Mensaje en una botella para Virgilio Piñera

Virgilio, cabrón:

Teniendo en cuenta la maldita circunstancia del agua por todas partes, esta porquería de carta va flotando en una botella de ron barato, la misma que vacié anoche mientras te escribía. Tú lo sabes mejor que nadie: aquí el mar está podrido. Las olas escupen residuos y los peces se ahogan en agua mezclada con las lágrimas de los que ya no pueden llorar.

¿Te acuerdas cuando te tacharon de «degenerado» por decir lo que todos callaban? Pues aquí estoy, Virgilio, repitiendo tu historia con un sabor a derrota que duele hasta el tuétano. Me dicen que mi realismo «huele a cloacas», que mi lenguaje es vulgar, que mis personajes son «putas y borrachos sin dignidad».

Tú escribiste desde el frío de los inviernos habaneros que te congelaba los cojones. Yo escribo desde el calor de una provincia oriental, con un ventilador to’ despingao que no gira, y una hija de cuatro años que no entiende por qué no hay leche para desayunar. ¿Ves? Esto está bien jodido, y casi nadie quiere hablar de la situación. No quieren hablar de las carencias, del calor asfixiante o de las putas y de los travestis que se venden en los parques o de los que ofrecen servicios sexuales por las redes sociales. Se sigue prefiriendo el silencio al grito de los hijos de puta que nos atrevemos a decir «aquí hay mierda, coño, y huele mal».

A veces pienso que tu fantasma me observa desde algún rincón de este caluroso infierno caribeño. Que te ríes mientras me esquivan en las tertulias, mientras me cierran las puertas de las editoriales como si fuera un perro pulgoso. «Aguanta, coño, no seas pendejo», me pareció escuchar la otra noche; ni sé si era tu voz, pero eso creí. Entonces desperté bañado en sudor y con los mosquitos dándose un banquete sobre mi piel. Pero yo no tengo tu elegancia, Virgilio, yo escupo la bilis sobre mis páginas.

¿Sabes lo único que me queda? Esta cabrona terquedad, o este instinto suicida. No sé definir qué cosa es. Supongo que es terquedad, porque mientras malvivo sigo intentando malograr versos. Porque aquí, como en tu época, escribir es tratar de resingar al que te resinga. Es cagarse sobre la tumba de los que quieren enterrarte vivo.

Si esta botella llega a tus manos, quiero que sepas que seguiré escribiendo, porque esto que escribo no es literatura, Virgilio, ellos tienen razón: esto es una patada en los mismísimos cojones del arte, algo así escribió Henry Miller.

Publicado por Paradigma

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