
Donald Trump es asquerosamente insaciable, pero olvida que no será eterno. Hombre de negocios estrafalario nacido en cuna de oro, jamás tuvo problema para satisfacer sus más bajos instintos (de ahí su cercanía con Jeffrey Epstein), y como bien dicen, el ser humano con poder de obtener lo que quiere no tiene un límite para su perversidad.
El obrero, la empleada, no tienen grandes ahorros, viven al día, batallan de forma tremenda con mantener a su familia, por lo que aspiran a lo básico. El magnate lo tiene todo y eso hace que su ambición sea peligrosa.
Por eso Trump, desde la presidencia más estratégica del planeta, ha emprendido la conquista del mundo. No me sorprendería, que, como Alejandro Magno vivía con su ejemplar de La Ilíada bajo la almohada, el mandatario estadounidense guarde cerca suyo algún manual o texto que lo motive a seguir con su cruzada internacional.
Quiere pasar a la historia y, por ello, atacó a un país clave en el mundo islámico que nadie se había atrevido a tocar desde que en 1979, cuando se consolidó el régimen fundamentalista en Irán, de la mano del Ayatola Jomenei.
Pero, Trump no es eterno, el mundo está cambiando y, si algo nos enseña la historia, es que todos los imperios, incluso los más poderosos, tienden a caer…
Según el Pew Research Center, «entre 2010 y 2020, el número de musulmanes aumentó en 347 millones de personas, alcanzando los 2 mil 000 millones. El número de cristianos aumentó en 122 millones, alcanzando los 2 mil 300 millones también. Los budistas son el único grupo de nuestro análisis que se redujo en cifras absolutas, en 19 millones de personas, hasta los 324 millones».
Es decir, el mundo musulmán cobra fuerza, pero no sólo en Oriente Medio; sería inocente pensar que las regiones y sus culturas siguen siendo aisladas, como hace siglos.
Los musulmanes sumaron más personas durante la década (347 millones) que todas las religiones no musulmanas juntas (248 millones), afirma el centro de investigaciones.
Es decir, Trump, Occidente, todos quienes apoyan esta cruzada contra un pueblo del que conocen muy poco en cuanto sus tradiciones, historia y cultura, no entienden que la paz no es un ideal romántico, sino un seguro de vida para una especie estúpida que aprendió a vivir de forma capitalista en un sistema que no otorga las mismas condiciones para todos.
Los musulmanes no sólo están en Oriente Medio, los hay en el mundo y, también, en Estados Unidos. Ellos tienen como premisa religiosa su yihad, una misión de vida que los puede llevar a buscar venganza contra quienes están atacando a su pueblo… No nos sorprenda que sucedan atentados o asesinatos en propio territorio norteamericano o en países de Europa.
Asimismo, la gran debilidad de Alejandro Magno, el gran conquistador, fue su propio ejército, que, a la postre, ya no estaba sólo conformado por soldados griegos macedonios, por lo que muchos no se identificaban con su misión y lo fueron abandonando. Otros simplemente querían volver a sus hogares y abandonar la conquista de India, como al fin sucedió.
Para nada se trata de igualar a un tirano como Trump, con un estratega como Alejandro Magno (quien para muchos también fue un tirano); sin embargo, las debilidades de sus luchas insaciables pueden llegar a ser muy similares, pues el ejército estadunidense se integra cada vez más por soldados de orígenes culturales diversos que no sabemos si defiendan por siempre los intereses del Tío Sam. Además, las bases de EU que Irán está asediando en Oriente Medio están ocupadas por militares cuyas familias no van a soportar la incertidumbre de no saber el futuro de sus seres queridos en combate.
En fin, Irán no se quedó quieto y seguirá atacando. Si aún al territorio continental no, las bases que tiene en Oriente Medio han sido asediadas, causando más daños colaterales de los que debiera.
Corolario: claro, Occidente quiere liberar a las mujeres musulmanas, por eso asesinaron a al menos 153 niñas en el ataque a una escuela.
