Por Alexis Boleaga
La realidad paralela
¡Silencio!
La espera por una cortesía
se opone al hecho.
Sembrados al filo
de un camino maltrecho
santifican carcajadas,
se atenúan al pálido azul
de este esqueleto,
múltiple identidad hacinada,
sin dios,
con nuevas penas
que escalan las noches idas.
La farola llora su vergüenza
de partículas blancas,
son recuerdos, le digo,
multitudes, responde.
Clama devenires intransitables
en la plaza,
no son nada,
no son otra cosa además de la duda,
la alternancia que no alcanzamos nadie.
Vacaciones
Se me acaba el año, los planes,
no veo otra cosa a lo lejos
que no sea blancura.
Envejezco.
Transgrede sin arreciar las enseñanzas
de mis ojos cansados.
Vivo desolado por lo que no consigo
en la travesía que no termina
con el sueño,
que no termina con la garganta,
que no termina con la lección,
que no termina.
Evoco.
El reptar es perpetuo
en artificios estroboscópicos,
quedándose sin cuerda
el reloj, el reloj
de paredes ensimismadas,
aplastados los días sin sueño
a quien reclamarle el desorden,
sonorizado por el ansia, el ansia
de alargar el minuto
y no quedarme sin trucos ni penas,
esperando su tiempo, tiempo
de venganza,
de duermevela,
de inicio,
de aprobación,
de no buscar,
de no volver a casa
a esperar el retorno.
