Estoy profundamente emocionada, el día de hoy comienzo a colaborar en Paradigma (medio de comunicación y periodismo literario) con la columna El parpadeo de la libélula, donde por el puro gusto de compartir la literatura y la poesía construyo un puente de reflexión y silencio, o llanamente una cadena de recomendaciones literarias y poéticas deSigue leyendo «Antología de los indecible, nuestra primera recomendación»
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Mi jefa crió a un pendejo, no a un rajón
Hace unos días, Uriel me escribió. O quizá fue hace siglos —el tiempo tiene esa elasticidad cuando se trata de recuerdos, esa distorsión que nos hace dudar de si lo vivido ocurrió ayer o fue una vida entera en otro universo paralelo—. Le pedí ayuda con un par de ilustraciones para algunos cuentos en losSigue leyendo «Mi jefa crió a un pendejo, no a un rajón»
Cruzar el espejo
Un día anocheció y me di cuenta de que me había quedado sin amigos. No esperes una historia dramática, trágica o llena de traiciones y enredos: aquí nadie ofendió a nadie ni se metió en la cama con quien no debía; tampoco fueron cosas de dinero o alguna ofensa personal, nada de eso, simplemente fueSigue leyendo «Cruzar el espejo»
Hoy comeré pastel
Hoy, supongo, llegué a la mitad de mi vida. No me parece un mal pronóstico alcanzar más o menos los 70 años, así que, según mis cálculos, hemos avanzado el 50 por ciento de un todo realmente caótico. He amado, he sufrido, me he frustrado, he llorado de alegría, de coraje y hasta de vergüenza…Sigue leyendo «Hoy comeré pastel»
Que la desaparición duela como si fuese la primera vez…
La desaparición de personas en México es un problema que no para y el cual resulta sumamente doloroso porque, cuando alguien muere, cuando alguien no está, quedan los vivos, los que buscan, las que no se cansan, aquellas y aquellos quienes la vida se les convierte en martirio. El hallazgo de un crematorio clandestino enSigue leyendo «Que la desaparición duela como si fuese la primera vez…»
Finales de invierno con aranceles en la esperanza
Escribo las primeras líneas mientras me escurre sudor por la frente y veo fijamente el árbol de Navidad que teníamos que haber quitado hace días, o semanas, depende a quién le preguntes. Observo los peluches que ocupan el lugar de las esferas y me concentro en las miradas fijas de cada uno de esos seresSigue leyendo «Finales de invierno con aranceles en la esperanza»
