
El terrible paso de la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), por algunas regiones de España cambió la vida de miles de personas y, sin duda, transformará las conciencias de quienes quieran ver el fenómeno más allá de lo evidente.
Las fotografías que circularon por el mundo fueron impactantes, sin duda, los videos en redes sociales donde los automóviles y el escombro se apelmazaban unos sobre otros, parecían hechos con inteligencia artificial.
El dolor de ver a los españoles sufriendo por el derribe de su cotidianidad le dolió a cualquiera con un gramo de empatía y, en el caso de México, algo triste se activó al recordar innumerables desastres que el país ha sufrido por huracanes, terremotos y demás embates de la naturaleza.
Algunos líderes y políticos, como Joe Biden, presidente de Estados Unidos, o António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, afirman que este tipo de eventos climáticos se han agravado debido a los efectos del cambio climático; por su parte, hay científicos que afirman que, más allá del factor humano, el mundo seguirá su cause hacia aumentos de temperatura y mayores desastres ambientales.
Sin embargo, algo que queda claro al ver los escombros tras el paso de la DANA, es que vivimos en ciudades que priorizan más los objetos y las comodidades que su convivencia con la naturaleza.
El ejemplo es la presa que mandó construir hace 2 mil años el emperador Augusto en lo que hoy es Almonacid de la Cuba, en España. Gracias a esa obra de ingeniería romana, dicho pueblo soportó las enormes lluvias que devastaron a varios municipios de Valencia y otras regiones. Claro, hace 2 mil años el pensamiento era totalmente distinto, muy probablemente existía una mayor conexión con la Tierra y sus costumbres climáticas.
Sin embargo, las más de 220 muertes, y tristemente en aumento, en España ya no pueden evitarse, es demasiado tarde para ello y es por eso que, con enorme razón, el domingo 3 de noviembre, los ciudadanos de Valencia vapulearon al rey Felipe VI y a su esposa Letizia en su visita a las zonas afectadas por las inundaciones.
Llegaron con el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, cinco días después de la desolación. No movieron una pueda, un pedazo de escombro, nada: el rey acudiendo para ver el sufrimiento densus súbditos, vaya escena.
Si ya de por sí es ridículo que en 2024 haya monarquías, lo es más cuando éstas se aparecen en tiempos de desastres para aportar nada.
Las autoridades nacionales, como el gobernante local, Carlos Mazón, fueron recibidas con agresiones verbales y bolas de lodo directo a sus finas ropas, una imagen que para muchos fue una reivindicación histórica.
Y es que pese a que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) había activado a primera hora de la mañana del martes la alerta roja, el presidente valenciano, Carlos Mazón, dijo al mediodía de ese mismo martes que el temporal se desplazaba, “por lo que se espera que hacia las 18:00 disminuya su intensidad” en la Comunidad Valenciana. De haber hecho caso a las advertencias, la historia sería distinta.
Es por eso que la comunidad de Valencia decidió manchar la corona que ya no representa a nadie más que a la propia monarquía. Es difícil saber si esto genere una reflexión en toda España como para ver un declive de los reyes, porque la ultraderecha también tiene du fuerza, pero quizás con las imágenes de Felipe VI manchado de lodo, las nuevas generaciones dejen de mirar a esos seres humanos altivos como familias reales y les den el lugar que merecen, el de simples mortales.
