Por Miguel Alejandro Rivera Cuando lo vi llegar aquella tarde, pensé que era un superhéroe, como los que aparecen en las películas o en las páginas de los cómics que uno compra de niño. Aunque yo en ese entonces rondaba los veinte años, su presencia me pareció tan imponente: cuántas veces no lo vi enSigue leyendo «Cincuenta minutos con el más entrañable de los diablos»
