
Esta es la primera entrada de esta nueva columna que he titulado Vida maravillosa, en honor a uno de los libros que más han influido en mi vida: Wonderful Life, escrito por uno de los grandes divulgadores científicos, el paleontólogo Stephen Jay Gould. La lectura de ese libro cambió por completo mi forma de ver la naturaleza, y en particular, la vida.
Lo leí a mitad de la carrera, y fue entonces cuando decidí que quería dedicarme a estudiar la evolución de la vida en la Tierra a través de la paleontología. Desde entonces, han pasado más de quince años en los que he trabajado con el registro fósil, combinando conocimientos de la biología y la geología.
Este camino ha resultado ser, sin duda, maravilloso. Me ha permitido hacer viajes de cientos de millones de años hacia el pasado. Cuando uno visita las localidades fósiles de México, puede ver en las rocas el origen de nuestra majestuosa biodiversidad, que a su vez se refleja en la enorme riqueza cultural del país.
En esta aventura he tenido el privilegio de aprender de grandes profesores —algunos del presente y otros del pasado— que han dejado sus ideas plasmadas en libros y artículos. Esos textos me han llevado a explorar diversas formas de pensar, y han enriquecido mi manera de ver el mundo. Porque la ciencia es también una parte fundamental de la cultura, una herramienta valiosa que nos ayuda a comprender tanto el mundo que nos rodea como a nosotros mismos.
Por eso, me he propuesto escribir aquí cada semana una pequeña reflexión sobre algún tema relacionado con la ciencia —sobre todo de biología y geología, aunque puede que de vez en cuando se cuele algún otro. Esta columna no pretende enseñar ni educar, sino simplemente compartir algunas de las preguntas, curiosidades e ideas que me surgen al observar y tratar de entender este mundo tan fascinante.
La ciencia, como mencioné, es cultura… y también puede ser entretenimiento. Al menos para mí, es una fuente constante de asombro y disfrute.
Bienvenidos a Vida maravillosa.
*Sergio González Mora estudió la licenciatura en Biología, así como la maestría y el doctorado en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sus líneas de investigación se enfocan en el estudio de las faunas fósiles de briozoos en México y otros invertebrados marinos. Ha publicado diversos artículos y capítulos de libros, en colaboración con otros especialistas, sobre paleontología de invertebrados. Su trabajo puede resumirse en una idea clave: estudiar a los seres vivos del pasado para comprender mejor los problemas del presente. Ha sido profesor en las carreras de Biología y Matemáticas Aplicadas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, así como en la Universidad de San Carlos de Guatemala. También le interesan los aspectos éticos de la paleontología, la divulgación de la ciencia y su enseñanza.
