
En no pocas ocasiones, la mejor ruta para resolver un conflicto, dramático o existencial, es abordarlo desde el corazón, es decir, desde la vida interior, sin importar si es persona o personaje.
Uno siempre vuelve a su querencia, dicen. Yo regreso una y otra vez a meditar sobre las estructuras. En El protocolo del escriba te compartí el porqué considero relevante El viaje del héroe, tanto la propuesta del mitólogo Campbell como la del guionista Vogler y agrego: también de forma personal aprecio este armazón porque me permite imaginar mi situación de vida recorriendo este sendero o estacionada en alguna de sus doce etapas. No se me malentienda, para nada me considero un héroe ni califico así mis acciones; aunque haya quien considere heroica la labor magisterial. Con nadie platico sobre ello, sería pedante, pero a mí mismo sí me puedo explicar mi propio devenir con esta lente y darle sentido al caos de la vida misma… Sirve para algo: ¡Para distraerse del agüite nomás!¡Jajaja!
Bueno, también sirve para analizar historias y crearlas. Otra posibilidad de adaptación o modificación de El viaje del héroe es la que podemos llamar La senda de la circunvalación, una propuesta cuya virtud principal consiste en cumplir con la principal promesa diegética de una forma no evidente. Esta estructura toma como paradigma el pasatiempo donde Ganesh compite con su hermano Karttikeya para dar la vuelta al mundo. Mientras Karttikeya emprende un viaje físico, Ganesh, sólo camina alrededor de sus padres, Siva y Parvati, y luego de darles la vuelta los declara su mundo, (te la compartí en Los poderes de la escritura). Ganapati gana gracias a la re definición, de hecho podría verse como una re semantización del problema.
Esta propuesta, desde mi perspectiva puede considerarse el equivalente diegético de la danza sema practicada por el poeta y místico sufí Rumi y sus compañeros y discípulos conocidos como derviches giróvagos. Éstos giran sobre sí mismos para concentrarse en la Verdad última, y esta estructura gira alrededor del personaje para premiar la autoestima, la voluntad, el uso de virtudes intangibles pero “objetivables”, “observables”, en acciones u objetos “tangibles” dentro de la experiencia de la lectura de la historia.
La estructura de La senda de la circunvalación
- El laberinto de la literalidad (Mundo ordinario): El protagonista opera en un mundo definido por métricas físicas y soluciones lineales. El éxito se mide por la distancia recorrida, no por la profundidad alcanzada.
- El desafío inabarcable (Llamada a la aventura): Se presenta un problema cuya solución parece requerir recursos (tiempo, espacio, energía) que el protagonista no posee.
- El fracaso en la pista convencional (Rechazo de la llamada): El protagonista intenta competir usando las reglas establecidas y fracasa estrepitosamente, confirmando su aparente inferioridad.
- La voz de la esencia (Encuentro con el mentor): Un mentor (interno o externo) no ofrece un mapa, sino una nueva brújula. Enseña a buscar el “centro” o la “causa raíz” en lugar de perseguir los síntomas en la “periferia”.
- El giro hacia adentro (Cruce del primer umbral): El protagonista abandona la carrera física y se decide a resolver el problema desde su origen. Es un umbral puramente intelectual.
- Las paradojas del reencuadre (Pruebas, aliados y enemigos): Las pruebas no son combates, sino dilemas lógicos, koans y nudos gordianos que sólo se resuelven al cambiar la pregunta y nunca cuando se busca la respuesta a ese cuestionamiento original.
- La confrontación con el origen (Acercamiento a la caverna): El protagonista llega a la fuente del problema: los “padres”, el axioma fundador, el código fuente, el trauma original.
- La inacción deliberada (La prueba suprema): El clímax es la decisión consciente de no actuar de la manera esperada. Es el momento cuando el protagonista para mientras todos corren.
- La omnisciencia localizada (Recompensa): El protagonista obtiene la sabiduría de que el universo entero (el problema) está contenido en su origen (los padres).
- La llegada prematura (El camino de regreso): Sin haberse movido, el protagonista ya está en la “meta”, esperando a los que tomaron el camino largo.
- La validación de la perspectiva (Resurrección): El sistema o la comunidad reconoce la superioridad de la solución del protagonista, redefiniendo la noción de victoria.
- El algoritmo de la sabiduría (Regreso con el elixir): El protagonista no trae un objeto, sino una nueva metodología para resolver problemas que antes parecían imposibles.
El clímax de la historia no es una confrontación activa, sino un momento de profunda inmovilidad externa y un trabajo interior que lleva a la revelación de una comprensión superior del conflicto al cual se enfrenta el héroe, quien gana al demostrar que la carrera era innecesaria desde el principio. Este giro subvierte la expectativa occidental de un enfrentamiento final y espectacular, reemplazándolo con una epifanía que desarma el conflicto desde su núcleo, como Luke destruyendo la Estrella de la Muerte.
Esta estructura bien puede servir para historias de diversos géneros, algunos pueden ser:
- Thrillers Corporativos o Legales: Donde la victoria no la obtiene quien más trabaja, sino quien encuentra el vacío legal o la premisa fundacional defectuosa. Un ejemplo de ello pude verse en la seri titulada en español como La ley de los audaces (Suites).
- Ciencia Ficción Dura: Para historias sobre viajes en el tiempo, dimensiones alternativas o la naturaleza de la conciencia, donde la física se doblega a la metafísica. Uno de los mejores cuentos de Isaac Asimov, Anochecer (Nightfall), es una historia de ciencia ficción completamente dura: un planeta con seis soles, explicaciones de ciencias como astrofísica, psicología, tecnológicas, equipo, telescopios… Y al final sólo existe lo interior, aquello que somos desde que la especie existe: animales.
- Dramas Familiares: Un conflicto generacional se resuelve no huyendo de la familia, sino entendiendo el trauma original que la define. Quien haya leído Eugénie Grandet, del gran Honoré de Balzac podrá entender el comportamiento de la protagonista si tiene presente esta comprensión del cisma entre el amor y el “negocio” heredado por un padre no muy cariñoso.
Otros textos que bien pueden ajustarse a La senda de la circunvalación, son las novelas Siddhartha, de Herman Hesse y El esclavo, de Isaac Bashevis Singer, dos ejemplos de protagonistas quienes cumplen con esta estructura de maneras diversas: Siddhartha con ayunos, cuestionamientos y meditación (tapas) y Jacob con el concurso de violencia salvaje, sistémica, social… y la búsqueda de una explicación a el fenómeno que muchas veces interpretamos como maldad. Dos novelas cuyo mensaje es la búsqueda de la Verdad y escritas (discúlpeseme la licencia poética) con la estructura giratoria de El sendero de la circunvolución. Un baile narrativo vuelto hacia las profundidades de uno mismo, como la danza de los derviches o la poesía del maestro sufí:
Veo tan profundamente dentro de mí.
Sin necesidad de mis ojos, puedo verlo todo con claridad.
¿Por qué querría volver a molestarme con la vista
ahora que veo el mundo a través de Sus ojos?
