Por: Novoa
Así es como denominé la obra de Pedro Munguía a quien conocí en estas fechas de octubre pero del 2022 en Ciudad de México, una persona fabulosa, sumamente interesante y culta.
Pedro es un hombre de aproximadamente 60 años, quien se encuentra en situación de calle y se gana la vida a través de su arte ya que su formación viene de la escuela de San Carlos, una de las instituciones educativas más importantes del México, la cual surge por la necesidad de la enseñanza de las bellas artes.
A lo largo de sus años de formación, se apasiona, se desenvuelve en la pintura, para él su mayor inspiración son sus sueños, los cuales los interpreta y materializa a través de sus obras, las herramientas que utiliza son diversas, pues comenta que recolecta todo tipo de objetos, además de que suelen regalarle muchas cosas para que continúe creando.
Me interesé bastante y platicamos durante una hora aproximadamente, le pregunté su historia y le hice la interrogante que muchos nos hacemos a diario cuando vemos a un indigente.. ¿Por qué está aquí, que hizo o qué pasó para llegar a este punto? A lo cual respondió: “Yo era el menor en la familia, era amado por mis padres, me daban todo, era el consentido, pero un día mi madre falleció y nos heredó su casa, entre otras cosas ,pero mis hermanos me despojaron de todo y me quedé en la calle”.
Le mencioné que como estaba, como lo hacía sentir eso y si necesitaba algo, fue bastante directo, seguro de su respuesta y con una sonrisa en el rostro me dijo: “No necesito nada, estoy muy feliz aquí”.
Esto sin lugar a dudas me hizo pensar en el filósofo Diógenes de Sinope, quien se despojó de lo material, se deshizo de las banalidades del mundo terrenal, pues únicamente poseía una tinaja donde vivía con su perro, no necesitaba más, pues la verdadera virtud del humano radica en el ser y no en el poseer.
Para mí, Diógenes fue una persona revolucionaria pues este pensamiento iba más allá de todo, era un tanto desafiante para una sociedad que a lo largo de la historia nos ha hecho creer que nuestra valía radica en cuanto tenemos y producimos.
El vino a romper con todas esas ideas capitalistas, vacías, superficiales, que las masas han creído y seguirán creyendo.
Fue un despertar de conciencia que marcó a más de uno, tanto que incluso en la actualidad se sigue hablando de este personaje tan emblemático.
Me llamó mucho la atención la forma en la que Pedro visualiza al mundo y las similitudes que comparte con este filósofo , pues tiene una perspectiva interesante pero, sobre todo las conversaciones que tuvimos algunos días fueron enriquecedoras y reflexivas, pues la mayor enseñanza fue que aquel que desea hacer arte no espera a tener las herramientas completas, las más caras o nuevas, sino que aquel que tiene pasión por lo que hace, empieza con lo que tiene, se arriesga, se atreve, explora, vive, experimenta, no ve límites y nada lo frena.
Al final la vida es eso, es adentrarse a lo desconocido, aventurarse a este viaje eterno llamado vida, a expresarse a través del arte, pues no hay nada mejor que canalizar las emociones y crear cosas sublimes.
