
Tras el declive del sistema mundo después de la Segunda Guerra Mundial, muchos han sido los intentos de presentar una alternativa al pensamiento, la cultura y la política occidental. Proyectos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el Grupo de Puebla, las comunidades panafricanistas y demás foros multilaterales de cooperación han sido muestra de ello.
Sin embargo, en un ambiente posmoderno como en el que vivimos, los frutos de éstas agrupaciones de países no han sido del todo exitosos: basta ver ejemplos como el del Unasur, que se ha visto entorpecido por las enormes diferencias políticas que las transiciones ideológicas han dejado en América Latina tras los procesos electorales del siglo XXI.
Sin embargo, la nación que, desde la Guerra Fría sigue necia a formar un bloque diverso y diferente al hegemónico en el mundo es Rusia, que esta semana organiza el foto de los BRICS, en la ciudad de Kazán.
Originalmente, el grupo de los BRICS surgió gracias a que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica lideraron sus economías regionales a inicios del presente siglo. El origen del bloque no fue algo del todo planeado; en 2001, el británico Jim O’Neill, director del área de investigación económica del banco de inversiones Goldman Sachs, en Nueva York, fue quien acuñó el término debido al éxito de las economías de dichos países, entonces sin Sudáfrica, que se añadió después.
No obstante, el empoderamiento que sus éxitos financieros les dio a dichas naciones les hizo conjuntarse para acrecentar éste tipo de ideas muy al estilo del nuevo Sur Global, que más que ser un concepto geográfico, es una idea política, social y cultural.
Por eso es muy trascendente que en la cumbre que se realizará del 22 al 24 de octubre estará presente el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, quien, además, se reunirá con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el próximo jueves.
Dicha presencia tiene varias aristas: la primera y más importante es que Putin no va a la ONU, la ONU va a Putin en el contexto de la guerra que su país libra contra Ucrania; esperaríamos que Guterres clame por la paz y trate de convencer al mandatario de hallar una salida diplomática en el tema bélico.
Sin embargo, y esa es otra de las aristas, hay otra guerra que le interesa mucho a Guterres, que es la que se libra en Oriente Medio: la ONU no se ha posicionado sobre el conflicto en Ucrania tanto como lo ha hecho en el caso de la batalla entre Israel, Hamás y ahora Hezbolá.
En ese sentido, sería interesante pensar en un Guterres que, desesperado por la crisis humanitaria y la muerte de casi 300 integrantes de las Naciones Unidas en Gaza, pida a Putin un apoyo en la balanza geopolítica de Oriente Medio.
Asimismo, en Líbano, los cascos azules de la ONU han sido asediados por Israel, lo que, si pensamos en la ONU como un actor internacional, pondría sus intereses en contra del país hebreo y haría que Guterres, su dirigente, busque generar alianzas.
No es normal que la ONU sea parte de foros multilaterales; los BRICS ya no son sólo cinco países, en la cita estarán una veintena de naciones que buscan nadar contra la corriente de un sistema mundo que no puede ocultar su decadencia económica social y ambiental, y, aunque dos decenas de países suena poco, con la sola presencia de Brasil, China, India y Rusia el encuentro ya da de qué hablar.
Foto: Reuters
