No puedo con el amor

Por: Constanza Herrera Yong

Puedo tomar con el corazón expuesto, puedo inyectármelo como el café amargo del alba, puedo beberlo como el veneno de serpiente, puedo disfrutar hablar su idioma de cuchillos, puedo incluso aprender a rogar por su más mínima dosis. Dame odio. Puedo tomar el terror con las manos desnudas, puedo saborearlo como el metal de los alfileres, puedo tocar sus baladas como grillos al anochecer, puedo mezclarlo con mi sangre en alguno de mis ventrículos. Dame terror. Dame para triunfar, dame terror para sobrevivir, puedo con ambos, nací para tener ambos. Pero no me des amor, no puedo con el amor, no sé cómo hablar del amor.

Lo siento, pero no puedo ser tan devotamente leal a lo que sé que me destruirá. Me he escondido en esta armadura de mármol negro durante tantas vidas, que no recuerdo cómo deshacer los nudos, tanto tiempo que conservado estas armas que su oxido se ha escurrido en mi ser. El amor es hermoso, no lo negaré, no lo contradeciré, solo quiero no ser la única en entender que la sangre escarlata de Julieta brilla igualmente hermosa que las estrellas.

No me ames por que sea fácil amarme o porque se sienta correcto, No me ames, es lo único que ruego, rómpeme los huesos, hazme trizas el alma, quema cada uno de mis recuerdos, pero no me ames, porque no sé ser amada. He leído demasiados libros, escuchado demasiadas historias, he tomado tantas espinas que he olvidado que las rosas tienen pétalos. Pienso demasiado para amar libremente así que si me amas no me lo digas, porque yo infinitamente creo que el amor no es algo que las palabras puedan cargar. Y yo estoy hecha de palabras.

Mira lo que le hizo a los amantes de Teruel. Pregunta dónde acaba la historia del joven Werther. O busca a Leonard Matlovich. Ese es el final absoluto, alguien tiene que irse, no hay otra manera de reescribirlo, ¿quién no ha intentado engañar a nuestros hermosos, ligeramente rotos y quebradizos, puros e inocentes, amables pero traicioneros corazones? ¿Cuántos lo han logrado?  Llámalos como quieras, Romeo y Julieta, París y Helena, Martin Santomé y Laura Avellaneda, Llámalos Apoyo y Jacinto, Athenea y Palas, llámalos como quieras, llámalos por nuestros nombres. Mira lo que hace el amor, como destruye a los que lo escogen. Si ellos no pudieron con él, ¿qué me hará a mí?

Publicado por Paradigma

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