Por Hugo Augusto Cortés Rodríguez
Porque, finalmente, ¿qué es el hombre en la naturaleza? Una nada frente al infinito, un todo frente a la nada, un medio entre nada y todo.
Pensamientos, Pascal
La imperfección del pensamiento
El pensamiento, el conocimiento y la sabiduría son las características distintivas del Homo sapiens. Esta actividad intelectual es la que ha creado la dignitas humana; pero, de igual manera, ha engendrado su miseria. Por una parte, somos capaces de formular preguntas primordiales; pero, por otra, es imposible que, para dichas preguntas, lleguemos a una respuesta absoluta, lo cual genera incertidumbre.
Dicha incertidumbre fue definida ─ ¿de forma perfecta? ─ por Sócrates, con la famosa frase que señala: “solo sé que no sé nada”. Esta condición del pensamiento ha sido estudiada por diversos filósofos, entre los cuales se encuentra F. W. J. Schelling, quien se caracteriza por considerar que dicha situación es la creadora de la tristeza. O, como George Steiner precisa, una (posible) razón para la tristeza del pensamiento.
Para Schelling, la tristeza es inherente a toda vida finita. De ella proviene el velo de pesadumbre que cubre la naturaleza, así como la profunda e indestructible melancolía. Por otra parte —de modo dialéctico—, señala que ésta se encuentra al servicio de “la eterna alegría”. Por esa razón “La alegría ha de contener el dolor, el dolor ha de transfigurarse en alegría” (Schelling; 1989; p. 263).
Esta subordinación, de acuerdo con Schelling, se corresponde con la del bien y el mal, pues sin el mal el bien se adormece. Y al igual que el mal, la tristeza no es un fin, sino un medio para el despertar de la vida (Schelling; 1989; p. 265). De esta manera, quien carece de tristeza carecerá también de alegría. Pero, por otra parte, ¿cómo es que nace esa tristeza que pretende ser inherente a toda vida?
Basándonos en las Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana y los objetos con ella relacionados, cuando Schelling analiza la libertad “divina” de Dios en comparación con la libertad humana, concluye que para Dios —quien posee un entendimiento perfecto, por cuanto es sabiduría originaria y primordial— no hay más que un mundo posible, “del mismo modo que solo hay un Dios” (Schelling; 1989; p. 263); mientras que el ser humano se encuentra sujeto a elegir entre posibles.
La imperfección o, en otras palabras, la libertad de elegir entre posibles hace que la personalidad y la “mismidad” del ser humano “nunca puedan elevarse a acto perfecto” (Schelling; 1989; p. 263). Y así es como nace la tristeza que se extiende sobre la naturaleza y que ha cautivado a poetas, músicos, filósofos y adolescentes, incluido el joven Werther, de quien J.·W. Goetheescribió sus penas.
Conforme a lo señalado, en seguimiento de las proposiciones hechas por Schelling en sus Investigaciones filosóficas, la tristeza del pensamiento nace de su imperfección. Pues —a diferencia del pensamiento perfecto de Dios, “quien solo puede querer una única cosa” (Schelling, 1989; p. 261)—, el ser humano se encuentra sujeto a la posibilidad y, por lo tanto, a la incertidumbre del pensamiento.
Esta exposición conceptual, en la cual la libertad de elegir entre posibles puede resultar en “una infinitud de posibilidades” (Schelling, 1989; p. 261) para el pensamiento, es retomada por George Steiner en Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento, quien señala —en seguimiento de Schelling— como primer (posible) motivo para la tristeza del pensamiento el hecho de que éste sea ilimitado.
Para George Steiner, el pensamiento es un proceso fisiológico que no se detiene, pues, como escribe, “No está claro en modo alguno que podamos estar sin pensamiento” (2020; p. 13). Es, de igual manera, ilimitado pues “Hasta donde sabemos, hasta donde podemos ‘pensar el pensamiento’…, el pensamiento es ilimitado” (Steiner, 2020; p. 15). El cual “puede vagar libremente por toda la gama de posibilidades” (Steiner, 2020; pp. 17-18).
No obstante, de forma contradictoria, esta “infinitud” es incompleta, por cuanto tiene como demarcación lo impensable (Steiner, 2020; p. 15). O, en otras palabras, el pensamiento ilimitado es ilimitado dentro de los límites del pensamiento. Límites que son la primera (posible) causa de la tristeza del pensamiento. Pues, así como el pensamiento es imperfecto o incompleto, lo es también nuestro conocimiento y nuestra sabiduría.
En ese sentido, en el análisis de George Steiner, la incertidumbre del pensamiento va más allá de éste y se extiende a toda actividad intelectual humana. Conforme a lo cual determina que:
La infinitud del pensamiento es también una ‘infinitud incompleta’. Está sometida a una contradicción interna para la que no puede haber ninguna solución. Nunca sabremos hasta dónde llega el pensamiento en relación con el conjunto de la realidad. No sabemos si lo que parece indefinido no es, en realidad, ridículamente estrecho e irrelevante. ¿Quién puede decirnos si buena parte de nuestra racionalidad, de nuestro análisis y de nuestra organizada percepción no se compone de ficciones pueriles? ¿Durante cuánto tiempo, para cuántos millones de personas fue plana la Tierra? (Steiner, 2020; pp. 18-19).
De esta manera, la contradicción, la ambigüedad y la incertidumbre son inherentes “a todos los actos del pensamiento, a todas las conceptualizaciones e intuiciones” (Steiner, 2020; p. 19). Así como lo es la tristeza y si no lo creen: “Escuchad atentamente el tumulto del pensamiento y oiréis, en su centro inviolado, duda y frustración” (Steiner, 2020; pp. 19-20). No obstante, como señala Schelling, de igual manera es inherente al pensamiento humano la eterna alegría, así como la certeza del amor. Todos ellos opuestos necesarios, pues solo en su equilibrio orgánico puede encontrarse la virtud.
Bibliografía consultada:
Schelling, F.W.J. (1989). Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana y los objetos con ella relacionados. Anthropos.
Steiner, George (2020). Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. Fondo de Cultura Económica.
