Tomar decisiones con conciencia: entre la intuición y la lógica

Tomar decisiones es una acción cotidiana que puede convertirse en uno de los mayores desafíos. Algunas elecciones parecen simples, pero otras nos confrontan con dudas como ¿qué camino seguir?, ¿qué soltar?, ¿qué priorizar? En esos momentos, buscamos claridad. Y ahí es donde entran en juego dos fuerzas que muchas veces parecen enfrentadas: la intuición y la lógica.

La lógica nos invita a pensar, a analizar escenarios, a revisar pros y contras. Es útil, necesaria y nos protege de actuar impulsivamente. Nos ayuda a estructurar la realidad y tomar decisiones que se sostienen en argumentos y datos. Pero si nos quedamos sólo ahí, corremos el riesgo de paralizarnos buscando certezas imposibles o de tomar decisiones correctas desde lo mental, pero desconectadas de lo que realmente sentimos.

La intuición, por otro lado, es esa voz interior o corazonada a veces indescriptible. Es aquello que sentimos dentro pero que poco tiene que ver con la razón. A veces, esa voz puede anticiparse a lo que aún no logramos entender completamente o puede decirnos lo que necesitamos escuchar aunque no nos agrade del todo. No siempre es cómoda, pero suele ser honesta.

Ambas fuerzas tienen valor. Pensar sin sentir nos aleja de nuestra verdad. Sentir sin pensar nos puede llevar a caminos confusos. Por eso, tomar decisiones con conciencia no es elegir entre una u otra, sino aprender a escuchar ambas.

La clave está en detenerse. En darnos un espacio para hacer silencio y conectar con lo que realmente está en juego. Preguntarnos no sólo “¿qué debo hacer?”, sino también “¿qué necesito?”, “¿qué me dice mi cuerpo?”, “¿qué estoy evitando ver?”, “¿qué parte de mí tiene miedo y cuál desea avanzar?”. Escuchar esas respuestas internas con apertura y luego contrastarlas con un análisis sereno nos permite actuar con más coherencia.

No hay una fórmula perfecta. En ocasiones la intuición es clara y directa, mientras la lógica nos ayuda a ordenar ese impulso. Lo importante es no invalidar ninguna de las dos. Ambas hablan desde partes esenciales de nuestro ser.

En un mundo que valora la razón y desconfía de lo invisible, aprender a confiar en nuestra brújula interna es un acto de autorealización.

Publicado por Paradigma

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