
Jaime Coello Manuell
Esta vez reflexionaremos en la historia de un ladrón quien mediante la devoción a Ganesh consiguió llegar al paraíso al final del texto.
El sabio Purusundi alcanzó Swanandaloka a través de su sincera devoción, lo que subraya la importancia de la devoción como camino hacia esta morada. La historia de Purusundi ejemplifica cómo la devoción y la búsqueda espiritual pueden conducir a Swanandloka, la morada de Ganesh, un lugar de conocimiento y dicha. Purusundi fue un antiguo sabio que vivió durante el Treta Yuga, la segunda era de la tradición hindú, la del avatar Rama, el mismo del Ramayana; cabe recordar que nosotros vivimos en la cuarta y última era de esta tradición, Kali Yuga. El nombre anterior de Purusundi fue Vipradhan y antes de alcanzar la categoría de sabio divino fue un cazador y ladrón desalmado.
En un bosque cerca de la frontera de la ciudad de Nanthuram. Vipradhan se dedicaba a cazar animales para ganarse la vida, pero una grave sequía azotó su tierra y lo sumió en la pobreza debido a la falta de presas. Desesperado, no encontró mejor solución que robar, actividad cuyo ejercicio le transformó en una persona malvada sin compasión ni bondad hacia nadie. Solía tender emboscadas y golpear o matar a los transeúntes en los senderos del bosque para tomar su dinero, joyas y cualquier objeto de valor. Un día, Vipradhan se escondía tras un árbol a la espera de alguien a quien robar y vio a un joven brahmán caminando. Suponiendo un buen botín, desenvainó su espada y lo persiguió. El joven brahmán huyó tan rápido como pudo. Tras una larga y vana persecución, el ladrón desistió y quiso regresar a su guarida. En el camino, en medio del bosque, vio un templo con un estanque. Para calmar la sed y el cansancio, se metió en el aljibe, sació su sed, se bañó y luego descansó a la sombra de un gran árbol.
En ese momento, un gran rishi se dirigía al templo, Mukkala Munivar, quien fue un sabio mencionado en el Vinayaka Purana como un devoto de Vinayaka (otro nombre de Ganesh que significa “El que es líder de todos lo obstáculos” o “El removedor de obstáculos”). Al verlo llegar, Vipradhan levantó su espada para matarlo. El rishi no tuvo miedo, al contrario, sonrió y lo miró con compasión. El ladrón, quien solía ver a sus víctimas gritar de miedo, se encontró por primera vez a alguien diferente, y el amor y la compasión que presenció en los ojos de Munibar lo hicieron sentir distinto. Como resultado del influjo de esa mirada, experimentó cambios en su mente y la espada se le cayó de la mano. Se tiró a los pies del sabio y suplicó: “Oh, mi señor, soy un gran pecador, por favor perdóname y muéstrame un camino recto para seguirlo”. Aún sonriendo, el rishi le contestó: “Pero hijo, ¿quién soy yo para perdonarte? Quien preside este templo es Ganesh, a él implora misericordia. La gracia de Vinayaka es tal que puede convertir un palo seco en un árbol enorme… Primero, báñate en el estanque sagrado, esta vez pensando solo en él, y regresa aquí”. Vipradhan volvió a bañarse y regresó junto a Munibar, quien puso la palma derecha sobre su cabeza, lo bendijo y le compartió un mantra de Ganapati: “Om Sri Ganesaya Namaha”. Luego plantó un palo de madera muerto en el suelo y, antes de irse, le dijo: “Vierte agua aquí todos los días y piensa siempre en Ganesh, canta el mantra que te enseñé y él te bendecirá”.
El ladrón reformado, sentado cerca del palo, vertía agua tres veces al día y cantaba el mantra con devoción. Así pasaron muchos años. El palo creció hasta convertirse en un árbol enorme con ramas, hojas y flores. Cuando regresó el rishi, se asombró al encontrar el árbol y también del amor y la devoción del antiguo cazador. Con la mano, le roció agua bendita de una pequeña vasija y, con eso, los pecados del reformado se limpiaron. Por la gracia de Ganapati, una probóscide apareció en medio de sus cejas asemejando su cabeza a la elefantina de Ganesh. Debido a esta trompa, fue conocido como Purusundi y vivió allí mucho tiempo. Antes de irse, Munibar lo volvió a bendecir y le dijo: “Hijo, puedes permanecer aquí muchos años antes de llegar a los sagrados pies de Ganapati, y el árbol crecerá aún más como un Kalpakavriksha que te proveerá cuanto necesites. Además,Vinayaka morará entre los árboles de este bosque, y la gente los adorará al mismo tiempo que lo adoran a él. Y así fue, el árbol comenzó a conceder deseos y Purusundi ayudó a miles con él. Indra, atraído por el Kalpakavriksha, se acercó a Purusundi y le pidió el árbol divino que concede los deseos para llevarlo a su propio cielo, donde viven todos los dioses o devas. Purusundi le entregó el árbol divino y continuó su penitencia a Vinayaka. Al ver su noble acto, Ganesh le concedió la liberación de la rueda de las encarnaciones y la residencia en Swanandaloka.
Vipradhan fue ladrón, como los artistas, porque es inevitable que roben, me explico: aquello escrito por cualquiera de nosotros no viene de la nada, en cada texto, se puede apreciar su genealogía más o menos con claridad, es decir, cuántos y cuáles textos ha leído su autor. Incluso hay quien sostiene que en cada texto están implicados todos los demás de esa misma lengua. Alguien “original” se inspira y toma aspectos de otros escritores cuyo trabajo le merece respeto, estos forman parte de cómo concibe uno su propia escritura y a lo que aspira, no puede ser de otra manera: quien nunca ha leído escribirá pobremente y de manera mediocre. Lo cruel y despiadado en plagiar, recortar trozos de textos ajenos y presentarlos como propios, este fraude es hermano del robar para acrecentar el caudal personal sin mayor esfuerzo que golpear, despojar y matar al prójimo.
No puedo dejar pasar el crecimiento de una trompa entre las cejas de Purusundi. De entrada parece raro, por decir lo menos, pero si no lo tomamos al pie de la letra sino como metáfora de cómo la palabra se convierte en un órgano tan versátil como las manos humanas, puede volverse un aliciente para seguir en el desarrollo y ejercicio de la escritura, la cual, como la devoción a El Señor de los Escritores, puede convertir nuestra “pluma” en una “probóscide” que nos nace entre las cejas…
El momento cuando Vipradhan queda expuesto a la mirada, que yo imagino profunda, amorosa y desarmadora, de Mukala Munibar lo interpreto como ese instante cuando descubrimos que podemos escribir y lo hacemos, soltamos la pluma y luego de un lapso tenemos ante los ojos un pedazo de nosotros que ya no somos aunque veamos con claridad nuestro reflejo en las palabras, así sea un texto tan “objetivo” como una noticia o un trozo de código. Escribir genera una distancia entre lo escrito y quien lo escribe, pone, digamos, materia de por medio, un programa, un reportaje, sentimientos, experiencias ideas o fantasías propias. Esta distancia, nos permite evaluar lo escrito porque lo hemos sacado de nuestro ser. Una vez escrita se puede aventurar una explicación, razones y causas del porqué de la Historia y la materia noticiosa, porqué sentimos cuanto sentimos, qué causó la falla en nuestro actuar, en dónde estuvo el error del corazón… Y, en buena medida, en esto consisten los poderes de la escritura, en regalarnos espacio para redimirnos, renacer, explicarnos o lo que sea que nos haga falta para vivir y habitar este Mundo. No es poco. Y Vipradhan lo consigue sólo fluyendo hacia Vinayaka hasta transformarse en Purusundi: un Ganesh humano, una copia sin plagio y plena de autenticidad. Escribir es, desde cierto punto de vista, como el árbol Kalpakavriksha que entre más dones le pides concede deseos con mayor plenitud. No es casualidad que se recomiende escribir continuamente, disciplinadamente, no sea que a falta de estímulo, el Kalpakavriksha deje de regalarnos sus frutos.
