienta para mantener el equilibrio y la perspectiva.
