
Una historia de cuando Ganesh era pequeño es una lección de empatía para quienes escribimos.
Ganesh era un niño muy inquieto y juguetón. A la primera oportunidad corría a jugar en las laderas del monte Kailash. Un día soleado mientras retozaba en uno de los prados alrededor de su hogar, se encontró un gato quien descansaba con placidez y ronroneaba con satisfacción bajo los cálidos rayos del sol. El pequeño Ganapati, siempre en busca de diversión, pensó entretenerse haciéndole una broma inocente al felino. Con esta intención se movió sigiloso y cuando estuvo cerca tomó al gato por la cola. El animalito, sorprendido en su descanso, intentó liberarse pero el pequeño pensó que jugaba y retuvo el rabo entre su manos pese a que se retorcía y maullaba de dolor. El niño divino no se dio cuenta del sufrimiento y no lo soltó de inmediato; así que el felino debió luchar con muchas fuerzas para librarse y correr con todas sus fuerzas a refugiarse en unas piedras. Ganapati intentó pescarlo pero aunque podía meter su mano en una hendidura de las rocas, no lo logró; y sin importar cuánto se lo pidiera, el animalito no volvió para jugar con él.
De regreso a su casa, Ganesh comenzó a sentir con intensidad hambre. Cuando llegó a su hogar llamó a su mamá para que le sirviera algo de comer. Cuando apareció Parvati con la comida, el niño notó que estaba cubierta de polvo, despeinada y con algunos moretones por el cuerpo que a todas luces le causaban dolor. El hijo se enfureció de inmediato y preguntó: “¿Quién en los tres mundo se ha atrevido a lastimarte, mamá?” Con ojos compasivos, Parvati le dijo: “Fuiste tú, hijito.” “Pero… No entiendo… ¿Yo? ¿Pero cuándo?, ¿en qué momento, mamita? No recuerdo nunca haberte levantado la mano, mucho menos lastimarte.” “Recuerdas al gato a quien maltrataste en la ladera?” Entonces toda la perplejidad desapareció, de súbito, Ganesh lo recordó: su madre es la Madre Universal, quien da vida a todas las criaturas. Si ella era la madre de todo en la creación, entonces una parte de ella existía en cada ser viviente. Cuando cualquier criatura sufre dolor, ese sufrimiento también lo experimentaba Parvati. Su omnipresencia en cada criatura hacía que el dolor del gato con el cual había “jugado” y forcejeado era un dolor y un maltrato a su propia madre. Las lágrimas saltaron de los ojos del niño y con humildad y profundo arrepentimiento le pidió perdón. Ahora era consciente: al lastimar al gato había lastimado a Parvati. Se limpió los ojos y le hizo un juramento: “Nunca más haré sufrir a nadie, mamá”.
La lección central para Ganesh en esta historia (que el sufrimiento de una criatura insignificante en apariencia está conectado con el sufrimiento universal) tiene profundas implicaciones para quienes escribimos. Esto nos enseña que la empatía no es sólo una virtud moral, sino una necesidad creativa fundamental. Para los escritores que nos inspiramos en El Señor de los Escritores, sugiere que la capacidad de sentir genuinamente las experiencias de otros, incluso de aquellos distintos a nosotros, es esencial para crear textos que resuenen con verdad y profundidad. Así como Ganapati descubrió que el gato y su madre se conectaban en una red invisible, quien escribe debe reconocer la humanidad compartida conectando a todos los personajes, sin importar cuán centrales o periféricos sean en su narrativa.
El principio del karma, tan vívidamente ilustrado cuando Ganesh ve las heridas del gato reflejadas en el cuerpo de su madre, nos ofrece a quienes escribimos una metáfora para la coherencia narrativa. En una historia bien construida como en la vida, según la concepción hindú, las acciones deben tener consecuencias apropiadas y significativas. El Señor de los Escritores, nos recuerda a través de esta experiencia que las decisiones narrativas no existen en el vacío. Cada elección del escritor, desde el desarrollo de personajes hasta los giros argumentales y el lenguaje utilizado, crea ondas que afectan a toda la obra. La integridad de una creación literaria depende de este reconocimiento de la causalidad y la interconexión. Así como Ganapati aprendió que el gato se conectaba con lo divino, los escritores bajo su patronazgo debemos prestar atención a los detalles, personajes y momentos menores en apariencia. En los textos verdaderamente significativos, incluso los elementos más pequeños pueden contener semillas de profunda verdad y belleza. Esta lección nos anima a considerar con cuidado cada aspecto de nuestra creación: el personaje secundario podría revelar una verdad crucial, el detalle ambiental podría resonar con el tema, o la frase casual puede contener la esencia de toda la obra.
El arco de transformación de Ganesh en esta historia, desde su inconsciencia juguetona hasta la comprensión compasiva, nos ofrece un modelo para el desarrollo de personajes. Los personajes más memorables siguen un camino similar: Error, Reconocimiento (o Anagnórisis) y Transformación. Además, este patrón refleja el proceso de revisión en la escritura. Así como Ganesh reconoció su error y juró cambiar, quienes escribimos debemos estar dispuestos a reconocer las debilidades en el borrador inicial y comprometernos con el proceso de transformación que es la revisión.
La tensión en la historia entre el espíritu juguetón de Ganapati y la responsabilidad que debe aprender refleja una dualidad central en el proceso creativo. La escritura requiere tanto libertad lúdica como disciplina responsable. El Señor de los Escritores, encarna esta dualidad: es a la vez el niño travieso y el sabio que comprende las consecuencias profundas. Bajo su patronazgo, los escritores estamos invitados a cultivar tanto la espontaneidad creativa como la consideración ética de nuestro trabajo.
El hambre de Ganesh después del incidente simboliza la necesidad de nutrición que surge cuando nos desconectamos de los principios de armonía y compasión. Para quienes escribimos, nos sugiere lo siguiente: las obras sin profundidad ética o emocional dejarán tanto al creador como al lector con una sensación de vacío. La verdadera satisfacción en el escribir viene de crear obras que nutran el espíritu humano, al ofrecer no solo entretenimiento o información, sino también sabiduría y conexión.
La historia de Ganesh y el gato, nos recuerda que la escritura no es sólo un acto técnico o artístico, sino una acción con dimensiones éticas y espirituales. Ganapati, quien aprendió a través de su propia experiencia sobre la interconexión de toda la vida, ofrece a quienes escribimos un modelo de creación consciente, una aproximación a la escritura donde se reconoce su poder para herir o sanar, para oscurecer o iluminar, para separar o conectar.
