R.C.N
¿Alguna vez has sentido qué no eres nadie?, ¿has pensado qué el mundo estaría mejor sin ti?, probablemente y lo que alimenta esas preguntas es la maldita conciencia que no se calla y atormenta; sobre todo para Ariel, por lo que hizo, y lo hace reflexionar ¿cuándo volverá a ser libre?
Otro aparente día indiferente, hasta que esos malditos me empezaron a seguir, hui con un nudo en el estómago, escapaba del Cholo y el Moretón, la pandilla del Navajas; pero para mí mala suerte, donde entraba, era un callejón afuera de la escuela, olía a mota, había hombres0 borrachos tirados por toda la banqueta. En lo que corría encontré al solo vino, un perro al que le faltaba una pierna, que me provocaba gran dolor, en el momento que me distraje, apareció El Navajas, que hasta el mismísimo Diablo le temía.
-Que tranza putito, dame la hora.
-Son las…
-Ya te la sabes marica, ahora sí ya valiste; esto fue por hablarle a mis novias, que si fue para explicarles la tarea de matemáticas, ¡me vale madre!, por tu culpa nos expulsaron.
-Mira güey, hay que romperle sus libros de los barbones antiguos.
-Buena idea Cholín, corta las hojas en mil pedazos, y dale a la cabeza, para que entienda por la fuerza que ninguna se fijaría en este virgen, pues ni toma ni fuma y llora como vieja. Eso no es un hombre de a deveras.
Ese mugre joto ya me tenía harto, todo princesa y pinche alzado, siempre desde el privilegio con sus tenis nuevos; yo con lo que chambeo en la maquila apenas si me alcanzan para unos tacos de esquina, y todos los zapatos que he tenido son de segunda mano, porque el viejo se fue por cigarros.
Así que después de golpearlo, le robé la cartera y le arranqué su virgencita para que se le quite lo mocho, también le robé sus tenis, la neta si estaban bien padres, pero no sabía si me los quedaba o los vendía para la medicina de mi jefa, en lo que pensaba.
– ¡Ay!, méndigo perrucho del Ariel; suéltame animal; te voy a madrear.
El Navajas agarra una piedra del suelo con la que golpeó a Ariel, pero ahora sin alma ataca al pobre perro, sin importar sus chillidos.
– ¡Navajas!, a la cabeza no, no manches güey, ¿qué le hicistes al perro?
-Me lleva Moretón, creo que ya chupó faros.
-Eso sí, a nosotros no nos metas, bronca tuya, ahí te las arreglas, pero no cuentes con ninguno de los dos.
-Niñitas, sirvieron para una chingada, y así se hacen llamar amigos, ahora que haré, asesino no soy, tendré que seguir, nada que no arregle un licorcito y unas cariñosas, ahí vendo los tenis y me alcanza la feria en la peda, la pinche vieja ni se lo merece por golpearme y darme esta vida de pobre.
En ese momento, con un odio como el de Lucifer y un ardor en lo profundo de sí, se levantó Ariel y su impulsiva reacción fue agarrar la piedra con la que cometió tan horrible acto el Navajas, y se la lanza con toda su fuerza.
– ¡Hijueputa!, me quitaste lo único que tenía.
Se golpean hasta cuando Navajas intenta apuñarlo, Ariel le da en los bajos y en su último acto de desesperación le vuelve a aventar la roca.
Tomé un respiro y pensé, ¡qué día!, pero ya que, así es la vida.
-Oye Navajas o como chingados te llames, ya levántate, no te puedes quedar ahí tirado, hablo en serio, ¿por qué no te levantas?
-En la torre, ya no estás respirando, vamos, ¡respira, cabrón!, no, no, ¡no por favor!, yo no lo pude haber matado, no puede ser real, ¿cuándo fui que me convertí en esto?
Se queda pensando en qué hará, lo de menos era que le habían robado, sin embargo, no podía con el peso de la conciencia.
Caían gotas desde la neblina, descalzo, con su ropa hecha basura, llena de lodo y sin un peso, caminaba sin rumbo; al levantar la vista vio un camello que tenía tatuado un pentagrama.
Después de mucho vagar, logré llegar al cuchitril donde vivo y pensé cómo fue que me volví en esta cosa, pero voy a ver si mi mamá por lo menos me quiere escuchar, pues no creo que merezca saber que su hijo mató a alguien, por lo menos quiero que me abrace.
Cuando entro, veo a mi abuela tirada entre su vómito; esa no es la mujer cariñosa que recuerdo, el alcohol la destruyó, desde que murió el abuelo no ha vuelto a ser la misma, pasó de tener un carácter bondadoso a iracundo, ya no tiene conciencia de lo que hace, parece que está volviendo a nacer, ahora tengo que cuidarla, aunque tengo la literatura como distracción, quiero mi vida de antes, necesito a mis abuelos de vuelta, no soporto vivir en un lugar horrible, donde nadie me entiende, y soy visto como bicho raro, de qué me sirve el conocimiento si no soy querido.
-Abuelo, te avergonzarías, si vieras en lo que se ha convertido tu preciado nieto, cuanta falta me haces, a veces siento que no soy nadie y que el mundo estaría mejor sin mí, por eso estoy de rodillas ante tu foto, y pues te iba comprar una hojaldra para el día de muertos, pero me robó un tipejo el dinero que trabajé, así que no quiero darte lástima solo espero que si hay algo después de morir, me oigas; si hay un cielo y un infierno, lo más probable es que yo me vaya al infierno por mis acciones, y si Dios es misericordioso, ¡por qué chucha! en las iglesias meten susto con un cielo e infierno, si mi hermana no merece el infierno por haberse suicidado.
Adorné la ofrenda con lo poco que encontré en casa, no había comida ni para mí, me habían robado todo, ya ni para una pinche torta me alcanzaba, menos para la hojaldra.
Entrando a la cocina, vi a mi mamá con su novio, un hombre mucho menor que siempre fumaba con ella cigarros de marihuana, cosa que no podía cambiar. Intenté contarle de mi día, omitiendo lo que hice.
– ¡Qué milagro jovencito!, ¿dónde se hundió el sol?
-Por ahí, es que me tardé porque me robaron la cartera y los tenis.
– ¿Por qué no te fijas?, ponte macho para que no te agarren.
-Pero jefa, yo no soy fuerte.
-Pero tienes que.
-Mínimo escúchame, deja el cigarro que te está matando, oye mis problemas, no te imaginas lo que me sucede en la escuela.
-No peor que a mí, cuando seas adulto, sabrás lo que es estar preocupado, si tu obligación es estudiar, no andar pensando en otras cosas, así que tengo que ver de dónde voy a pagar tus libros, los impuestos, la medicina de tu abuela y seguir adelante con la muerte de.
-No hables de ella, aún me duele.
Agarro unos frijoles rancios que encontré y abro la puerta, pero sale el tipejo.
-Otra vez llorando, por eso no tienes morras, ya te va faltando, pues si te ves muy maricón.
-Deja a mi pobre hijo.
-A ver vieja, tú qué diablos me vas andar diciendo lo que tengo que hacer, vuelves a cuestionarme y te rompo la jeta, sabes que, mejor te la rompo ahorita.
– ¡Para!, por favor.
Sólo oía los gritos de mi madre, ese gato callejero la hacía sufrir, pero no era el primero, desde que el abuelo se fue, mi mamá siempre busca un hombre, mi papá se largó a la tienda cuando supo que mi mamá estaba embarazada.
Como mi jefe se fue a la mierda, viví sin una figura paterna, creo que por eso no me identifico con ese género, aunque tampoco como mujer; no me gustan los estereotipos.
Cada día siento que mi mamá se va convirtiendo en otra persona, aunque nunca dejará de ser mi mamá, la veo muy cambiada, quisiera ayudarla, pues no es justo que alguien la maltrate; a pesar de todo la sigo queriendo y no puedo hacer nada, ya que la he intentado convencer de que los deje, pero es imposible.
Quiero dormir, para no pensar y vivir soñando, pero al tocar la cama, pasaron horas y horas, que se convirtieron en días, donde solo, doy vueltas, pierdo la noción del tiempo y empiezo a ver esqueletos.
No volvió a salir de su cuarto; las novelas fueron su única compañía, pero al pasar tanto tiempo sin dormir, tan aislado, buscaba una forma de escapar, tener una vida diferente, así que silenciosamente, Ariel baja por las pastillas de su abuela, se toma una, nada pasó, a la segunda, tercera y cuarta tampoco, así que se acabó el bote y fumó unas hiervas que tenía su mamá, donde después su cuerpo ya no pudo más, y empieza a ver un ser amorfo que lo sigue, con ojos por todas partes que empezaron a salirle de las manos y lo acosaban todo el tiempo, parecido al monstro que había visto antes; así que escapó de él, por un camino rocoso, que después de mucho correr nota que es un lugar interminable, y se da cuenta que es la luna sangrando, donde camina sin destino, cae en un hoyo y ve a lo lejos un ruiseñor perseguir un pez, lo vuelve a ver y en cenizas pereció.
Soledad, la única compañera que tendrá para siempre, en un mundo que arde, donde seis demonios, le recuerdan lo réprobo que es. Uno era una manzana, que evocaba una luz en toda la tiniebla, pero al intentar morderla, aparece un demonio muy gordo, sin un brazo, seis cuernos, ojos en toda la cabeza, cola de toro, alas cortadas y parecía que lo habían desollado, como unas ratas que habían sido quemadas, y se transforman en un ro0edor esquelético gigante, que con ayuda del otro ser, empiezan a calcinarlo vivo, como se los hicieron a ellos, intentó huir, pero sale el tercero, incinerado como los dos primeros; este parece un minotauro, poseyendo seis brazos y seis espadas, siempre presumiendo de su inmensa musculatura, también saca fuego de las manos. Los otros dos, son diferentes, uno tiene patas de tarántula pero gigantes, con una boca del tamaño del sol, y colmillos como rey riquezas, devora todo a su paso; para su desdicha solo lo perfora en su mandíbula, sin embargo parece que no puede morir, el siguiente, parece no estar, solo observa una cueva, aparentemente lo tiene todo, pero al adentrarse más, e intentar tocar algo de ese lugar, desciende a un averno inexplicable que mágicamente desaparece y ahora solo conoce la nada, por lo menos es mejor no sentir a sufrir, pero que es lo que se nota en la lejanía. ¡Vikingos!
-Carne fresca, matáoslo.
-No, voy a morir.
Y recorrió un laberinto, el cual era fácilmente descifrable, pero aquellos hombres, tan altos y veloces como esos guerreros de las cruzadas que leía en su infancia; mientras otros niños ya empezaban a alcoholizarse, él se fascinaba por aquellas historias, no consideró que al final del camino, esos salvajes lo terminarían superando en velocidad y lo fusilarían.
Pero el destino le sigue jugando en contra; maligna existencia banal, otra vez los demonios, no por favor, pedía ayuda, por lo que más rogaba dejen de quemarlo con el pentagrama.
Una niña muy pequeña escapa de un lobo. – ¡Ay!, suéltenla. Y tiene un borroso recuerdo, ve hombres correr y dos pequeños niños lloran mientras ven a un lobo feroz, mitad gorrión y pescado en su cuarto, donde muy veloz al entrar, cierra la puerta, y se escuchan gritos de agonía, al salir el lobo, dos pequeños con el cuerpo destrozado, han perdido la inocencia.
Ariel aprecia algo a lo lejos, una luz perpetua, extinguía todo, al lobo, a los seis demonios y ese lugar, peor que cualquier pesadilla, y un ser con cuatro caras, que parecían mezclarse entre sí, la de un águila, león, buey y la última una humana, con alas resplandecientes para volar y otras que cubrían su cuerpo, tenía dos patas, y cascos de toro que parecían oro. También logra ver ruedas gigantes de ojos, más brillantes que toda la riqueza terrenal, borran todo lo malo y el delirio se va acabando, aunque a estas alturas no sabía si era un efecto de la droga, de su locura o solo era un efímero sueño; camina por una calle gris, donde muy lejos, se ve un hombre con chaqueta, y sombrero que cubría su cara, todo era completamente gris, se acerca a la banca y el sujeto le habla.
-Veo que tu camino está cobrando sentido, emergiendo de las cenizas.
– ¿Quién eres?
-Eso no importa, sólo te recordaré algo, tú eres Ariel, y nada ni nadie lo cambiará, vive, pues ese atardecer no es comparable.
Al principio, no entendió bien que le ocurría, pero todo fue un viaje por sus memorias aparentemente olvidadas, desde los miedos y obsesiones más profundas, ahora sabía bien, que ni ante las peores circunstancias, perderá la libertad de pensar y seguir viviendo, la respuesta siempre estuvo dentro de él, aceptarse y amarse como es, por lo que si él pudo, cualquiera puede, aunque no haya amor externo, mientas lo tengas, con eso basta para toda la vida, a la tumba nada te vas llevarás.
Ahora vivirá cada momento, sin pensar en la eternidad, pide perdón más que a un Dios, a la vida en general con toda el alma, para eliminar las culpas, no pensar en el mañana y disfrutar.
-¡Qué alegría!, la vida le cobra color, se rompen sus cadenas, aletea la mariposa monarca, simplemente respira.
Este cuento fue producto del Taller de Creación Literaria de Paradigma, Periodismo de Largo Aliento.
