
La disciplina y la Verdad son como un lugar en silencio donde podemos escribir
El Monte Kailash (Kailāsa Parvata) es reverenciado en Puranas como el Shiva Purana, Matsya Purana y Skanda Purana, no solo como una montaña geográfica, sino como el Axis Mundi (Eje del Mundo), el centro espiritual y físico del universo. Es la morada eterna de Siva, el Destructor y Transformador, y su consorte Parvati (Himalaya-putri, hija del Himalaya). Su presencia en el Kailash simboliza la unión de la conciencia pura (Siva) con la energía primordial (Shakti/Parvati), la fuente de toda creación y disolución. Es el lugar del nacimiento de Ganesh y escenario de muchas de sus historias como aquella del gato o la competencia con su hermano Karttikeya.
La montaña es el punto de convergencia de cuatro ríos principales de Asia, Indo, Sutlej, Brahmaputra y Karnali, lo que la establece como fuente de la vida y el conocimiento. El Kailash es a menudo descrito como un mandala cósmico o una pirámide natural de forma casi perfecta, con sus cuatro caras orientadas con precisión a los puntos cardinales. Su cima, cubierta de nieve perpetua, es conocida como Sitachala (la montaña blanca pura), simbolizando la pureza inmaculada y la trascendencia. La tradición puránica detalla que las cuatro caras están compuestas de diferentes gemas, reflejando la magnificencia celestial: la cara Sur es de Zafiro, la Oeste de Rubí, la Norte de Oro y la Este de Cristal. Esta descripción visual lo convierte en un faro de luz y perfección geométrica.
El Monte Kailash, la morada de Siva, Parvati, Ganesh, Karttikeya y todos los Gana, representa el aislamiento creativo necesario. Esta montaña sagrada, considerada el eje del mundo en la cosmología hindú, a propósito es inaccesible, rodeada de condiciones climáticas extremas y terreno imposible. Ni Siva ni Parvati ni Ganesh están disponibles para visitantes casuales; solo los más dedicados pueden alcanzar su presencia. Este aislamiento geográfico simboliza el espacio mental que quienes escribimos debemos cultivar. El acto creativo requiere separación temporal del mundo ordinario. No se trata de snobismo sino de necesidad práctica: las interrupciones constantes fragmentan la concentración profunda, necesaria para construir mundos narrativos coherentes.
El origen del Kailash se remonta a los albores de la creación, tal como se narra en el Matsya Purana. En una conversación entre Brahma y el sabio Narada, Brahma explica que, tras la creación de las aguas primordiales, se manifestó el gigantesco Brahmanda (huevo cósmico), compuesto por los veinticuatro elementos. Para infundir conciencia en este huevo, Brahma realizó austeridades durante doce años para complacer a Visnu. Y cuando lo consiguió, éste se manifestó y entró en el huevo cósmico. Como resultado de esta acción divina, todos los mundos, incluido el Monte Kailash, surgieron a la existencia. Este origen sugiere que Kailash no es una mera formación geológica, sino una manifestación directa de la conciencia cósmica y la voluntad divina.
Pero quizá la historia más significativa en la cual este monte ocupa un papel más allá del de escenario sea la de Ravana. El encuentro del rey demonio de Lanka con el Kailash es fundamental para comprender el simbolismo de la montaña como un obstáculo insuperable y una prueba de humildad. Ravana, imbuido de un poder y un ego inmensos tras haber realizado grandes austeridades, viajaba por el Himalaya en su carro volador, el Pushpaka Vimana. Al acercarse al Kailash, su carro se detuvo abruptamente. El sirviente de Siva, Nandi (el toro divino), le informó que ningún vehículo podía pasar por encima de la morada de la morada de su Señor. Con arrogancia, Ravana se burló de Nandi y juró arrancar la montaña de raíz y arrojarla lejos. Ravana se deslizó bajo la base del Kailash y comenzó a levantarlo con sus veinte brazos. La tierra tembló, y los seres celestiales se aterraron. En la cima, Parvati se sobresaltó y se aferró a Siva, quien, calmado y sonriente, presionó el monte con el pulgar de su pie derecho. El peso de la montaña, la cual contiene al universo entero, aplastó los veinte brazos de Ravana. El demonio emitió un grito de dolor que resonó por los tres mundos. Permaneció atrapado y humillado bajo la montaña durante mil años, cantando himnos de alabanza a Siva, pues una de sus veinte cabezas era devota; la tradición conoce algunos de estos cantos como Shiva Tandava Stotram. Siva se complació con la penitencia y la devoción de Ravana luego de ese tiempo, entonces lo libera, le otorga el nombre de Ravana (aquel que hace llorar) y una espada divina. Este mito establece al Kailash como el símbolo de la estabilidad inamovible y la verdad absoluta. El ego, simbolizado por Ravana, puede intentar moverlo, pero la conciencia (Siva) lo somete con un esfuerzo mínimo; y se establece una alegoría según la cual la verdadera fuerza reside en la humildad y la devoción, no en la fuerza bruta.
El Kailash, como morada de Siva y lugar de nacimiento de Ganesh (el escriba del Mahabharata y Señor de los Escritores), es el arquetipo del espacio sagrado de la creación. La conexión se establece a través de tres metáforas. 1) El Silencio (Siva): La montaña es un lugar de silencio absoluto, la calma necesaria para que la conciencia (Siva) se manifieste. Para quienes escribimos, Kailash representa ese vacío creativo que debemos buscar para escuchar la voz de la historia, y donde el ruido del mundo exterior no existe. 2) La Estabilidad (La montaña): La inamovilidad del Kailash, expuesta en la historia de Ravana, simboliza la disciplina y la perseverancia necesarias para escribir. El texto, como la montaña, debe construirse sobre una base de estabilidad resistente a los embates del ego, la duda y la crítica. 3) El Flujo (Los Cuatro Ríos): Al ser la fuente de cuatro grandes ríos, el monte es la fuente del flujo narrativo. Quienes escribimos debemos ascender a nuestro Kailash interior para encontrar el manantial puro de donde brotan las ideas que darán vida a nuestras letras. De este caso particular del tropo tropo mítico de La Montaña, y sus historias, podemos deducir que el obstáculo creativo más grande es el ego de quien “arrastra la pluma”: la necesidad de perfección, el miedo al fracaso o la arrogancia de creer que la obra es más grande que el proceso. La historia de Ravana enseña que el ego debe ser aplastado y sometido por la humildad antes de que la verdadera creación (la liberación de Ravana y la obtención de la espada) pueda ocurrir. Quienes escribimos debemos someter nuestro ego a la disciplina de la escritura diaria.
La peregrinación alrededor del Kailash es la única forma de interactuar con la montaña porque está prohibido escalarla. Esto puede darnos a entender que algunos temas o ideas son demasiado vastos para ser abordados directamente. Quien aprende a rodear el tema, a explorarlo desde múltiples ángulos y perspectivas, en lugar de intentar dominarlo de forma frontal, está en mejores condiciones para superar el bloqueo creativo por abrumamiento.
El Kailash es un símbolo de la encarnación de la Arquitectura de la Obra Maestra. Su nieve perpetua nos sugiere buscar la claridad y la verdad esencial en versos, prosa o diálogos, eliminar lo superfluo y la ornamentación innecesaria. A los pies del monte están el Lago Mansarovar (mente pura, luz) y el Lago Rakshastal (mente demoníaca, oscuridad). Metáfora dirigida a quienes escribimos: debemos ser capaces de sumergirnos en las profundidades de la oscuridad humana (Rakshastal) para comprender y narrar el conflicto, pero regresemos a la claridad de la intención (Mansarovar) para guiar nuestra obra.
