Verano, ciencia y dinosaurios

La ciencia es parte fundamental de la cultura: una ventana para entender el mundo que nos rodea y, sobre todo, para tratar de descifrarnos a nosotros mismos. Parte de su belleza radica en que puede adoptar muchas formas (algunas solemnes, otras lúdicas­), pero todas igual de válidas para despertar nuestra curiosidad.

La ciencia se manifiesta en la imponente presencia de criaturas prehistóricas que parecen cobrar vida en las salas de un museo; en el destello de una nebulosa que brilla en la cúpula de un planetario o en la emoción de descubrir constelaciones a través del lente de un telescopio. Se revela en los murales del Cárcamo de Dolores, donde arte y ciencia convergen para mostrar la belleza de la biología y la geología, así como en los documentales que nos transportan a las misteriosas profundidades oceánicas. Reside en los libros de divulgación que desentrañan la química detrás de los alimentos, en las conferencias que exploran los misterios del espacio, en una colección de rocas o en el simple acto de cuidar las plantas de nuestro jardín. Y, por supuesto, encuentra su espacio en el cine, donde la ciencia sirve de puente entre la imaginación y la realidad.

El verano, con sus días largos, es el momento ideal para explorar estas facetas de la ciencia, especialmente para los jóvenes en vacaciones escolares. Es la época perfecta para perderse en un museo, organizar maratones de documentales o sumergirse en la lectura de libros que alimenten nuestra curiosidad. Porque la ciencia no se limita a fórmulas en un pizarrón ni a términos complejos: es, ante todo, una aventura intelectual, y las vacaciones ofrecen la oportunidad perfecta para emprenderla.

Este verano, comencé mis vacaciones yendo al cine a ver Jurassic World: Rebirth, pues desde niño soy fanático de esta saga que cautivó mi imaginación con su premisa científica. Lo que realmente me atrapó de la película original (Jurassic Park) fueron esos científicos debatiendo los dilemas éticos de resucitar especies extintas. Para mí, esta película despertó un interés duradero por la biología, la física y las matemáticas, especialmente por cómo presentaba conceptos como la teoría del caos y los sistemas complejos, combinados con discusiones sobre ingeniería genética y el papel de las grandes corporaciones en la ciencia.

Aunque la última entrega me decepcionó al abandonar esta profundidad (y por ser una pésima película), tuvo un valor inesperado: las animadas conversaciones que generó entre mis amigos y yo sobre genética, paleontología y ética científica. Esto me hizo recordar que, incluso en sus versiones más comerciales, la ciencia ficción puede ser un puente maravilloso hacia el conocimiento.

Para finalizar, los invito a dedicar parte de su tiempo libre este verano a ver, escuchar y discutir sobre ciencia. Les aseguro que no solo será sumamente entretenido, sino que crearán recuerdos profundos y significativos. Ya sea viendo una película, visitando un museo o debatiendo con amigos sobre dinosaurios clonados, descubrirán que la ciencia ofrece una de las formas más ricas de conectar con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos. Después de todo, ¿qué mejor manera de recordar un verano? que por esas conversaciones que nos hicieron ver el mundo con nuevos ojos.

Publicado por Paradigma

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