Por Gustavo Reyes
Pongo una lágrima inmensa
ante tanto desmadre humano,
si es que hay humanidad
en lanzar los hijos a la guerra
por espurios intereses,
en no dejar mirar
profundo en los ojos de los hijos
a las madres que parten.
No soy Dios, no soy un bálsamo,
un mágico anti dolor para tu pena;
y aunque en singular expreso,
mi verso es tan plural
para una madre palestina,
ucraniana, rusa o cubana.
Pongo una lágrima inmensa
que no sabe de fronteras,
ideología, credo o raza.
Pongo una lágrima inmensa;
ridículo mi verso empequeñece
para esta oda a ti, madre,
y les venero.
No soy Dios, no soy un bálsamo,
un mágico anti dolor
para acallar sus penas.
Soy tan solo un mínimo escriba
con sus versos.
Allí donde estés, madre en plural,
recibe este homenaje.
