De la necesidad de las heridas en la escritura

No hay escritura verdadera sin una lucha interna entre aquello que considera como deber quien arrastra el colmillo.

El panteón hindú está poblado de figuras cuya complejidad simbólica trasciende la narrativa religiosa y ofrece muy interesantes parábolas sobre la condición humana y sus procesos. Entre ellas, el enfrentamiento entre Ganesh y Parashurama, el fiero brahmán-guerrero cuyo nombre significa “Rama con hacha” y es el sexto avatar de Visnú (según el Garuda Purana), constituye un episodio de singular riqueza interpretativa. El combate entre estas dos deidades no es sólo un relato de lealtad y deber, sino una alegoría sobre la naturaleza del acto creativo y, en especial, del arte de la escritura. El mito, en su esencia, codifica los desafíos, el sacrificio y la resiliencia inherentes a la labor del escritor.

            La historia comienza con Parashurama, en su camino hacia el Monte Kailash. El brahmán-guerrero había recibido el hacha divina, Parashu, de Siva como bendición para su misión de erradicar a los Kshatriyas corruptos, y se dirigía a Kailash para presentar sus respetos y buscar más bendiciones de su gurú. Su corazón estaba lleno de reverencia y anticipación, y sus pasos eran medidos y respetuosos mientras se acercaba. Parashurama no sabía que Siva se encontraba en meditación, y había encomendado a Ganapati la tarea de custodiar la entrada, con instrucciones de no permitir a nadie perturbarlo. Ganesh se erigió como un centinela inamovible, resuelto a cumplir la orden de su padre. Cuando Parashurama llegó a la entrada, se presentó con cortesía y solicitó permiso para entrar y presentar sus respetos a Siva. Ganesh respondió amable: no podía permitir la entrada mientras su padre meditaba y le pidió esperar. Sin embargo, la impaciencia de Parashurama comenzó a crecer. Él creía que su misión y su estatus le otorgaban un acceso inmediato. La urgencia de su propósito, en su mente, superaba cualquier otra consideración. La frustración nubló su juicio, y la interacción se intensificó. Ganesh, inquebrantable en su deber, se negó a ceder. La incapacidad de Parashurama para comprender la devoción y el deber de Ganapati hacia su padre lo llevó aun arrebato furioso: lanzó el Parashu hacia Ganesh. Ganesh, al reconocer que el hacha era un regalo de su padre, permitió al golpe alcanzarlo en la cara, para demostrar su respeto por el arma y su origen divino, a pesar del dolor y la herida resultantes y el choque de energías divinas resonó por Kailash. El impacto resultó en la pérdida de un colmillo de El Señor de los Escritores y el estruendo alertó a Siva y a Parvati, quienes salieron de su meditación y se presentaron. Encontraron a su hijo herido y sangrando, y a Parashurama con remordimiento y vergüenza por la gravedad de sus acciones. Parashurama se disculpó ante Siva y Parvati, explicó que no había reconocido a Ganapati como su hijo y lamentó el daño causado. La respuesta de Ganesh fue extraordinaria, le dijo: “Considero un honor llevar esta herida producto de mi deber”, y lo bendijo para que tuviera éxito en su misión. Siva aceptó el arrepentimiento de Parashurama y la capacidad de Ganapati para perdonar. Concedió sus bendiciones a Parashurama, y Parvati añadió una lección sobre la humildad y las consecuencias de las acciones impulsivas, enfatizando que el perdón y la gracia pueden prevalecer incluso en la adversidad.

            La rotura del colmillo de Ganesh, conocido desde entonces como Ekadanta (quien tiene un solo colmillo), es el nexo simbólico que une este mito con la escritura. Aunque otra tradición lo vincula con la transcripción del Mahabharata (donde Ganesh se rompe el colmillo para usarlo como pluma tras quebrarse la original), el combate con Parashurama ofrece una capa de análisis más rica sobre el proceso de la creación. Me explico: El colmillo roto, o danta, simboliza el sacrificio que exige la creación de una obra duradera. En la tradición del Mahabharata, Ganesh se arranca el colmillo para no interrumpir el flujo de la narración dictada por Vyasa. Este acto es la metáfora definitiva de la entrega total del escritor: la necesidad de renunciar a una parte de sí mismo, a la propia “perfección” o integridad, para entregarla al arte. La imperfección física (un colmillo roto), la entrega de una parte de nosotros, se convierte en el origen de una obra perfecta y eterna (el Mahabharata), sugiriendo que la verdadera sabiduría y el arte nacen de la renuncia y el esfuerzo. El colmillo roto es, por tanto, la primera pluma, el instrumento de escritura forjado con dolor y compromiso.

            El contraste entre Parashurama y Ganesh es una representación de la lucha interna que todo escritor experimenta. Es un mito que simboliza la naturaleza del acto de escribir: Parashurama (el brahmán-guerrero) simboliza la fuerza bruta de la inspiración, la acción impulsiva y la destrucción de lo viejo para hacer espacio a lo nuevo. La “espada” del deber, la urgencia de la idea. Por su parte, Ganesh (el escriba y guardián) representa la sabiduría ordenadora, el intelecto que da forma, la creación paciente y estructurada. La “pluma” de la inteligencia, la disciplina de la forma. El escritor debe integrar la fuerza impulsiva de Parashurama (la idea que irrumpe, la necesidad de “destruir” borradores u obras terminadas como pidieron Emily Dickinson y Franz Kafka) con la inteligencia ordenadora de Ganesh (la estructura, la palabra precisa, o la voluntad preservadora de Lavinia Norcross Dickinson y Max Brod). El combate es la tensión entre la fuerza bruta de la experiencia o la inspiración y la inteligencia disciplinada que la transforma en literatura.

            Ganesh es, por excelencia, el removedor de obstáculos (Vighnaharta). Sin embargo, en este mito, él mismo se convierte en el obstáculo para Parashurama. Esta paradoja es una clave para entender el proceso de la escritura. Los desafíos inherentes a la creación (el bloqueo del escritor, la autocrítica paralizante, la búsqueda de la palabra exacta) no son impedimentos externos, sino fases necesarias de enfrentar. Ganesh, al interponerse, enseña que el camino hacia la meta (la obra terminada) requiere, primero, superar el obstáculo interno. La obra solo fluye cuando quien escribe, como Parashurama, aprende a manejar su propia fuerza (su impaciencia, su ego) y, como Ganesh, transforma la agresión en un acto de humildad y propósito. El acción de Ganesh de recibir el golpe del hacha sin inmutarse y, más aún, de transformar la agresión en una herramienta de creación (el colmillo roto como pluma) simboliza la resiliencia esencial del creador. Quienes escribimos tomamos las experiencias de la vida, incluso las más dolorosas o traumáticas (el golpe del hacha), y las transmutamos en textos. La herida no es un final, sino un comienzo. La escritura se nutre de las cicatrices, y la escritora o escritor ideales son quienes puede integrar el dolor y la imperfección en la propia materia de su obra.

Jaime Coello Manuel, El colmillo de Ganesh

Publicado por Paradigma

Medio de comunicación dedicado al periodismo literario de largo aliento; nuestras bases son la ética, la veracidad, el respeto a las fuentes y a las audiencias.

Deja un comentario