La Montaña del Agua Lila. Parte 5: El agua lila

Por Pepetela / Traducción de Máximo Cortés Coria

Un día estaba el Lupi Poeta en su colina preferida. Como era muy temprano, no había nadie. Intentaba lupilar un poema a la belleza de la Luna, aun fuese el amanecer. Pero el poema no le entonaba bien y se encontraba muy irritado, pues es sabido que los poetas son los seres más irritables cuando los resultados no les agradan. Probó una vez más y nada. Desesperado, dio un puntapié a una piedra del suelo, que rodó cuesta abajo.

De repente, del sitio de donde salió la piedra, brotó de forma muy tímida un líquido oscuro. El Lupi Poeta se inclinó para ver mejor y sintió un perfume que nacía de aquel líquido lila. Era un perfume muy dulce. Puso su dedo en el fluido y lo llevó a su nariz. ¡Qué maravilla! Los aromas de todas las flores se encontraban en aquella fragancia única que lo llenó de enorme alegría, él que momentos antes casi explotaba de fastidio. Se arrodilló en el suelo y cavó alrededor, alargando el pequeño hoyo. El líquido comenzó a brotar en mayor cantidad y la esencia se intensificó. La alegría también. Permaneció ahí, sentado en el suelo, al lado de la fuente, aspirando el perfume, todo feliz; ya había olvidado hacer el poema a la Luna.

Después fue a dar aviso al Lupi Sabio. Regresaron los dos a la Colina de la Poesía y el científico quedó también maravillado.
 —Es como una fuente de agua, solo que no es agua. ¿Qué será?
 —¡Es el agua lila! —dijo el poeta—. Lupi-lupi-lupi, le doy ese nombre.
 —Es un nombre bonito —dijo el Lupi Sabio.

El Lupi Sabio buscó la mitad de una cáscara de maboque y la llenó con el agua lila. La llevó a casa: tenía que estudiar aquel fluido extraño. Llamó a sus ayudantes y el Lupi Curandero a sus asistentes. Se encerraron en el laboratorio.

El chisme corrió por la montaña y todos los Lupis fueron a ver la nueva fuente. El Lupi Comerciante, un Lupón con mucho sentido práctico, propuso:
 —El agua lila no para de salir del agujero; comenzará a correr colina abajo. Debemos hacer una pequeña represa para que no se pierda.

Era una buena idea y todos los Lupis la aprobaron. Comenzaron entonces a juntar piedras un poco más abajo y crearon una especie de tanque, donde el agua lila caía en chorrito de manera continua. Los Jacalupis miraban a los otros trabajar, aburridos porque la colina estaba repleta de Lupis y ellos no podían descansar a voluntad. Pero no dijeron nada; estaban llenos de curiosidad por oler aquella agua y jacareaban dulcemente.

—No beban el agua hasta que los sabios no la estudien completamente —avisó la Lupi Profesora—. Puede oler bien, pero hacer mal si fuese bebida. Primero se tienen que hacer todos los análisis.

Los Lupis trabajaban felices y con más entusiasmo que antes. Al anochecer, el tanque estaba listo. Antes de llenarlo, no veían si el agua escurría. Aun estuviese bien tapado, el agua podría drenarse. No eran grandes expertos en ese tipo de construcciones; usaban apenas madera y hierba. Al día siguiente verían el resultado. Fueron todos a la aldea, cantando y lupilando de gozo.

Dormir fue difícil: todos se encontraban ansiosos por el descubrimiento. La luz no se apagaba en el laboratorio del Lupi Sabio y los otros vigilaban, vigilaban… hasta que el sueño los venció.

Publicado por Paradigma

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