Por: Mr Wow
Te escribo porque las palabras envuelven verdades y marcan vidas, y en mi indecisión de afrontarte es mi manera de desahogarme, a manera de rito letra tras letra abandono todo tipo de odio y reproche futuro, creo que es la mejor manera para decirte que después de muchas lágrimas y sentimientos de los que raspan el estómago y hace que arda el pecho, te comprendo, nadie tiene la culpa de lo que cada uno siente.
Ayer un descuido de un pie torpe dio como resultado una caída aparatosa de una de las tantas escaleras que hay en la librería donde trabajo, es curioso que tengo que darte detalles de mi vida cuando me conoces todo el cuerpo desnudo, las pecas, cicatrices, y hasta las marcas del sostén.
Por la caída, el dueño me mandó al médico para deslindarse de cualquier compromiso y me dejó salir temprano, la espera fue larga y una vez sentado frente al escritorio del médico, imaginando su diagnóstico con brazos cruzados y con la cabeza aún en otra parte, su voz ronca me trajo de nuevo a la tierra y sin tacto y con una cara molesta a modo de reprimenda me dijo en algo que interpreté como chiste.
—Solo a una mujer se le ocurre arriesgar su embarazo solo para acomodar a Hemingway en su lugar
Al ver mi cara de sorpresa, mezclada con un color pálido, trató de detener los hilos de lágrimas y de esta forma entendió que no estaba enterada. Tratando de consolarme, me dijo que el golpe no fue nada y que al parecer no había nada en riesgo, rematando con las palabras como premio de consolación.
—Si gustas puedo dar seguimiento a tu embarazo
Dándome su tarjeta y estirando la mano para despedirse, salí de su consultorio aún con los ojos rojos, quise decirme a mí misma, disculpándome que una noticia así justificaba mis lágrimas, tomando fuerza por las caras de las demás personas que no dejaban de mirarme.
No sé si es de todas las personas, pero el caminar me ayuda a acomodar los pensamientos y las emociones, caminé por la calle Donceles hasta llegar a Bellas Artes para rematar en la Alameda Central, buscando inconscientemente un rincón apartado de la gente.
Sentándome en una de las bancas que parece haber estado ahí de por vida y ser testigos de todo lo qué pasa, floreció mi confianza, decidí pensar más y más dos golpes emocionales en un día dejan a cualquiera exhausta. Lo rígido de la banca dejo de importar y el cuerpo fue cediendo hasta encontrar la postura más adecuada para entregarse al sueño doblegando fácilmente mi voluntad.
Mis últimos recuerdos eran las primeras horas de ese día, antes de salir al trabajo mientras me arreglaba te vi hurgando mis cajones, no pude evitar excitarme cuando revisabas la ropa interior con tanta atención, la cara te brillaba, la ilusión y el erotismo van de la mano y cuando se encuentran con la imaginación son incontrolables, pensé que me pedirías que me pusiera algún calzón especial, mi cabeza frenó cuando te vi poniéndote mis tacones, entendí. Las medias rasgadas envolvían tus piernas, eran la marca de la mujer inexperta que surgía de tu interior, no dejaba de modelar, el espejo y tú se mimetizaron y con tus movimientos y observaciones, sentiste la necesidad de completar tu obra poniéndote el sostén y los aretes, con vanidad y destreza hiciste relucir con labial rojo tu boca, se notaba que no era la primera vez que lo hacías, yo tras la abertura de la puerta fui demasiado débil para detener tu transformación.
Aún me pregunto si fue por amor o por miedo a perderte, ver tu cuerpo tosco envuelto en mi ropa, me hizo salir corriendo sin voltear atrás, me dirigí al trabajo sin poder olvidar esa imagen que tantas veces había besado, acariciado cada centímetro de ti, conocía esos surcos que se formaban en tu espalda y tocaba los huesos de tu cuello al besar justo cuando a la escalera se le ocurrió ponerme a prueba y demostrarme que el mundo estaba dominado por las leyes de la gravedad dejándome en el suelo.
