Una historia sobre la digestión vital

Ganesha with elephant head holding axe and lotus, seated with a bowl of sweets and a small mouse nearby

La reflexión sobre con qué nos nutrimos y el examen íntimo y pre verbal sobre qué ya hemos digerido y qué aún no, llevan a optimizar nuestro escribir.

Una variante de la historia revisada en Un banquete que te devora: cómo alimentar la verdadera creatividad, involucra a un anacoreta de una jerarquía máxima en la cosmogonía hindú. Este relato, presente en diversas tradiciones puránicas y narrativas del sur de la India, describe el encuentro entre Ganesh y el sabio Agastya, uno de los siete grandes rishis (Saptarishi). Agastya, conocido por su inmenso poder espiritual y su capacidad para realizar hazañas imposibles (como beberse el océano), decidió organizar un banquete en su monasterio para demostrar su hospitalidad y, de forma sutil, su propia grandeza.

            El maestro, entre su invitados, incluyó a El señor de los escritores, quien aceptó el convite. Desde su llegada, Ganapati comió con un apetito que desafiaba toda lógica. Plato tras plato, la comida preparada por los discípulos de Agastya desaparecía debajo de su trompa. Pronto, las reservas del ashram se agotaron. Al terminar un plato, el invitado pedía otro y otro y otro… Agastya se dio cuenta de que su orgullo por presentarse como el anfitrión perfecto estaba a prueba. Ganesh no solo consumió la comida, sino que siguió con los utensilios y si sus acciones seguían como hasta ese momento, la amenaza de devorar el ashram mismo era una realidad. Agastya, admitió su humillación, reconoció la divinidad insaciable de Ganapati y buscó refugio en la oración. Y entonces llega el desenlace. En algunas versiones, sacia a Ganesh una pequeña porción de arroz ofrecida con humildad verdadera y amor (a veces por intervención de Parvati, otras de Siva). La cantidad no sustituye a la devoción.

            El simbolismo de este pasatiempo se centra en la figura del avatar Lambodara (El señor del gran vientre) y el acto de yantar:

  • La gran panza: Representa la capacidad de Ganesh para contener todo el universo dentro de una parte de sí mismo. En este relato, simboliza que sólo la divinidad puede “digerir” por completo el conocimiento y la experiencia del mundo debido a la infinitud de éstos. Me viene a la memoria cierto académico español quien predica que El Quijote contiene el ADN de la literatura.
    • La comida: No es sólo sustento físico, sino la representación del conocimiento acumulado y las experiencias sensoriales. Que Ganapati nunca se sacie con la comida de Agastya se puede interpretar como que el conocimiento intelectual o material, por vasto que sea, nunca es suficiente para alcanzar la plenitud espiritual. La literatura no es periodismo aunque haya muchos casos de piezas periodísticas que sí son, por derecho propio, literatura. Es también el caso con las memorias, los informes, la correspondencia, la publicidad… El órgano traductor es el gran vientre de Lambodara, digerir es el proceso clave.
    • El sabio Agastya: Representa al buscador avanzado quien, a pesar de su sabiduría, aún puede caer en la trampa del orgullo espiritual (Ahankara). Una alegoría de cómo cualquiera, sin importar cuántas veces haya logrado la “beatitud”, la “maestría”, puede carecer de estatura en un momento determinado.

La lección moral central de este pasatiempo es la superación del orgullo y la autosuficiencia. Agastya creía poder satisfacer a Dios con sus propios recursos, es evidente el olvido: para mantener la congruencia con su fama de santo, debía recordar que todo cuanto poseía siempre le perteneció a la divinidad. Esta diégesis enseña que el deseo material y el hambre de reconocimiento son insaciables. La verdadera saciedad no proviene de la acumulación (de comida, de bienes o de datos), sino de la humildad y la entrega. Ganesh actúa aquí como el “Devorador del ego”, personificación de la lección misma: para que la sabiduría real entre, el orgullo del “yo soy el hacedor” debe ser consumido.

            Aunque no hay una festividad exclusiva en la cual se conmemore este relato, se recuerda durante el Ganesh Chaturthi como una de las historias que ilustran la naturaleza de Ganapati como el Señor de la sabiduría. Se utiliza el mantra “Om Lambodaraya Namah” para invocar la capacidad de asimilar las experiencias de la vida sin ser abrumado por ellas. Los devotos ofrecen dulces como símbolo de la dulzura del conocimiento espiritual que sacia el alma.

            Ganesh, como Señor de los escritores, utiliza este pasatiempo para enseñar lecciones vitales sobre el oficio literario:

  • El apetito por la información: Quienes escribimos debemos ser como Ganesh en este banquete: debemos tener un hambre insaciable de lectura, observación y experiencia. Sin embargo, el relato nos advierte que acumular datos (comida) no es lo mismo que crear una obra con alma. Debe existir mucho material para escoger y descartar dos terceras partes, cuando menos.
    • La digestión creativa: Así como Ganesh contiene el universo en su vientre, el escritor debe “digerir” sus “influencias”, sus “inquietudes”, para transformarlas en algo nuevo. El bloqueo del escritor bien puede ser una “indigestión” de ideas no procesadas. Se puede ayudar a la digestión elucubrando la estructura diegética o la escaleta o la ficha de personajes… También leer sobre el mismo tema y, sobre todo, dejar el asunto reposar.
    • El orgullo del autor: Agastya representa al autor que se enorgullece de su técnica o de su vasta obra. Ganesh muestra que la técnica sin la “chispa divina” (sin la humildad del arroz de Parvati) es solo una cáscara vacía. Y nadie está libre de caer en el orgullo, de olvidar la “chispa divina”.

El simbolismo de este pasatiempo nos da pie para desarrollar cuatro técnicas prácticas para desarrollar la creatividad:

  • Técnica de la “ingestión total”: Antes de escribir sobre un tema, actuemos como Ganesh: consumamos toda la información posible. No nos detengamos hasta sentir agotadas todas las fuentes externas. Luego, hagamos silencio para iniciar la “digestión”. ¿Será que exactamente esto mismo hizo Nellie Campobello para escribir Cartucho?
    • Eliminación del “orgullo del borrador”: Cuando, un determinado texto, lo sintamos perfecto (como Agastya su banquete), dejemos a Ganesh “devorarlo”. Sometámoslo a la crítica. Si el texto sobrevive a la destrucción del ego, contiene Verdad. Y aunque lectores beta y editores pueden ser una opción, yo me decanto por el taller como herramienta para trabajar este punto.
    • La idea del “grano de arroz”: A veces, quienes escribimos nos perdemos en tramas complejas y miles de palabras. Este relato nos enseña que una imagen poderosa, una sola frase escrita con honestidad y amor (el grano de arroz), puede ser más satisfactoria y efectiva frente a cien páginas de relleno técnico. Siempre menos es más.
    • Superación del bloqueo por exceso: Si te sientes abrumado por tus propias ideas, recuerda que Ganesh solo se sació cuando dejó de recibir manjares y se le ofreció algo sencillo. Simplifica tu narrativa. Vuelve a la esencia: ¿por qué quieres contar esa historia?

Publicado por Paradigma

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