Cuando te enamoras de verdad ni te das cuenta

Elizabeth Rivera Hernández

Cuando te enamoras de verdad ni te das cuenta. A veces escuchas música y piensas en él, recuerdas a sus manos, sus cálidos pies por la mañana y su frágil ego. Pero no te das cuenta de que tu corazón moriría por él.

-No me gusta, es decir, me parece atractivo, pero creo que no siento nada más. Cuando tenemos sexo sí, lo disfruto, y a veces llego a sentir un cosquilleo aquí, como un hueco en el estómago, pero solo es la emoción del momento.

No te mientas, tu corazón se acelera cuando te mira, quisieras no estarlo porque te trata como la mierda, te hace sentir como mierda y te habla como la mierda. Te engañas cuando dices que solo es sexo, que no te encanta el desayuno que prepara, que las noches a escondidas no te vuelcan el alma. Es entendible, te trataron de la chingada hace unos años, cuando a ese imbécil se le ocurrió meterse con tu mejor amiga. Te da miedo sentir, volver a enamorarte, pero lo peor, es que sabes que es verdad, que te volverá a romper el corazón, que eres la tercera en su lista cuando está caliente y se le antoja coger.

-Güey, te lo juro, te estas enamorando.

-De verdad no, bueno, es que no sé bien lo que siento, pero en definitiva no es lo que quiero. Hace 5 años que vivo de cama en cama y jamás me he estancado con nadie, él no puede ser la excepción, porque ni siquiera es tan atractivo.

Te mientes todos días, él es más que el hombre que siempre has querido. Casi un 10 perfecto, su único defecto es que jamás te va a querer.

Es alto, como todos los hombres con los que has salido, con pestañas largas y ojos grandes. La sonrisa perfecta, con los dientes brillantes igual que perlas recién salidas del mar. A veces cuando miras sus lunares te imaginas acariciando constelaciones, y entiendes que es posible que alguien te eleve hasta el cielo.

A las 12 de la noche un sábado cualquiera, Laura espera la llamada de Javier. Conoce su itinerario. A las 9 comienza la fiesta, verá un par de historias de amigos que tiene en Instagram y sabrá que está con Tania, su mejor amiga de la infancia con quien también tiene sexo casual, pero ella tiene novio. Nunca ha dicho nada porque sabe que sería perderlo para siempre, así que traga saliva con el pecho hirviendo y continúa viendo las historias donde 2 segundos de 57 se ven las piernas flacas de Javier. A las 10: 30 aparecerá 21 segundos en dos historias de otras personas.

-No puedo olvidar tus besos mojados, ni la noche en que tú y yo nos devoramos esa noche en mi cuarto.

Con toda esperanza, igual que un niño esperando su juguete favorito el día de reyes, ruega que Javier haya cantado esa canción pensando en Laura.

-Estoy segura de que siente lo mismo, pero también tiene miedo.

A las 11:20 le mandará le primer mensaje

– ¿Estás?

-Claro, ¿cómo te va en la fiesta?

– ¿Cómo sabes que estoy en una fiesta?

Maldita sea, me cachó.

-Ah, creo que me lo comentaste el otro día, o tal vez me equivoqué de persona y casualmente estás en una fiesta, jaja.

-Ah sí, con los de siempre, ya sabes.

– ¡Qué bien! ¿Qué tal está?

Leído…

Y de repente el mundo gira más lento, como si de un apocalipsis de tratara el tiempo parece detenerse. Mira su estómago y observa su respiración más lenta de lo usual, y al mover la mano para asegurarse de que sigue viva, los dedos parecen tener un listón, controlado por un mimo que no le deja hacer movimientos más que los que él necesita. Así te tiene todos los días, como una marioneta que sonríe cuando se lo piden, y camina cuando te lo exigen.  

– ¿Quieres venir un rato? Está medio aburrido aquí.

-Claro, ¿llevo algo?

-Solo trae la hermosa tanga negra que tanto me gusta, casi no hay gente y el baño es espacioso.

Y ahí en esa habitación donde tiene tantos recuerdos con él, entre paredes blancas que por la noche se convierten en un pasional rojo, el mundo se le cae encima. Claro que solo te pediría ir para lo mismo, sexo, y para acabarla en un baño sucio de una fiesta a la que no te invitó porque en la tarde se vio con alguien más. Pero lo peor es que irás, con la maldita tanga que te pidió.

-Jajaja, ¿tienes condones o llevo?

-Ya sabes que me gusta así, no la empieces a cagar porque mejor le llamo a alguien más.

-Es broma, tonto, pásame la ubicación 😊 voy para allá.

Mientras conduce hacia la fiesta que se encuentra a 35 minutos en auto de donde ella vive, llama a Paula, su mejor amiga. Hace años que se conocen y aunque la ama, la única razón por la que la llama a la media noche es para pedirle consejos sobre cómo terminar la relación que le está arruinando la vida.

-Es que qué te digo, siempre es lo mismo, yo sé que estás cansada, pero yo igual, de decirte lo mismo todos los días y que sigas ahí con su juego que solo te hace sentir peor. Yo sé que lo de tu papá fue difícil, jamás se interesó por nada respecto a ti y de repente de pregunta cómo estás. No te culpo por hacer lo que haces, sé que en el fondo lo único que buscas es que alguien te trate como siempre quisiste, pero estás haciendo lo contrario. De verdad, te ofrezco mi ayuda con conectarte con algún psicólogo, es más, yo te lo pago, pero neta ya déjalo. Llega a mi casa y hacemos pijamada, yo invito la pizza. Por favor, Lau, no vayas.

-Mira, ya lo decidí, iré a verlo solo para terminarlo, no me tardo más de quince minutos, ve pidiendo las pizzas y yo llego más tarde. Ahora sí es real, lo prometo.

-Voy a fingir que te creo, igual pediré la pizza para cuando te termine de coger en 10 minutos y llegues llorando.

Al llegar a la fiesta, Laura siente por fin libertad, nunca había tenido más decisión de finalizar con algo. Camina por la puerta buscando entre miles de rostros la cara de Javier, y lo mira ahí, buscando alrededor de la muchedumbre a alguien. Le brinca el corazón de sobremanera, siente que la piel del pecho se estira tanto que marcas se empiezan a formar en el corazón. Y dentro de su estomago se forma uno de los bosques más bellos que hayan existido, siente crecer el pasto verde, flores de todos los colores y mariposas con las más grandes alas en el mundo.

-Ah, ahí estás, el baño está de este lado.

-No, espera, oye, vine a decirte otra cosa.

Javier la toma con fuerza del brazo mientras la encamina al baño, sin importarle que ella se resista a seguirle el paso, ni que los ojos le chillen mares mientras inútilmente balbucea unas palabras.

-Por favor, Javier, espera, no quiero más esto.

-¿Qué? No te escucho, ahorita me dices.

Laura le quita el brazo a la fuerza dejando a Javier confundido.

-Es que ya no quiero esto, estoy cansada, Javier, te amo, estoy profundamente enamorada de ti, quiero hacerte el hombre más feliz del mundo, voy a desvivirme por ti, voy a hacer lo que quieras, pero ámame, ámame como quiero que me ames, como Jaime ama a Chepita, con deseos de hacerme tan feliz que no importe nada más, por favor, ámame, escógeme a mí, elíjeme.

-¿De que me hablas Laura? Sabes a qué vienes, no te humilles así, desde hace un año hacemos esto, ¿por qué sería diferente? No tienes nada que me guste, solo unas nalgas increíbles. Es lo único que veo en ti.

Los ojos se llenaron de lágrimas y se sintió tan pequeña, como aquella vez en que su padre alcohólico la abandonó y sus palabras resonaron en su cabeza.

“Yo no quise ser papá, tu mamá me obligó, y sobre todo no quiero ser tu papá, eres berrinchuda, te portas mal siempre, igual a tu mamá, no sabes hacer caso. Mejor me marcho, no eres la niña bonita que creí que serías cuando dije que sí”.

– ¿Por qué me tratas así? Te he entregado mucho de mí, yo sé que en el fondo tienes miedo, pero podemos solucionarlo, te prometo darte mucho más de lo que tengo, solo dame una oportunidad.

-Laura, basta.

La toma por el cuello y sostiene sus dos manos con la otra.

-Sabes que lo quieres también, deja de hacer berrinche y vamos al baño.

Pasa su lengua por el cuello y aunque Laura solo siente repugnancia, por el sofocante olor a alcohol en su aliento, lo persigue al baño.

La recarga sobre la pared de ese sucio baño. Apesta a alcohol y a pipí añejada que probablemente también está en el piso resbaladizo. La acomoda con el pecho pegado a la pared y levanta su vestido color melón con flores rojas y ahí está, la tanga que tanto le gusta a Javier. Laura apaga su cerebro, así que no siente absolutamente nada, ni cuando Javier la ahorca porque eso le excita. Ahí está ella, perdiendo fuerzas y todo el amor que sentía por él. Hacía falta que la maltratara de esta manera para que pudiera alejarse de él. Sus piernas flaquean y el ruido de la fiesta se hace inaudible a sus oídos. De repente su cuerpo solo se sostiene de la mano de Javier en su cuello.

Por fin termina, Javier y el bastante amor que Laura le tuvo. Pero ahora su cuerpo ya no responde. Fue tanto el coraje que él tenía, de también confesar su cariño hacia ella, que no supo medir su fuerza, y Laura, sin saber cómo reaccionar al dejar ir el cariño por Javier, no se dio cuenta de que no podía respirar.

Por fin fue libre, por fin su amor terminó, en un sucio baño de una fiesta en una colonia cualquiera.

Cuando te enamoras de verdad ni te das cuenta. A veces escuchas música y piensas en él, recuerdas a sus manos, sus cálidos pies por la mañana y su frágil ego. Pero no te das cuenta de que tu corazón moriría por él.

Este cuento es resultado del Taller de Creación Literaria de Paradigma, periodismo de largo aliento.

Publicado por Paradigma

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