La crónica poética del último año escolar #3

Por Alexis Boleaga

Poemas en CU

Panegírico/Decepción en CU

Al sur fui a caer sobre los muros, recuerdo.

Sobrevivo a las pruebas,

a los ojos avizores,

desconocidos transeúntes,

hermanos de oro

en el camino.

Ahora al sur voy sin origen,

sin raíz en llamas trotantes

de memoria erosionada.

Deshonra, deshonra,

cambié la casa, cambié el color,

ahora se me acaban los años,

sin truco ni comida,

ni orgullo por los alumnos y profesores.

Creo que pienso demasiado

y no me importa

si el césped aguarda mi paso,

mi vergüenza dejada a un lado

al verle la anatomía

a la ciudad contenida.

Brilla la ausencia

durante el triste andar,

las ganas de estar aquí,

siendo azul espíritu ajeno a todo,

al honor de rodearme

de víboras en oriente.

He soñado aquí el repiqueteo del tren

hacia la esperanzadora canción

de bestias fraternales,

aguardando tomar el puesto

de miles y sonreírle

a la escuela, la casa,

inmortal deseo mientras crezco

en las apologías de sus fallas.

Hablo con la dicha de saberme pertenecer

aunque no venga seguido,

de ser el ente del niño guinda

que rebuzna la pena

de mendigar amigos y triunfo.

¡Ah!, pero como quise estar aquí,

infusionarme en la sagrada rectoría,

con el saber fugaz

de no ser de ahí.

Poema en la Biblioteca Nacional

De tus pupilas resbalan serifas

al caer mis dedos sobre

el fantasma plañidero

de tu pecho enloquecido,

sonriendo al batirte el corazón sangrante

bajo un halo de sueños indómitos,

de dorados y azules que augurios

de vientos tórridos llaman al atardecer,

al cierre.

Colmado de alabanzas

me dejaré evocar desde antaños recientes,

dominado en pos del silencio,

viles imaginaciones mías

al transmutar tus pómulos

en montes donde el águila devora a la serpiente,

y los libros se llenan dentro del ataúd castaño

con el arrullo de tu torrente,

cálido, íntimo, no mío,

hacedor del éxodo de verte ir a casa

con quién espera el dulce hechizo

de hombres que parecen morir

por el fútil aroma a tinta

durante el alud del ave

navegante del tragaluz

que pérfida revela mi lecho

en esa llanura de concreto,

laberintos del cielo colmado de rojos

asediantes de nuestro mirar,

bañados en la cordialidad aparente de retablos.

El esqueleto de hierro filtra rectos trazos

mientras su sombra de ballena

dibuja suspiros

al anidar el eco del amado anhelo,

ecografía de eones breves,

cuando imagino el revuelo

de tus cabellos en la unidad gris, aséptica,

cuando muere funesto el confort

de tu sabio humo en la mesa de autopsia

que lleno de páginas y páginas

con el apetito que provoca

la flaqueza tuya,

la flaqueza mía

por pocas atenciones tuyas,

así heredo preceptos

a tus ojos infaustos

en las tinieblas del túnel recorrido,

de los pasillos vacíos siendo uno entre todos,

uno que arranco inmisericorde

y consumo bajo mis brazos.

Encuentro lo simple,

la nada de observarte tan quieto,

tan ausente en salas,

tan callado arriba,

el nível que alcanzo aquí,

no allá,

aguardando por lo prohibido

en tu costillar abierto.

Haikus libres en el Pumabus

I

Anteceden los hierbajos.

Sumergido en la ventana

languidezco.

II

Límpidas nubes

atajan barrancos.

Se asoma la biblioteca a espalda mía.

III

Visiones inmaculadas

se hacen tributo,

y hoscos bajan a la escuela.

IV

Mudos andan.

Gritan el himno cuando cuando conviene:

¡Goya!

V

Maquinales

se elevan monolitos,

círculo escondido abajo.

VI

Retorno a la estación.

Cegado llamo,

no sé a quién.

Publicado por Paradigma

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