
Extrañamente me da por pensarte en las mañanas, a veces también en las tardes o en las noches, pero siempre o casi siempre me pasa en las mañanas. No siempre te escribo, pero te pienso y hasta te hablo. Y de verdad, quisiera no escribirte, y menos ahora que pareciera que escribirte es escribirle al viento, a la nada, a un vacío donde ni siquiera el eco me responde. Sé que poco a poco dejaré de hacerlo, pero no sé si así mismo pueda, dejar de pensarte.
