¿Qué tal si…?, ¿Y si…?

…«no tengo a nadie, a nadie, solo al miedo, aferrados convulsivamente el uno al otro rodamos a través de las noches».

Franz Kafka: Cartas a Milena.

Sandy, 18 años.

Era miércoles, salí de casa muy temprano para ir a la universidad. Estaba oscuro. Antes de yo dar vuelta en la esquina, apareció un coche de la nada, dos hombres se bajaron, uno con pistola en mano y otro con un cuchillo se acercaron a mí, tomaron mi mochila y e pidieron el celular. Sentí un calor en mi cuerpo y algunas gotas de sudor recorrieron mi espalda, apreté la mandíbula y empecé a respirar agitadamente. De mi boca solo salió una frase: “no te lleves mis cuadernos”. Ahí tenía los apuntes de todas las materias, dos meses de clases bien registrados y debidamente ordenados; me servirían para el examen final, pero ya no están. Pasó todo tan rápido… los dos individuos se subieron al automóvil y se fueronRegresé a casa corriendo, toqué la puerta como desesperada, necesitaba ponerme a salvo. Abrió mi madre extrañada por mi regreso. —¿Qué sucedió?, ¿no ibas ya para la escuela?, preguntó ella. —Acaban de asaltarme. Tenía ganas de gritar, pero solo lloré…

¿Qué tal si me hubiesen subido al automóvil?, ¿Y si me hubiesen secuestrado?, ¿Qué tal si ya no hubiese podido ver a mi papá, a mi hermano y a madre?, ¿Y si me hubiesen desaparecido? He visto muchas veces en las noticias cómo secuestran a las chicas, se las llevan en autos y ya no regresan. Toda la noche pensé en eso, al día siguiente, temí salir…

Esther, 53 años.

Mi madre ha estado muy enferma. Llevo un mes yendo y viniendo del hospital, debo estar presente como familiar responsable de ella, “diabetes mellitus”: falla renal, el pie derecho comenzó a gangrenarse y es posible que se lo amputen…

¿Y si muere?, ¿Qué tal si ya no puede pasar navidad con nosotras? Solo somos mi hermana y yo. Por azares del destino no nos hemos casado. ¿Y si el doctor dice que ya no puede salvarse? Es una mujer de 89 años con una enfermedad crónica que está acabando con ella lentamente. ¿Qué tal si nunca sale del hospital, salvo en una caja y con los pies por delante? ¿Y si a mí también me da diabetes? Todas estas preguntas y muchas otras invadían mi mente, cada noche en vela, en esa banqueta, junto a otras personas que esperaban afuera del hospital. Creo que también sentían temor, sí, temor a que la enfermedad les arrebatara a su ser querido. Lo veía en sus rostros…

Así son esas banquetas, camellones y jardineras frente a las clínicas de seguridad social… Los conductores en los autos nos miran, somos para ellos una exhibición de caras largas, un mural de cuerpos con ojeras en el rostro, café en mano y un fólder amarillo, maltratado y manchado con grasa de tamal. ¿Y si mi madre muere…?

Alma, 45 años.

Sonó la alarma sísmica, sentí una opresión en el pecho, corrí a la puerta de la cocina y me aferré al marco. Empecé a hiperventilar. Podía ver que la boca de mi marido se movía, pero no escuchaba palabra alguna, Entre él y mi hijo, intentaron soltarme del marco, pero, en ese momento tuve más fuerza que ambos, aun así, de algún modo lograron que me soltara. Lograron sacarme de la casa…

¿Qué tal si la casa se hubiera derrumbado?, ¿Y si no hubiesen podido sacarme?, Mi hijo pudo haber muerto por mi culpa, por no saber afrontar esa situación, no sé qué me pasa, pero no puedo, solo me paralizo y mi cuerpo ya no responde… ¿Qué tal si la casa se derrumba sobre nosotros? Era 19 de septiembre del 2017, en las noticias: edificios derrumbados, gente atrapada entre los escombros. La ciudad, paralizada por un sismo de 7.1 en la escala de Richter. ¿Y si hubiese perdido a mi familia?, ¿Qué tal si ellos me hubieran perdido a mí?

Emmanuel, 9 años.

No me gusta dormir solo, papá insiste en que no pasa nada, dice que ya estoy grande como para tener miedo a la oscuridad. Pero yo me acuerdo que cuando tenía 5 años, él me decía que me durmiera, o si no, el coco vendría a comerme, desde entonces, le temo a la oscuridad porque, lo que ellos no saben es que vi una película de terror en la Tablet que me regalaron de cumpleaños; mi mamá estaba ocupada y mi papá estaba trabajando. En la película, lo feo pasaba de noche…

¿Y si de verdad existe?, ¿Qué tal si me pasa algo? —Mamá, deja la luz prendida, por favor. —No tengas miedo, hijo, tu papá y yo estamos al lado.

Lorena, 22 años.

Temo fallar, me asusta no cumplir las expectativas de mi papá, él es muy exigente y siempre me dice que espera de mí lo mejor, empezando por graduarme con honores y siguiendo con obtener un buen trabajo. “Aprobada con mención honorífica”, eso dijo uno de los sinodales después de presentar mi tesis. Toda la familia estuvo en el examen, mi madre insistió en invitar a sus dos hermanos y a la hermana de mi papá; los tres son profesionistas, incluso, mi tía tiene un doctorado en Ciencias Políticas. Papá es médico, tiene una especialidad en cardiología.

¿Qué tal si no hubiera pasado el examen? La decepción total, una épica falla frente a toda la familia. Estudié como loca durante un mes para presentar ese examen, más el año que me tomó hacer la tesis. “Ya te estás tardando”, me dijo mi padre a los 10 meses, él consideraba que seis meses bastaban para concluir una tesis, si se es bueno, y yo, yo debía serlo ¿Y si hubiese dicho que prefería estudiar algo relacionado con el arte?, ¿Qué tal si se enteran que no ejerceré la carrera?

No sé cómo decirles…

Alan, 31 años.

Sobre pienso todo el tiempo, pase lo que pase y aunque no pase. Mi cabeza no para, en ella hay un tren interminable de ideas, a veces va a toda velocidad; en otras ocasiones, avanza lento, pasando por el mismo lugar una y otra vez. La psicóloga me explicó que son pensamientos recurrentes e intrusivos, también me enseñó a respirar, dice que eso ayuda a reducir el nivel de activación de mi cuerpo: “inhala -4 segundos-, mantén el aire -7 segundos-, exhala -8 segundos-“, no lo logro y me enfada, intentando relajarme consigo desesperarme.

¿Y si sucede esto…?, ¿Qué tal si pasa aquello…?, ¿Y si piensan de mí…?, ¿Qué tal si me equivoco en…?, ¿Y si en lugar de haber dicho…?, ¿Qué tal si tengo alguna enfermedad del corazón?, —Estás en perfectas condiciones, Alan, tu electrocardiograma salió bien, los análisis de sangre, todo bien; oxigenación y glucosa, bien. —Pues no lo siento de esa manera Dr. Rodrigo, me duele el pecho, siento que me falta el aire, me agito con facilidad… ¿Qué tal si me dio COVID y fui asintomático?, eso deja secuelas. ¿Y si no puedo resolver este problema?, ¿Qué tal si necesito ir al psiquiatra?

Disfrutar de la vida y sus buenas experiencias no es para mí, siempre estoy preocupado por algo, apurado por lo que sea, trato de evitar no sé qué peligros; como el Quijote, donde hay molinos veo gigantes…

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Éstos son mis rostros, así existo, así vivo desde tiempos remotos, precavida, cautelosa, también alarmista, desesperada, angustiosa; empapada en sudor, temblorosa, agobiada. Tengo enemigos: la incertidumbre, las premoniciones, el mal augurio, el fracaso, la perfección, la soledad. Con todo y eso, soy una aliada, si sabes cómo caminar conmigo cuidando tu retaguardia… Soy la ansiedad, tú ansiedad.

¿Para ti, qué rostro tengo?

Publicado por Paradigma

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