¿Qué esperar de la muerte?

Por Máximo Cortés Coria

Hace unas semanas, navegué por mi perfil de Facebook y accedí a la sección de amigos. Entre todo el cúmulo, encontré el perfil de una persona que falleció hace ya algunos años. En su muro, lo que pasó de fotos familiares, de viajes y recuerdos, se transformó en remembranza, añoranza y una evocación anual de lo que fue, alguna vez, su cumpleaños. El sentimiento fue extraño: está ahí, en ese espacio, pero a la vez no lo está. Una vez superado el límite de la vida, ¿qué se puede esperar?

Trascender significa, según la Real Academia Española, estar o ir más allá de algo. En la filosofía de Kant, lo trascendente es todo aquello que rebasa los límites del conocimiento. La muerte es un concepto trascendente. No hay una única manera de explicar la gigantesca noción que significa, incluso si se cierra a un solo círculo de religión. Una vez escuché a un fraile decir que San Pedro recibiendo a los muertos y cuidando las puertas celestiales era una caricatura, que no existe tal cosa. Cada persona interpreta a su gusto; por eso también existen más mentiras que verdades.

Lo que sí se puede explicar es lo virtual en el campo fúnebre. El filósofo francés Pierre Lévy menciona que no se debe forzar estrictamente a la palabra virtualidad con lo ilusorio, lo falso, la potencia contenida en su etimología. Define la virtualización como una mutación de identidad y del desplazamiento del ser. Así como alguien puede existir físicamente, existe virtualmente en una credencial, en una fotografía, en una firma. En un velorio, el muerto existe dos veces: en el ataúd y en el retrato que la familia colocó a un lado.

Por ello, resultaría insólito decir que ya no hay trascendencia si existe la virtualización del ser. Y se vuelve más terrorífico cuando se transforma en una proyección que supera a más sentidos.

Recientemente, distintos actores y actrices de doblaje en México protestaron contra el uso de herramientas que permiten la clonación de voz, esto después de que la cuenta de TikTok del Instituto Nacional Electoral empleara la voz del fallecido actor José Lavat para uno de sus videos. Es muy fácil acceder a una inteligencia artificial para copiar voces (la mayoría ya piden un incentivo económico para su uso). Con solo fragmentos de audios, puedes replicar a una persona, viva o muerta.

Ya no es ficción. Armando Roa dijo que la posmodernidad se caracteriza por un nulo respeto a la vida. ¿Qué pasará cuando ya no sea solo la voz, sino también todo el cuerpo? Que la tecnología capitalice la muerte. Es difícil, pero debe asimilarse. Somos los protagonistas de la realidad del espejo negro.

Publicado por Paradigma

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