Cómo se vive un 10 de mayo desde la desaparición de un hijo

Por: Brenda Barrera

Rosario Cervantes es madre de Osvaldo, un joven de 25 años que salió a trabajar un martes 22 de julio de 2014, pero nunca regresó. Desde entonces, ella lo busca sin ayuda de las autoridades de Jalisco, donde vive, pues desde el momento en que su hijo no contestó las llamadas telefónicas, hasta ahora, de nada le han servido.

Ella relata, en el libro “La vida sin nosotros. La desaparición de personas en México, Chile, Argentina y el Kurdistán; voces de víctimas y especialistas” que desde el primer día, cuando reportó la desaparición de su hijo, notó la ineficiencia de las autoridades, pues tuvo que esperar 72 horas para que hicieran oficial la denuncia y una semana más para que empezaran a “trabajar”.

Asimismo, comenta que dejó de ir a las morgues y al servicio médico forense porque duda que se sigan los protocolos correctos para la identificación de restos óseos, incluso, duda que la prueba de ADN que le hicieron a ella haya sido ejecutada de manera adecuada.

Rosario comentó a Paradigma, que ser madre de un desaparecido significa la ausencia no sólo de la persona que se busca, sino también la de ella y la de todas las madres que se encuentran en el mismo dilema.

“Ser madre de un desaparecido significa la búsqueda diaria, no sólo del ausente, de nosotras mismas, porque nuestros sueños se rompieron cuando los desaparecieron, y aunque el Estado quiera que nadie busque ellos caben en la memoria de nuestros vientres. Hasta encontrarlos”, dijo.

Añadió, además, la manera en la que se tienen que vivir ambas realidades, una en la que se grita por el dolor de vivir con la ausencia de un hijo y otra, en la que no puedes ignorar la presencia de las personas que siguen contigo.

“Se viven dos realidades: una, donde sales a gritar por la importancia que sientes, porque no puedes contener el dolor de la ausencia, de lo injusto e inhumano que es vivir con un hijo desaparecido, y tampoco puedes ignorar la presencia y el gozo de quien si puedes abrazar”, menciona.

Lo último que recuerda Rosario de su hijo Osvaldo, detalla en el libro antes mencionado, fue haberlo visto mandando mensajes desde su celular, pero enojado. “Oye, tú ni chateando estás contento”. Esa fue su última charla.

Publicado por Brenda Barrera

Apasionada del periodismo, la escritura, las artes visuales, la fotografía y la lectura, egresó de la licenciatura en Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabajó como reportera en A Barlovento Informa y actualmente es colaboradora en Ciudadanos en Red; asimismo, se especializa en actividades relacionadas con la fotografía y en el monitoreo periodístico.

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