El ego y la arrogancia como intoxicación al escribir

Las ideas con las cuales comenzamos un texto, la creencia de que dominamos la creación y de poseer el “don” de escribir generan arrogancia, intoxican a quien escribe y lo alejan de la Verdad.

El segundo avatar de los Ashta Ganesha o Los 8 Ganeshas es Ekadanta, su nombre significa literalmente “El de un solo colmillo”. Este rasgo distintivo simboliza la resiliencia y el sacrificio, haciendo referencia a la historia en la que Ganesh sacrifica uno de sus colmillos. Iconográficamente, Ekadanta se representa con cuatro brazos, aunque los puranas no detallan los objetos que porta en cada mano, lo común es que sean: un lazo, un aguijón, un dulce y su propio colmillo roto. Su vehículo es el ratón Mooshika. Aunque las fuentes tampoco detallan prácticas de adoración, mantras o festividades específicas asociadas sólo con Ekadanta, Ganapati en su forma de un solo colmillo es venerado. Como parte de los Ashta Ganesha, Ekadanta se invoca para la buena fortuna y el éxito. La adoración general a Ganesh, que incluye mantras como el Om Gam Ganapataye Namaha, y festividades como el Ganesh Chaturthi, abarca también la veneración de sus diversas formas, incluyendo Ekadanta.

            Madasura, un demonio, personifica la intoxicación y la arrogancia. La historia del origen de Madasura comienza con los Ashvins (los gemelos divinos de la mitología hindú), y su destierro del cielo por Indra, el rey de los seres celestiales. Indra también prohibió que los gemelos participaran del soma (originalmente una bebida alcohólica-psicotrópica e inspiración del soma de la distopía de Aldous Huxley, Un mundo feliz) ni ningún sacrificio o ritual realizado en el universo, debido a su asociación con los seres humanos. Según el Mahabharata, los Ashvins se refugiaron con el sabio Chyavana. Éste dirigió un sacrificio e invitó a los gemelos divinos a participar y, como parte del ritual, les ofreció soma. Indra se opuso haciéndose presente en plena ceremonia, con su rayo en una mano y una montaña en la otra. Chyavana ignoró a Indra y se produjo una discusión entre ellos. El sabio creó del fuego del sacrificio al demonio Madasura quien se volvió gigantesco. Madasura luchó contra Indra y lo derrotó. Cuando estaba a punto de matar a Indra, se refugió a los pies del sabio Chyavana. El sabio perdonó a Indra y refrenó al demonio. Como Madasura no tenía a dónde ir, Chyavana le pidió que residiera en el alcohol, los juegos de azar, la caza y en las casas de prostitución. Madasura se dedicó a la penitencia de cantar por mucho, mucho tiempo el mantra “Hrim”, uno especialmente poderoso para obtener control sobre la energía de la creación del cosmos con lo cual se volvió muy poderoso y tvo la idea de conquistar todos los mundos mediante el alcohol y los seres divinos tuvieron temor de él y le suplicaron ayuda a Ganesh, quien escuchó sus plegarias y se presentó como  su segundo avatar. Montado en su fiel vahana (vehículo), el ratón Mooshika, Ekadanta apareció y sometió al demonio, restauró el orden y alivió el sufrimiento de los dioses.

            El avatar Ekadanta vence la cualidad humana negativa de la intoxicación y la arrogancia (representada por Madasura, de hecho “Mada” significa arrogancia). La lección moral y espiritual que enseña esta encarnación es que la intoxicación, ya sea literal o metafórica (como la embriaguez de popularidad, poder o ego), conduce a un orgullo desmedido que, en última instancia, resulta en sufrimiento. Este avatar subraya la importancia de la humildad y el autocontrol para evitar la autodestrucción y mantener la claridad mental. El término “Ekadanta” también se interpreta como la verdad suprema que controla la ilusión (Maya, en la mitología hindú) .

            La leyenda más conocida sobre el colmillo roto de Ganesh relata cómo lo utilizó para escribir el Mahabharata dictado por Vyasa. Este acto de sacrificar una parte de sí mismo por el conocimiento y la creación literaria puede entenderse como metáfora de la disciplina y dedicación requerida en la escritura. Para quienes escribimos es común “sacrificar” tiempo, comodidad y, a veces, incluso partes de nuestra propia experiencia para dar forma a nuestras obras; como cuando tienes una trama que te importa de manera personal pero debe ser modificada para beneficio de la historia, sin importar cuán relevante fuera para ti o tu vida. La imagen de Ekadanta recuerda que la creación valiosa exige un fuerte compromiso y la voluntad de superar las limitaciones.

            Para quienes escribimos, la “intoxicación” puede manifestarse como un enorme ego, complacencia o falta de autocrítica, mientras que la “arrogancia” puede llevar a ignorar la retroalimentación o a creer que la obra es perfecta sin esfuerzo; como esa leyenda de algunos escritores según la cual nunca corrigen sus textos. Estas cualidades pueden ser obstáculos significativos para el proceso creativo y la mejora continua. La lección de Ekadanta subraya la importancia de la humildad y el autocontrol. Quien escribe debe mantener una mente clara, libre de la embriaguez del ego, para poder recibir inspiración, aceptar críticas constructivas y refinar su arte con objetividad, es decir, para que sea arte y punto, no sólo para los ojos de su autor. La claridad mental es crucial para la coherencia, la profundidad y la autenticidad en la escritura.

            El vehículo de Ekadanta es Mooshika y, aunque se le asocia con la capacidad de superar obstáculos, el ratón también simboliza la paciencia, la perseverancia y la atención a los pequeños detalles. Un ratón puede roer y roer y roer hasta lograr su objetivo, y su tamaño le permite llegar a lugares inaccesibles para otros. En la escritura, esto puede traducirse en meticulosidad para investigar, revisar y editar. El texto no se urde solo con grandes ideas, sino también con la cuidadosa selección de cada palabra, la confección de las frases y el  tejido de los párrafos.

            El término “Ekadanta” también se interpreta como la verdad suprema, controladora de la ilusión que es la existencia (Maya). En este contexto del escribir, puede significarnos la búsqueda de autenticidad y la verdad subyacente en el texto. Al escribir, no es raro explorar la condición humana, desvelar realidades ocultas y desafiar percepciones ilusorias. La capacidad de ver más allá de las apariencias y de plasmar la esencia de la experiencia humana es una cualidad que Ekadanta, como controlador de Maya, encarna y que puede inspirar a quienes escribimos a buscar la profundidad y el significado en nuestra labor.

Publicado por Paradigma

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