El protocolo del escriba

Te propongo una estructura narrativa para mirar otras historias, comprenderlas desde otra perspectiva y para enriquecer y nutrir los textos que escribimos.

El monomito es una de las estructuras diegéticas más influyentes que nos dejó el siglo XX. Fue descubierta por Joseph Campbell durante sus investigaciones en múltiples mitologías por todo el orbe. Se publicó por primera vez en El héroe de la mil caras. El investigador nos cuenta que los héroes, de todas las culturas y en todo lapso de tiempo, tienen un trayecto narrativo muy parecido. El éxito del monomito reside en varios puntos, como la familiaridad cultural que tenemos con ella luego de milenios de contarnos historias a partir de este modelo, es decir ya tenemos cargada esta estructura en el subconsciente. No sólo novelas como El señor de los anillos, o películas como las de Stars Wars, todas son ejemplos claros de esto, sino las historias de Gilgamesh, Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl o el mismo Jesucristo, por ejemplo, siguen el mismo esquema. Incluso pienso muy poco probable que haya algún lector de esta columna ajena(o) a esta estructura. Sobre todo porque un guionista de Disney hizo una traducción de la propuesta campbelliana al arte de escribir para la pantalla; me refiero a Christopher Vogler en El camino del escritor, y luego de él vinieron múltiples adaptaciones hasta llegar al Círculo Narrativo de Dan Harmon.

            Supongamos que, como ustedes, planeo mi siguiente obra; tengo ya una escaleta más o menos clara pero, ante mis ojos, adolece de cierta sensación de unidad a la cual aspiro en cada texto… Quizá  aún me falta clarificar algunas aristas del mensaje que quiero dar con esto que me traigo entre letras. Así la cabeza, tropecé serendípicamente con mis apuntes y esquemas para impartir clase, lo relativo al monomito. Tuve la idea de revisar todo para encontrar alguna pieza de la historia de la cual aún no supiera que faltaba. Primero pensé en darle esta estructura al proyecto pero análizándolo, se me ocurrió plantearme qué estructuras diegéticas se pueden crear desde la meditación y el estudio de los pasatiempos de Ganesh. Por ejemplo tomemos el momento cuando Ganapati se convierte en el Señor de los Escritores, al escribir Mahabharata. Vyasa le dictó la epopeya con la condición de que antes de escribir, entendiera cada verso, cada concepto, y no detenerse. Cuando su pluma se rompió, Ganesh se partió un colmillo para usarlo como estilete, de lo cual podemos deducir que el vehículo de la verdad es prescindible, pero la verdad misma no. De este pasatiempo se puede establecer una estructura narrativa a la cual llamaré El Protocolo del Escriba. Para esta propuesta tomaré no la estructura de 17 etapas del monomito de Campbell sino la de 12, propuesta por Vogler para quienes somos profesionales de la escritura; estas estadías aparecerán entre paréntesis junto a cada propuesta. La estructura es la siguiente:

1. El Ruido Inarticulado (Mundo Ordinario): El protagonista vive en un mundo de información caótica, verdades a medias o, como le sucede a Ganapati, de una gran historia no contada.

2. El Encargo Sagrado (Llamada a la Aventura): Se le pide al protagonista ser el canal para una verdad monumental, para dar forma y permanencia a algo efímero como la tradición oral en la cual ya existía el Mahabarata.

3. El Vértigo de la Magnitud (Rechazo de la Llamada): El miedo a no estar a la altura, a ser consumido o destruido por la historia que debe contarse. Pienso en el miedo compartido por muchos periodistas en México, donde en muchas ocasiones se evitan ciertas historias por el riesgo de muerte que darles cobertura conlleva; y recuerdo a Misoslava Breach, Javier Valdez, Manuel Buendía, Regina Martínez y tanta prensa asesinada.

4.  El Dictado de Vyasa (Encuentro con el Mentor): El mentor es la fuente de la verdad, pero impone una condición casi inhumana: escribir sin parar pero, no anotar ni una letra si antes no se ha comprendido el mensaje de los versos y peripecias del relato.

5. El Pacto de Flujo Continuo (Cruce del Primer Umbral): El protagonista acepta la condición imposible, comprometiéndose con el proceso por encima de su propia comodidad. Para comprender mejor este punto, traigo a mi memoria el compromiso personal que implica en enfrascarse en una obra.

6. El Agotamiento de las Herramientas (Pruebas, Aliados y Enemigos): Los recursos externos y convencionales (la pluma, el apoyo, la tecnología) fallan en el peor momento bajo la presión de la tarea.

7. La Insuficiencia del Yo (Acercamiento a la Caverna): El protagonista se da cuenta de que sus habilidades y herramientas actuales son inadecuadas para la misión y que no le permiten continuar, todo parece perdido. Como cuando Richard The Third grita antes de morir en su tragedia: “A horse, a horse, my kingdom for a horse”.

8.  La Automutilación del colmillo (La Prueba Suprema): Para preservar el flujo de la verdad, el protagonista debe sacrificar una parte de sí mismo: su reputación, su salud, una relación, su “perfección”. Es el momento cuando Ganesh se da cuenta de la única solución a su alcance para continuar con su misión: usar uno de sus colmillos como pluma.

9. La Transcripción Ininterrumpida (Recompensa): La verdad ahora fluye a través de él sin obstáculos. La obra se completa a un costo personal inmenso.

10. La Cicatriz como Credencial (El Camino de Regreso): El protagonista integra su pérdida como la marca de su maestría y compromiso sin darle importancia a la herida, si sangra o no, sigue escribiendo, continúa con misión.

11. La Fusión con la Obra (Resurrección): El autor y la obra se vuelven inseparables. La historia es ahora su identidad. No hay Mahabarata sin su escriba y no hay Señor de los Escritores sin esta magna epopeya.

12. El Texto Imperecedero (Regreso con el Elixir): El elixir es la obra misma, un artefacto de conocimiento y/o arte el cual sobrevivirá a quien lo creó y será de provecho a los tres Mundos.

            En esta estructura, el acto heroico central no es vencer a enemigo alguno, sino la automutilación deliberada y simbólica por conseguir un bien mayor y más deseable que el instinto de auto preservación. El protagonista debe romper su propia integridad (física, social, profesional) para no comprometer la integridad del mensaje. Este giro desafía la idea del héroe que termina la historia “completo” y victorioso. Un ejemplo de ello es la acumulación de lesiones y cicatrices que Paco Ignacio Taibo II le da a Héctor Belascoarán Shayne a lo largo de las novelas protagonizadas por él.

            Esta estructura puede servir muy bien tanto para analizar como para crear o corregir, se me ocurre, los siguientes tipos de historias:

Biografías o Biopics, ya sea material por completo ficticio o no ficción: Historias sobre la obsesión y el sacrificio necesarios para el descubrimiento o la creación (ej. Anhelo de vivir de Irving Stone o Hambre de Knut Hamsun).

Periodismo de Investigación: Un reportero que arriesga todo para sacar a la luz una verdad inconveniente. Me saltan aquí grandes piezas del periodismo como pueden ser México Bárbaro de John Kenneth Turner o Ángeles del infierno: Una extraña y terrible saga de Hunter S. Thompson.

Drama Histórico: La crónica de un evento monumental contada por alguien que se perdió en el proceso de registrarla. Historias de “metraje encontrado” o como Manuscrito hallado en una botella de Edgar Allan Poe.

            Me refresca encontrar una estructura diegética en la cual no haya violencia, donde la dedicación y el sacrificio sustituyen la competencia… Bueno, no hace falta recordar cuánto de agresión violenta se ofrece en las pantallas y páginas. Y lo mejor es que lo he encontrado útil como lente para observar otras historias y para trabajar las mías, pruébalo y cuéntame si te sirvió.

Publicado por Paradigma

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