Por Prócoro Augusto López Huerta
Hace mucho tiempo, se creó un collar que decían que daba la inmortalidad. Los humanos de todas partes del mundo ansiaban dicha cualidad, de manera que las guerras se desataron, muchos pelearon por el collar, conflictos, batallas, luchas y más hubo por la adquisición de dicho objeto, sin embargo, el collar se perdió entre tanto caos, y un día fue perdido por aquellos que tanto habían ansiado su poder. El olvido fue su destino. Y así fue como la leyenda del collar paso de generación en generación, hasta que llegó un día a oídos de Adir, un joven que soñaba con encontrar el collar. Adir investigó con los más sabios del pueblo dónde podría estar el collar, al principio se sintió frustrado, pero el tiempo y su búsqueda por fin dio frutos, un anciano le dijo que probablemente el collar podría estar en la cima de la montaña Sincler. Adir, entusiasmado por la información, decidió subir la montaña. En la parte superior, encontró a un joven que meditaba frente a una piedra. Le dijo que venía por el collar de la inmortalidad. El joven le aseguró que el collar estaba ahí y que podía obtener la inmortalidad si cumplía con dos misiones. Adir escuchó con atención cuáles eran. La primera era obtener información de cómo había nacido en la humanidad la sabiduría y el conocimiento, y la segunda era vender el collar sin su principal cualidad, es decir, que mientras Adir tuviera el collar no podría hacer inmortal a nadie, por lo menos mientras intentara venderlo. Adir se fue a completar la primer misión. Llegó a un pueblo donde el más anciano le dijo que gran parte de nuestro conocimiento viene de la literatura egipcia, le platicó que los primeros textos de esta cultura fueron composiciones litúrgicas, las cuales tenían como fin la música, pero también tenían como base la religión. Es decir, que la religión fue el gran promotor de la literatura egipcia. Después le dijo que hubo una literatura a la que llamaban literatura sapiencial, y que esta era la literatura que recogía y promovía la sabiduría, lo más interesante de la mente humana. Finalmente le platicó que otro elemento fueron los cantos de trabajo, los cuales nacían a partir de actividades repetitivas o de mucha exigencia física, pues las personas necesitaban cierta motivación o relajación para sus trabajos. Y por último le comentó que la principal característica de los textos egipcios era su agudo pesimismo. Adir se sintió contento de saber esto. Se fue enseguida a realizar la siguiente misión. Intentó vender en otro pueblo el collar. Se lo ofreció a un vendedor de joyas, quien le ofreció tres monedas de oro por el collar. Adir consideró que era muy poco dinero por un collar con tal historia, aunque no tuviera en ese momento la cualidad de la inmortalidad, así que decidió no venderlo. Fue a otro pueblo, y fue ahí donde encontró a un empresario, a quien le comentó que el collar que estaba vendiendo era el de la leyenda, el que hacía inmortal a las personas, pero que por un encargo que le habían hecho, en eso momento no podía hacer inmortal a nadie, el empresario escuchó atentamente, y finalmente le dijo que no le interesaba un simple collar, aun con toda su historia no le interesaba si no tenía la cualidad que lo hacía especial. Adir, algo triste, regresó a la cima de la montaña. El joven lo aguardaba. Adir le explicó que no había podido vender el collar. El joven guardián, le dijo que esa era precisamente la lección del collar, que por más que se quiera alcanzar, la inmortalidad es inalcanzable, que el ser humano está listo para conocerla y contemplarla, pero no para vivirla, y que ese es el mejor regalo que se le ha dado, el de la no inmortalidad, pues eso hace que su vida importe, que tenga un propósito, un sentido, tantos hombres han peleado por la inmortalidad, pero no se dan cuenta de que el verdadero aprendizaje es darse cuenta de que la inmortalidad se le escurrirá por las manos una y otra vez, no tienen motivos para estar tristes, pues tienen el regalo más preciado, el de la muerte, que marca el final de algo que un día tuvo vida, y quién sabe, quizá también el inicio de una nueva aventura.
